El vecino Jorge Luis de la calle Borges: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga

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«La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga» puede leerse en la placa que homenajea al gran escritor Jorge Luis Borges en su «Fundación Mítica de Buenos Aires».

Es la esquina de Guatemala y la calle que dejó hace algunos años de ser Serrano para llevar el nombre del gran escritor. Allí en Palermo, donde las modernas casas de diseño se mezclan hoy con sofisticados bares y paseos turísticos sobrevive la figura de Borges, quien vivió allí su infancia en una de las antiguas casonas que hoy ya no están.

Es por eso que desde el ente de turismo porteño realizan ya desde hace un tiempo el paseo «Barrio de guapos y escritores» que permite conocer la relación que tuvo y tiene el gran escritor con este querido barrio de la Ciudad.
«Es un circuito que ya tiene varios años pero que se renueva siempre por todo lo que ofrece la figura de Borges, siempre hay algo nuevo sobre él», señala a La Prensa el guía del ente de turismo Mariano Pini, quien junto con Andrés Monteiro realizan el recorrido.

El paseo comienza con los primeros años del escritor. «Vivía en una casa que lamentablemente se tiró abajo. Son tiempos de gran presencia de su madre Leonor y de su abuela, que era inglesa y le enseñó el idioma inglés que tanto lo marcaría», afirma Pini. El guía señala que siendo un niño el autor de El Aleph ya manejaba el idioma tan bien que tradujo a Oscar Wilde.

Pini agrega que Borges no era un chico de andar mucho por las calles de Palermo. «Se dice que mucho de lo que describió lo inventó. No lo dejaban salir demasiado. Es en las figuras de Mario Bravo y Evaristo Carriego donde va a conocer más el mundo del arrabal, de los compadritos y cuchilleros»».

OTRO BARRIO
El Palermo que habitó Borges dista mucho del que se ve hoy. «Era un típico barrio de inmigrantes. Tenía sus casas tipo chorizo con el baño al final, grandes arboledas y centros con palmeras». Recuerda Pini que aquel barrio se ubicaba en las afueras. «Había solo casas bajas y almacenes en las esquinas. Lo llamaban Tierra del Fuego. Sobrevivían payadores y guitarreros».

Para el guía ese mundo arrabalero, de los márgenes lo fascinó y lo marcó a futuro. «Ya de más grande elige otro barrio de ese estilo para sus paseos, Constitución».
Palermo fue también el barrio que lo inició en la lectura, en esa gran casona familiar. «Allí cuenta estaba esa gran biblioteca de su padre. El se tiraba en la piel de Tigre que había conseguido su papá y leía todos los clásicos».

El recorrido se detiene en el bar «El Preferido» frente a la manzana mítica, la casa rosada como define el poema. «Se habla de diferentes fundaciones de la Ciudad, en la Boca, Parque Lezama, así que Borges hizo la suya».
En ese punto del recorrido los guías hablan de los primeros libros del gran escritor: Fervor de Buenos Aires, Cuaderno San Martín. También de sus viajes a España y su relación con la escuela poética del ultraísmo.
Al pasar por la placa de bronce de la fundación mítica los asistentes a la visita podrán conocer sobre la relación de Borges con otros grandes amigos escritores: Leopoldo Lugones, Macedonio Fernández y Adolfo Bioy Casares.
Otra parada es frente al Club Unión de los Polacos en Borges 2076. «Tenía una linda relación con el pueblo polaco. El recorrido lo amenizamos con textos de Borges, siempre enseñan algo».

TANGO Y CORTAZAR
Frente al mural a Carlos Gardel se hace otra parada para hablar de la relación de Borges con el tango. «No le gustaba mucho Gardel. Su gran relación fue con Piazzolla con quien llegó a grabar un disco con la voz de Edmundo Rivero», expresa Pini.

Un mural en la esquina de Borges y Russell donde aparece el escritor tomando de una copa sirve para hablar de los últimos libros de Borges. También se hace una parada en el Teatro Ciego en Borges 1974. «La ceguera fue para el escritor otro gran tema. Ha llegado a disertar en una conferencia una hora sobre su ceguera», afirma el experto.
El paseo invita a detenerse también en la Plaza Cortázar, donde se narra el encuentro entre Borges y el autor de Rayuela. «En una entrevista contó Borges que llegó un joven con un manuscrito, del que ya no recordaba su cara. Era el cuento Casa Tomada».

«Lo increíble en Borges es que siendo tan tímido creó este mundo de fantasía, cuchilleros y malevos. Un mundo único. También uno se pregunta por qué amando tanto Buenos Aires se va a morir afuera», expresa Pini.