¿Ser o hacer? Esa es la cuestión.

Compartí las noticias de Palermo

Por Gonzalo Pereyra Saenz, autor de ‘Mente plena, corazón contento’, ed. Albatros.

Es fácil advertir que actualmente nos desenvolvemos en un mundo en el que se premia la hiperproductividad: el éxito es sinónimo de movimiento, la multitarea y la excesiva preocupación laboral son características que cotizan muy bien en el mercado empresarial, la permanente carrera del hacer mantiene a las personas de un lado hacia otro, y todos debemos estar colmados de objetivos, metas, actividades, planes y quehaceres. En este contexto social, el silencio, la calma y la quietud pueden ser mal vistas si no se justifican desde las horas de descanso o el esparcimiento.

Mindfulness, por el contrario, nos invita a cultivar la capacidad del no hacer, que al mismo tiempo es hacerlo todo, tal como lo describe el mismo Jon Kabat-Zinn. El no hacer, o mejor dicho, el modo ser, puede ser visto como una forma de funcionamiento mental alternativa al modo
hacer, y que nos servirá ante muchas circunstancias vitales. Tal vez aprendimos a creer que siendo grandes hacedores nos alcanzaría para lograr el éxito, y por ello nos olvidamos de desarrollar esa parte de nosotros que se fundamenta en el ser/no hacer.

El funcionamiento en modo hacer no es el único que debemos activar ante los acontecimientos de la vida con los que nos enfrentamos, es igual de importante que aprendamos a desarrollar el modo ser.

Recuerdo cuando un paciente que es experto en Administración y vendedor de préstamos me dijo: «No estoy pudiendo relacionarme con ninguna mujer y me pone triste. Las estadísticas deberían apoyarme, porque ya probé con varias. Intento hacer lo necesario para concretar una relación y vincularme pero no me resulta». Hice comprender a esta persona que debía cambiar su marcha mental, alternando el modo hacer por el modo ser. Me había dado la sensación de que pretendía abordar un problema relacionado con sus emociones y su interior de la misma manera en que realizaba su ejercicio profesional: actuando para alcanzar objetivos según términos estadísticos.
Es que el modo hacer funciona de una manera particular: cuando notamos que existe una diferencia entre el lugar en el que estamos, y el que queremos estar, nuestra mente emprende una acción para anular esa diferencia. Supongamos que deseamos ganar cierta cantidad de dinero, y sabemos que para lograrlo debemos trabajar X cantidad de horas, pues bien, la mente iniciará una acción específica que nos permita cubrir las horas necesarias para ganar el dinero que deseamos.

El problema radica en que, cuando se trata de aspectos internos y emocionales, el modo hacer puede sernos de poca ayuda, o incluso ocasionarnos mayores pesares. A veces, aceptarnos como ya estamos puede ser el punto de partida para generar un cambio positivo en nuestras vidas.

El ‘Modo ser’ ó Mindful

• Es intencional, no automático. Esto significa que podemos elegir qué es lo que tenemos que hacer a continuación en vez de atenernos a nuestras rutinas instaladas. De este modo, podemos ver las cosas como si fuera la primera vez.

• Nos conecta con la vida directamente. La sentimos, la experimentamos, la conocemos íntimamente porque mantenemos con ella una estrecha relación. Disfrutamos la riqueza y las maravillas, siempre cambiantes, de la experiencia vital.

• Está centrado en el presente. La mente está abierta a todo lo que el universo pueda ofrecer. Podemos tener pensamientos sobre el futuro y recuerdos sobre el pasado, pero los experimentamos como parte de nuestra experiencia en el presente.

• Propone acercarse a todas las experiencias. Se trata de un interés y una curiosidad natural por todas las experiencias, tanto si nos resultan placenteras, como poco gratas o indiferentes.

• Requiere aceptar que las cosas sean como ya lo son. Propicia una actitud de “aceptarnos” a nosotros mismos y a nuestra experiencia. No hay necesidad de que la experiencia se ajuste a nuestras ideas de cómo debería ser. Podemos sentirnos contentos con nuestras experiencias aunque no nos resulten agradables.

• Consiste en comprender que los pensamientos son fenómenos mentales. Cuando vemos los pensamientos como lo que son: procesos mentales pasajeros, experimentamos los pensamientos como parte del flujo de la vida. Entran y salen de nuestra mente como las sensaciones, los sonidos, los sentimientos, etc.

• Plantea considerar necesidades más amplias. Podemos equilibrar nuestros objetivos con una afectuosa y compasiva preocupación por el bienestar propio y ajeno. Valoramos la calidad del momento, en vez de centrarnos únicamente en el lejano objetivo que imaginamos
El objetivo ideal será encontrar un equilibrio entre el modo ser y el modo hacer. En un contexto sociocultural en el que se prioriza la acción orientada a conseguir objetivos materiales, la práctica de la meditación será un poderoso antídoto que nos mantendrá alejados del estrés y el vacío. Si verdaderamente pretendemos encarar nuestra salud como algo relevante y tenemos en cuenta que la vida son solo momentos, es hora de comenzar a entrenar nuestro cerebro en el arte de la contemplación consciente. Poder acercarnos a cualquier experiencia cotidiana con ojos de niños (como si fuese algo nuevo), conectando desde los sentidos, aceptándola tal como es, y con toda nuestra conciencia puesta en ella, es algo que inevitablemente cambiará nuestra manera de transitar por la vida, haciéndonos sentir más equilibrados, completos y armoniosos.