Vaivenes de la literatura policial

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Es una pena que en la Argentina no se encuentren difundidas las obras policiales del escritor alemán Bernhard Schlink (1944). Sé se conoce su breve novela El lector (1995), en el cual el protagonista se entera por los diarios que la mujer adulta que en su adolescencia le hizo descubrir el sexo, está siendo procesada por su participación como guardiana en un campo de concentración nazi. También es valorada su colección de cuentos Amores en fuga (2002), del que sobresale El otro hombre por su planteo original: un reciente viudo descubre que su esposa lo engañaba, y decide citarse con el amante para conocerlo.
Gerhard Selb es el detective privado de setenta años que ejerció de juez durante el Tercer Reich y alrededor del cual gira dicho ciclo policial. Así, Schlink adopta los esquemas clásicos del enigma, cuya motivación principal es descubrir al culpable (p.e., Conan Doyle), y de la novela negra, más preocupada por los aspectos sociológicos que conducen al crimen (p.e., Chandler y Hammett). Como en estos tiempos el detective privado dejó de ser creible, dos de los mas destacados cultores del genero (el sueco Henning Mankell y el cubano Leonardo Padura) apuestan a la linea procedural en la cual el investigador es un miembro del cuerpo de policia. Para curarse en salud, Schlink hace decir a Selb que es uno de los últimos de su especie ya que la vida moderna los ha sacado de circulacion.