En la esquina de Jerónimo Salguero y Juan Francisco Seguí sobrevive uno de los espacios verdes más diminutos y menos conocidos de Palermo. Tiene apenas 490 metros cuadrados, lleva desde 1966 el nombre de un dramaturgo casi olvidado y conserva un mural creado para celebrar el bicentenario de la Universidad de Buenos Aires. Una parada breve que permite descubrir otra manera de recorrer la ciudad: caminando despacio y mirando aquello que casi todos pasan de largo.
En Palermo existen parques que se anuncian desde varias cuadras de distancia y plazoletas que parecen esconderse deliberadamente del mundo. La César Iglesias Paz pertenece a esta segunda especie. Aparece en la esquina de Salguero y Seguí como una pausa inesperada entre edificios, medianeras, automóviles y el tránsito que busca la avenida del Libertador.
No tiene lagos, monumentos monumentales ni senderos interminables. Su encanto está precisamente en la escala: es un pequeño jardín urbano con árboles, canteros, bancos y un gran mural que amplía visualmente el espacio. No exige una excursión de media jornada; pide apenas unos minutos y, a cambio, entrega una historia que une el derecho, el teatro argentino, la universidad pública y el arte callejero.
Una plazoleta de apenas 490 metros cuadrados
Aunque muchas personas la llaman plaza, su denominación oficial es plazoleta. La diferencia no es un capricho burocrático: se trata de un espacio verde muy reducido, nacido dentro de la trama consolidada de la ciudad y destinado fundamentalmente al descanso de cercanía.
Según la documentación de mantenimiento de los espacios verdes de la Comuna 14, el predio posee una superficie de 0,049 hectáreas, equivalentes a aproximadamente 490 metros cuadrados. De ese total, unos 270 metros cuadrados corresponden a superficie seca y alrededor de 220 a superficie verde. Es, literalmente, un pañuelo verde dentro de Palermo.
La plazoleta figura en el inventario porteño con el código B-EV-PZETA-00088 y está incorporada al sistema de mantenimiento de espacios verdes comunales. La planilla oficial correspondiente a abril de 2025 confirma tanto su ubicación como sus dimensiones.
Su pequeño tamaño explica por qué puede pasar inadvertida. Desde lejos parece formar parte de la vereda o del retiro de los edificios vecinos. Hay que acercarse, entrar en su escala y detener la marcha para comprender que allí existe un espacio público con nombre, historia y personalidad propia.
El nombre que recibió en 1966
La plazoleta fue denominada César Iglesias Paz mediante la Ordenanza Nº 21.894 de 1966, publicada en el Boletín Municipal Nº 12.961. Es importante hacer una distinción: la ordenanza documenta el otorgamiento del nombre, pero no necesariamente la fecha exacta en la que se construyeron sus canteros o se configuró físicamente el espacio.
El nomenclátor histórico de calles, plazas y barrios de Buenos Aires identifica a César Iglesias Paz como jurisconsulto y comediógrafo y consigna los años 1881 y 1922 para su nacimiento y fallecimiento. También menciona entre sus obras La conquista, El vuelo nupcial, La propia obra, El pecado original y Una deuda de dolor.
En los registros consultados no aparece una declaratoria patrimonial particular para la plazoleta como monumento histórico. Su valor reside en otra dimensión: forma parte del patrimonio cotidiano y de esa red de pequeños espacios públicos que permiten respirar dentro de una ciudad cada vez más construida.
¿Quién fue César Iglesias Paz?
César Iglesias Paz nació en Yeruá, Entre Ríos, en 1881, estudió Derecho y se convirtió en una figura singular de la cultura argentina de comienzos del siglo XX. Mientras desarrollaba su formación jurídica, encontró en el teatro el territorio desde el cual podía observar las relaciones familiares, los conflictos sentimentales y las costumbres de una sociedad que comenzaba a modernizarse.
Su vínculo con la vida universitaria fue temprano. En 1905 integró la primera comisión directiva del Centro de Estudiantes de Derecho, dentro de una generación que buscaba ampliar la representación estudiantil y promover actividades académicas y culturales. Una investigación publicada por la Facultad de Derecho de la UBA lo ubica, justamente, entre las figuras destacadas del campo de la cultura.
En 1906 presentó un trabajo titulado El problema social, en el que proponía una instancia de conciliación entre el individuo y la sociedad. Esa preocupación por los conflictos sociales y humanos también atravesaría su producción teatral.
Iglesias Paz escribió comedias y dramas durante un período decisivo para la escena nacional. Sus obras se inscribieron dentro del teatro costumbrista y de la denominada comedia moral, géneros que llevaban al escenario los códigos familiares, las convenciones sociales, el matrimonio, la posición de la mujer y las contradicciones de las clases acomodadas.
“La conquista”, su obra más recordada
Entre todas sus piezas, La conquista fue la que alcanzó mayor permanencia. Se estrenó en 1912 por la compañía española de José Balaguer y posteriormente ingresó al repertorio del teatro oficial argentino.
El 1º de abril de 1938, dieciséis años después de la muerte de su autor, la obra abrió la temporada del Teatro Nacional de Comedia, dirigido por Antonio Cunill Cabanellas. Permaneció en cartel hasta el 3 de mayo y reunió a intérpretes como Alberto Candeau, Iris Marga, Guillermo Battaglia y Miguel Faust Rocha. El archivo histórico del Teatro Nacional Cervantes conserva la ficha y fotografías de aquella producción.
La pieza regresó al Cervantes en 1946, presentada por el elenco del Teatro de los Bancarios. Aquel recorrido demuestra que Iglesias Paz no fue un autor marginal en su tiempo: formó parte del repertorio que ayudó a consolidar una dramaturgia argentina con personajes, discusiones y ambientes reconocibles para el público local.
Existe, sin embargo, una pequeña discrepancia bibliográfica. Mientras el nomenclátor de Buenos Aires y distintos catálogos literarios señalan 1881 como año de nacimiento, una referencia reproducida por el archivo del Cervantes indica 1876. Todas las fuentes coinciden, en cambio, en su origen entrerriano y en su fallecimiento durante 1922. Esa diferencia merece quedar asentada hasta que una documentación biográfica definitiva permita resolverla.
El mural que convirtió la pared en un bosque
Uno de los elementos que hoy define visualmente a la plazoleta es el mural realizado en 2021 por el Taller de Muralismo de la Facultad de Derecho de la UBA, como parte de las celebraciones por los 200 años de la Universidad de Buenos Aires.
La obra fue ideada y ejecutada por la artista y docente Zulma García Cuerva, coordinadora del taller, junto con Patricia Etchegoyen, María Laura Luchessi, David Chaves y Wilma Angles. La propuesta buscó representar una porción de los Bosques de Palermo como si la pared fuese un espejo capaz de prolongar el paisaje más allá de los límites físicos del terreno.
El efecto no es menor. En una plazoleta tan angosta, la pintura rompe visualmente la medianera y produce la ilusión de que los árboles continúan detrás del muro. El espacio parece ganar profundidad y conectarse con el gran sistema verde de Palermo, situado a pocos metros. La Facultad de Derecho documentó oficialmente la realización de la obra.
Durante 2025, estudiantes del Taller de Mural volvieron al lugar para trabajar en su restauración, según consta en el informe de gestión de la Facultad de Derecho. De esta manera, el mural no quedó reducido a una intervención pasajera: recibió nuevas tareas de conservación cuatro años después de su creación.
La polémica por los árboles pintados
La intervención de 2021 también provocó una controversia ambiental. En aquel momento, Palermonline publicó una carta de lectores que cuestionó que la pintura se extendiera sobre los troncos de árboles verdaderos, una práctica expresamente prohibida por la normativa porteña de arbolado público.
La denuncia citó el artículo 9 de la Ley 3263, que prohíbe dañar, cubrir o pintar fustes y ramas. El episodio mostró una contradicción bastante porteña: una obra pensada para celebrar el paisaje y la universidad pública terminó abriendo una discusión sobre cómo deben intervenirse y protegerse los árboles reales. La nota publicada por Palermonline en abril de 2021 forma parte de la memoria reciente del lugar y no debería borrarse del relato.
Conservar un mural es importante, pero cuidar los árboles vivos lo es todavía más. El arte urbano puede dialogar con la naturaleza sin utilizarla como una superficie descartable. Esa lección también quedó escrita —con pintura, debate y algo de papelón oficial— en la historia de la plazoleta.
Antes del bosque hubo superhéroes
La medianera de la plazoleta ya funcionaba como soporte artístico antes del mural del bicentenario. Fotografías tomadas alrededor de 2016 muestran una intervención completamente diferente: Batman extendía su mano hacia el Guasón en una parodia de La creación de Adán, la célebre escena pintada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.
Aquella imagen le había dado una identidad lúdica y popular a la esquina. El posterior mural de la UBA cambió el lenguaje visual: donde antes aparecían personajes del cómic, surgió un paisaje que intenta duplicar los Bosques de Palermo. Son distintas capas de una misma pared y de una ciudad que permanentemente pinta, borra y vuelve a pintar su memoria.
Una escala dentro del circuito verde de Palermo
La Plazoleta César Iglesias Paz se encuentra a una cuadra de la avenida del Libertador y muy cerca de Plaza Alemania. Por su ubicación, puede incorporarse fácilmente a una caminata que continúe hacia el Jardín Japonés, el Parque República Federal de Alemania, el MALBA, la Plaza Perú y los grandes parques de Palermo.
El paseo puede comenzar en Plaza Alemania, continuar por Seguí hasta Salguero y hacer una breve parada en la plazoleta para observar el mural. Desde allí se puede seguir hacia la avenida Figueroa Alcorta y el MALBA o regresar hacia Libertador y los parques. Es un recorrido ideal para quienes buscan arquitectura, arbolado, arte público y pequeñas historias barriales.
La visita es libre y no posee horarios ni entrada. Durante el día resulta apropiada para descansar, sacar fotografías o leer unos minutos. No ofrece baños públicos, juegos infantiles importantes ni servicios turísticos propios: es una escala urbana, no un parque recreativo.
Ficha para el visitante
Nombre: Plazoleta César Iglesias Paz.
Ubicación: Jerónimo Salguero y Juan Francisco Seguí.
Barrio: Palermo, Comuna 14, Ciudad de Buenos Aires.
Superficie aproximada: 490 metros cuadrados.
Denominación oficial: Ordenanza Nº 21.894 de 1966.
Acceso: público, libre y gratuito.
Qué observar: mural del bicentenario de la UBA, árboles, canteros y configuración del pequeño espacio urbano.
Tiempo sugerido: entre 10 y 20 minutos.
Lugares cercanos: Plaza Alemania, avenida del Libertador, Jardín Japonés, Plaza Perú, MALBA y Bosques de Palermo.
El turismo también consiste en mirar lo pequeño
La Plazoleta César Iglesias Paz no compite con el Rosedal ni con el Jardín Botánico. Tampoco lo necesita. Su valor está en recordar que una ciudad no se conoce solamente visitando sus grandes monumentos: también se comprende observando sus rincones mínimos, leyendo los nombres de sus carteles y preguntándose quiénes fueron las personas que allí quedaron recordadas.
En menos de quinientos metros cuadrados conviven un escritor entrerriano, la historia del teatro argentino, el nacimiento de la organización estudiantil de Derecho, un viejo mural de Batman, el bicentenario de la UBA y una controversia sobre la protección de los árboles. Parece demasiado para una plazoleta que muchos confunden con una vereda, pero Buenos Aires suele guardar sus mejores relatos en los lugares más chicos.
¿Cuántas veces pasamos por una esquina sin preguntarnos qué historia contiene? ¿Cuántos autores, artistas y vecinos siguen viviendo silenciosamente en los nombres de las plazas de Palermo? La próxima vez que camine por Salguero y Seguí, deténgase unos minutos: la plazoleta está ahí, pequeña y obstinada, esperando que alguien vuelva a mirarla.