En Alejandro María de Aguado 2870, entre los árboles y las calles curvas de Palermo Chico, se levanta una residencia de 1912 proyectada desde París por René Sergent y construida por Eduardo María Lanús y Paul Hary. Su fachada premiada, la mansarda, las columnas corintias y el acceso de carruajes pueden observarse desde la vereda. Desde 1958 es la sede de la Embajada de Polonia en la Argentina.

Hay edificios que se imponen por su tamaño y otros que conquistan por su armonía. El Palacio Lanús pertenece al segundo grupo. No necesita una torre ni una cúpula desmesurada: detrás de una reja sobria, rodeado por los árboles de Barrio Parque, conserva la elegancia silenciosa de las grandes residencias francesas construidas en Buenos Aires a comienzos del siglo XX.

Actualmente funciona allí la Embajada de la República de Polonia. La dirección oficial es Alejandro María de Aguado 2870, en Palermo Chico, y también alberga la sección consular. No es un museo ni un atractivo de ingreso libre. Su interés turístico habitual está en el exterior, que permite leer buena parte de su arquitectura desde la vía pública. Las aperturas del interior realizadas en otras épocas fueron acontecimientos excepcionales, con inscripción y cupos limitados.
Una casa proyectada en París y construida en Buenos Aires
El palacio fue levantado en 1912 como residencia de Eduardo María Lanús, quien vivió allí con su esposa y sus dos hijos. Lanús no fue solamente el propietario: también participó de la adaptación y dirección del proyecto junto con su socio, el arquitecto francoargentino Paul Hary, conocido asimismo como Pablo Hary.

Los planos originales fueron realizados por René Sergent, uno de los grandes arquitectos franceses del clasicismo de comienzos del siglo XX. Sergent nunca viajó a Buenos Aires. Trabajaba desde Francia y confiaba la ejecución local a estudios capaces de interpretar sus dibujos, resolver los sistemas constructivos disponibles en el país y coordinar los componentes nacionales con los materiales importados.

La asociación entre Sergent, Lanús y Hary fue una de las más fértiles de la arquitectura porteña. De esa relación también surgieron el Palacio Bosch —actual residencia oficial del embajador de Estados Unidos— y el Palacio Errázuriz Alvear, donde funciona el Museo Nacional de Arte Decorativo.

Era una arquitectura internacional antes de que la palabra “globalización” se volviera una muletilla: el diseño viajaba en barco desde París, los arquitectos locales corregían y adaptaban, los materiales cruzaban el Atlántico y los artesanos completaban en Buenos Aires una obra pensada a miles de kilómetros.
Eduardo María Lanús y Paul Hary

Eduardo María Lanús se formó en la Escuela de Bellas Artes de París. Paul Hary, nacido en Francia y radicado en la Argentina, estudió en la Academia Real de Bellas Artes de Bruselas. Ambos desarrollaron una extensa producción en el país y se especializaron en edificios institucionales y residencias para las familias de mayores recursos.

No eran simples ejecutores de Sergent. Su tarea consistía en traducir el proyecto europeo a las condiciones porteñas: clima, mano de obra, técnicas, reglamentos y disponibilidad de materiales. Esa adaptación explica por qué el Palacio Lanús tiene una innegable raíz parisina sin parecer una pieza extranjera depositada por accidente en Buenos Aires.

La fachada recibió un premio de la Ciudad de Buenos Aires en 1915. La distinción todavía se recuerda mediante una placa colocada en el frente. Más de un siglo después, el edificio mantiene una composición coherente, sin la acumulación de agregados desordenados que arruinó tantas residencias de la misma época.

Por qué se llama Palacio Lanús
El nombre no guarda relación directa con la ciudad o el partido bonaerense de Lanús. Proviene de Eduardo María Lanús, su propietario, arquitecto y primer habitante.

Después de que la familia dejó la casa, el edificio tuvo un período de uso hotelero. Las fuentes de historia arquitectónica sitúan la compra por parte del Estado polaco hacia 1957, mientras que la cronología oficial de la representación diplomática señala que funciona como casa de la diplomacia polaca desde 1958.

Desde entonces, el antiguo hogar familiar se transformó en sede de embajada, escenario de encuentros oficiales, actos culturales, recepciones y actividades destinadas a difundir la historia y la cultura de Polonia.
Qué estilo tiene el Palacio Lanús

La definición más precisa es arquitectura ecléctica con predominio del clasicismo francés. El eclecticismo permitía seleccionar y combinar elementos de diferentes tradiciones históricas, pero aquí la mezcla está sometida a una composición ordenada y rigurosa.

El frente se organiza mediante ejes, proporciones equilibradas y una clara jerarquía entre basamento, cuerpo principal y remate. Las columnas corintias aportan verticalidad y solemnidad; las balaustradas de hierro forjado alivian la masa de la fachada; y la cubierta de mansarda completa la silueta típicamente francesa.

La mansarda no es solamente un adorno. Este tipo de cubierta quebrada permite aprovechar el nivel superior sin convertirlo visualmente en un piso convencional. Fue una solución muy utilizada en París y adoptada por la arquitectura académica porteña.

El palacio se desarrolla en tres plantas, además de sótano y ático. Delante de la entrada se conserva el antiguo recorrido vehicular, heredero del acceso de carruajes. La reja posee dos portones: uno correspondía al ingreso y el otro a la salida. El automóvil reemplazó al coche tirado por caballos, pero el rito espacial sobrevivió.
Qué puede observarse desde la vereda

La fachada merece una mirada lenta. Conviene alejarse unos metros para entender la composición completa y luego aproximarse para reconocer sus piezas.
Desde el espacio público se pueden observar:
- La simetría general del frente.
- Las columnas de orden corintio, reconocibles por sus capiteles ornamentados.
- Las balaustradas y rejas de hierro trabajado.
- La cubierta de mansarda, que recorta el edificio sobre las copas de los árboles.
- El doble portón del antiguo circuito de carruajes.
- La placa que recuerda el premio municipal de 1915.
- El pedestal y el busto de Ignacy Jan Paderewski.
- Las exposiciones culturales que la Embajada instala periódicamente sobre su reja.
- La relación entre el palacio, el jardín delantero y la vegetación de Palermo Chico.
No todo se descubre en una fotografía frontal. Hay que mirar cómo los árboles filtran la fachada, cómo la reja marca un límite sin ocultar completamente el edificio y cómo la mansarda aparece y desaparece entre las ramas. La arquitectura de Barrio Parque fue pensada para dialogar con el paisaje.
Paderewski, el músico que también fue estadista
A la izquierda del edificio se encuentra el busto de Ignacy Jan Paderewski, inaugurado en 2018, cuando se cumplió el centenario de la recuperación de la independencia polaca. La obra pertenece al escultor Jorge Bianchi, descendiente de inmigrantes polacos.
Paderewski fue pianista, compositor, diplomático y primer ministro de Polonia. Su presencia frente al palacio resume la función actual del edificio: arte y política, cultura y representación estatal.
La reja exterior también funciona como soporte de muestras temporarias. De ese modo, aun cuando el palacio permanece cerrado al visitante común, parte de la actividad cultural sale a la calle.
Un interior de mármoles, madera y luz tenue
Aunque el interior no puede verse durante una recorrida ordinaria desde la vereda, su descripción oficial permite reconstruir la riqueza de la casa.
En el salón ovalado se combinan el mármol blanco de Carrara y el mármol rojo de Bilbao, iluminados por lámparas de techo originales. La planta baja reúne los ambientes de representación: salones de recepción, cuarto de música, biblioteca y comedor.
El comedor está revestido con paneles de roble. En sus paredes aparecen retratos de monarcas vinculados con la historia polaca: Henryk III Walezy, Jan II Kazimierz Waza y Stanisław August Poniatowski. Los pisos alternan mármol y madera; las molduras, ornamentos y carpinterías completan una atmósfera ceremonial, pero sin perder la escala doméstica de la residencia original.
El edificio conserva además su ascensor histórico, que comunica el sótano con el ático. Es una pieza técnica y, al mismo tiempo, un pequeño túnel temporal: el mecanismo que servía a una familia porteña de principios del siglo XX continúa formando parte de una sede diplomática del siglo XXI.
Hacia el fondo se desarrolla un jardín de inspiración francesa. Desde la galería sostenida por columnas, el verde funciona como prolongación de los salones. En las grandes residencias de este período, el jardín no era el sobrante del terreno: era otra habitación, pero a cielo abierto.
Pájaros, gatos y embajadas
El Palacio Lanús forma parte de un paisaje urbano excepcional. Barrio Parque fue trazado por Carlos Thays con calles curvas, plazoletas, perspectivas cambiantes y abundante vegetación. El objetivo era evitar la rigidez de la cuadrícula porteña y crear un sector residencial con la apariencia de un jardín.
En pocas manzanas se concentran residencias y representaciones de Bélgica, Italia, Uruguay, España, Arabia Saudita e Indonesia, entre otros países. La diplomacia encontró allí algo difícil de conseguir en el centro de Buenos Aires: edificios de escala institucional, jardines propios, cierta distancia de la calle y un entorno de baja altura.
La calle Aguado resume ese mundo. En su breve recorrido atraviesa plazas y enlaza palacios, embajadas y casas particulares. Hay momentos en que el canto de los pájaros se escucha por encima del tránsito. Y donde hay jardines, muros tibios y silencio, los gatos nunca tardan en asumir el cargo de inspectores honorarios del barrio.





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Guía para una visita exterior
Dirección: Alejandro María de Aguado 2870, Palermo Chico, Ciudad de Buenos Aires.
Uso actual: Embajada de la República de Polonia y sección consular.
Modalidad turística habitual: observación desde la vía pública. No es un museo ni posee ingreso turístico permanente.
Tiempo sugerido: entre 15 y 20 minutos para observar la fachada y sus detalles.
Mejor condición: realizar la recorrida con luz diurna y sin obstaculizar el ingreso diplomático ni la circulación peatonal.
Las fotografías deben tomarse exclusivamente desde el espacio público, sin apuntar hacia sectores privados no visibles naturalmente y respetando cualquier indicación del personal de seguridad.
Una residencia argentina que aprendió a hablar polaco
El Palacio Lanús nació como casa familiar, tuvo un período hotelero y terminó convertido en territorio diplomático. En sus piedras conviven la ambición de la Argentina del Centenario, la tradición académica francesa y la historia contemporánea de Polonia.
No es una copia servil de París. Es el resultado de una conversación entre tres arquitectos, dos continentes y una ciudad que entonces soñaba con presentarse ante el mundo vestida de gala.
Más de cien años después, la casa sigue cumpliendo una función de representación. Cambiaron los habitantes, los carruajes fueron reemplazados por automóviles y la vida diplomática adquirió otros rituales. Pero las columnas, los mármoles, la mansarda y el jardín continúan contando la misma historia.
¿Cuántos peatones pasan por Aguado sin levantar la mirada? ¿Cuántos otros palacios de Palermo Chico conservan ascensores, jardines y salones centenarios detrás de sus rejas? ¿Y por qué Buenos Aires todavía no ha convertido este extraordinario conjunto diplomático en un circuito arquitectónico mejor identificado?
Palermo Tour
Fuentes consultadas: Embajada de la República de Polonia, información oficial de contacto, Cancillería argentina y antecedentes de la apertura cultural publicados por Clarín.