Paseo de la Infanta.

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Paseo de la Infanta.

Tuvo su momento de esplendor, su minuto trágico y sus años de decadencia, pero ahora podría renacer. Con obras del Gobierno porteño y locales comerciales autorizados por la Nación, el Paseo de la Infanta volvería a convertirse en un polo gastronómico y un centro de atracción en Palermo. Sin embargo, parte del proyecto continua despertando la queja de vecinos.

Por un lado, el Gobierno porteño  construyó la Plaza de la Shoá, un espacio para recordar el Holocausto que serve también para recuperar el espacio público del Paseo. Por otra parte, en su momento el  Gobierno nacional autorizó a una empresa privada a instalar bares, restoranes y otros locales.

El Paseo de la Infanta tuvo su apogeo en la década del 90, cuando varios bares, restoranes y boliches abrieron sus puertas en los arcos que quedan debajo del puente del ferrocarril Mitre. Allí, en la construcción que va entre Libertador y Freyre, cada fin de semana cientos de personas copaban el lugar.

Pero el 5 de febrero de 1996 ocurrió lo peor: Marcela Iglesias, una nena de seis años que caminaba por la zona, murió aplastada por una escultura  de una «casa trucha de arte» y de un escultor  de los más inútil que cayó por el viento.

A partir de ese momento, y sumada la mala situación económica de finales de los 90, el Paseo de la Infanta cayó en la decadencia. Luego, entre 2003 y 2009, hubo una traba judicial para validar un convenio entre la concesionaria de los arcos, la firma Panter, y el Estado nacional, dueño de la construcción. La concesión venció en abril de 2009 y fue renovada hasta principios de este año. Pero entonces la Nación prorrogó la autorización a Panter para la explotación comercial hasta 2020, lo que permitió que la empresa se decidiera a invertir para crear un polo gastronómico, donde, según trascendió, se instalarían locales de importantes cadenas internacionales. Años después en el 2019 nos enteramos que todo fue re trucho.

Entre todas estas idas y vueltas, los arcos quedaron abandonados , y hasta se convirtieron en refugio nocturno de indigentes. Para colmo, entre octubre de 2006 y marzo de 2007, el Gobierno porteño autorizó a seis líneas de colectivos a utilizar el espacio libre del Paseo como terminal transitoria , con la curiosa explicación que lo hacía para desalojar a una mafia que había ocupado el lugar y cobraba por estacionar autos sin autorización. Esa decisión motivó varias denuncias vecinales y hasta recursos judiciales, hasta que la Ciudad le ordenó a los colectivos mudarse a otro sector de los bosques de Palermo.

Pero la instalación del nuevo polo gastronómico tampoco está exento de polémicas. La Asociación de Amigos del Lago de Palermo y vecinos de la zona denunciaron que los arcos están dentro del Parque Tres de Febrero, que es un área de protección histórica, y que por lo tanto allí no se pueden habilitar locales comerciales sino espacios de utilidad pública.

“Plaza de la Shoá”

A mi derecha, un cartel amarillo dice “Plaza de la Shoá”, que significa “el Holocausto” en hebreo. Un muro de piedras me deja muda: 114 exactamente, con la huella de objetos tan cotidianos como patines, pantalones o bicicletas.

Es que, como aseguran sus autores, Gustavo Nielsen y Sebastián Marsiglia, el monumento habla de personas comunes, como nosotros, que dejaron de existir a causa de castigos atroces. En esa pared de hormigón, 85 bloques están dedicados a la memoria de las victimas del atentado a la Embajada de Israel (1992) y 29, a las de la Amia (1994).









A pocos metros, sobre la Av. Bullrich, se asoman las torres de la mezquita islámica. Sonrío. Porque en un rincón de mi ciudad, árabes y judíos logran convivir en paz. Y eso, también merece un monumento.

Marcela Iglesias… Gastronomía: Debajo de las vías del ferrocarril San Martín

Debajo de las vías del ferrocarril San Martín, se despliegan los emblemáticos arcos de los Bosques de Palermo: la pasarela del polo foodie porteño que hoy está en auge y que en 2012 le devolvió las luces a un paseo abandonado desde 1996 a causa del accidente que acabó con la vida de una niña. En homenaje a ella, hoy el paseo lleva su nombre: Marcela Iglesias.

Los 200 metros de terrazas repletas de sillitas invitan a degustar una tarde de sol, deporte, aire libre y relax. ¡Es hora de almorzar! Entonces, me pierdo en un desfile de hamburguesas con queso cheddar derretido, crocantes choris gourmet, rolls de sushi exóticos, imperdibles ribs ahumadas, pizzas a las brasas, helados en palito con múltiples formas, crepes rebalsados de dulce de leche y Nutella, bagels de salmón, noodles veggies y jugos detox. También diviso un gym de Crossfit. ¡Hay para todos los gustos! Y en el aire suena buena música: un DJ está tocando en vivo, mientras las pintas de cerveza artesanal van pasando de mano en mano.

Debido a sus variadas propuestas, este es un paseo que merece ser recorrido a toda hora. La mañana es la elegida por los runners, patinadores o ciclistas; la tarde, por aquellos que huyen de la oficina para almorzar rico y en calma; la tardecita, la preferida por los amantes de la buena coctelería; y la noche, la imperdible para los que buscan diversión descontracturada entre amigos, terrazas y cerveza bien fría.

Es que sentarse bajo los arcos de Palermo es algo así como estar de vacaciones, sin estar de vacaciones. Y esa es, sin duda, la mejor propuesta del polo foodie que ya conquistó a los porteños.

Rosa

Cruzo el parque por un puente de arquitectura helénica. La retina se tiñe de mil colores. El aire se perfuma. Y frente a ese inmenso jardín (3,4 hectáreas), al estilo del Bois de Boulogne de París o el Hayde Park de Londres, me convierto en la protagonista de un película de época.

Rosedal

Rosedal: Una colección de 18.000 rosas, rodeadas de lagos, con grandes fuentes rectangulares, un patio andaluz, glorietas sobre senderos, pérgolas, un embarcadero, aves, arcos de cipreses y mucha historia.

Parte del Rosedal ocupa un espacio que perteneció a la quinta del ex gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, hasta 1852, cuando fue derrocado. Entonces, el ex presidente Sarmiento expropió la hacienda y en 1875, se inauguró el primer parque público de la ciudad: el Parque Tres de Febrero.

Los paisajistas Benito Carrasco, Eugenio Carrasco y León Thays

Fue diseñado por los paisajistas Benito Carrasco, Eugenio Carrasco y León Thays, también autor del Botánico, el Parque Lezama y el Parque Avellaneda, entre otros. Allí funcionaba una confitería, donde solían celebrarse fiestas de beneficencia y reunirse importantes familias de la época. Y en honor a la visita de la Infanta Isabel de Borbón, el paseo pasó a llamarse Paseo de la Infanta.

Debajo de una glorieta, me encuentro con el Patio Andaluz, regalo del Ayuntamiento de Sevilla a la ciudad de Buenos Aires, inaugurado en 1929. En el centro, una fuente de mayólicas expulsa chorros de agua. Y en los bancos que rodean el patio, leo fragmentos del Quijote de la Mancha.

El Jardín de los Poetas. Dieciséis bustos forman un semicírculo. Y frente a William Shakespeare, Dante Alighieri, Alfonsina Storni, Jorge Luis Borges, Antonio Machado y Gabriel García Márquez, entre otros de los más grandes escritores de la historia, siento una brisa de libertad.

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