Fue construido a fines del siglo XIX como parte del paisaje del antiguo Jardín Zoológico de Buenos Aires. Su isla central, sus antiguos puentes y su relación con el desaparecido Zanjón de Rosas cuentan una historia poco conocida. El predio también conserva los lagos Azara y Darwin, 42 edificios históricos, nueve puentes y 27 obras de arte.

Dentro del actual Ecoparque de Buenos Aires, cerca del acceso de avenida del Libertador, se encuentra uno de los rincones patrimoniales menos conocidos de Palermo: el Lago Burmeister. Aunque parece una pequeña laguna natural, es un espejo de agua artificial construido durante la organización del antiguo Jardín Zoológico porteño.

Su origen se remonta a la gestión del médico y naturalista Eduardo Ladislao Holmberg, designado en 1888 para organizar el nuevo Zoológico. Holmberg proyectó las avenidas internas, los caminos, los recintos, los edificios y los lagos del paseo.
El Jardín Zoológico fue inaugurado oficialmente el 30 de octubre de 1888, pero sus obras continuaron durante los años siguientes. Por ese motivo, no existe una fecha independiente y completamente comprobada para la inauguración del Lago Burmeister. Las fuentes patrimoniales ubican su concepción dentro del plan general iniciado entre 1888 y 1889.

Un lugar con mucha historia
El Ecoparque ocupa las 16,7 hectáreas del antiguo Jardín Zoológico de Buenos Aires, que funcionó desde 1888 hasta su cierre en 2016. El conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997 por su extraordinario valor arquitectónico, artístico y paisajístico.

El predio reúne actualmente:
- 42 edificios históricos.
- Nueve puentes.
- Tres lagos: Azara, Darwin y Burmeister.
- 27 obras de arte, entre esculturas y monumentos.
- Fuentes ornamentales.
- Mástiles históricos.
- Ruinas de inspiración bizantina.
- Glorietas, pabellones y construcciones decorativas.
Esta concentración patrimonial no tiene equivalente dentro de la Ciudad de Buenos Aires, según destaca el propio Gobierno porteño.

Los edificios fueron levantados con estilos chino, hindú, morisco, grecorromano, egipcio y europeo. La idea de Holmberg era que los animales fueran presentados en construcciones relacionadas con sus regiones de procedencia.
Sin embargo, aquellas edificaciones no eran reproducciones científicamente exactas. Eran interpretaciones historicistas y pintoresquistas propias de fines del siglo XIX, cuando Europa y Buenos Aires imaginaban a Oriente, África y Asia como mundos lejanos y exóticos.


Cómo construyeron el Lago Burmeister
Los inventarios patrimoniales identifican al Burmeister como un lago artificial histórico. Por lo tanto, su forma no responde a una laguna natural preexistente.

Para construirlo fue necesario modelar y excavar el terreno, formar sus orillas, reservar o levantar una porción central para crear el islote e instalar entradas y salidas que permitieran regular el nivel del agua.

La obra habría comprendido:
- Excavación del vaso del lago.
- Movimiento y compactación de tierras.
- Creación de una isla central.
- Formación de taludes y orillas.
- Instalación de conductos de alimentación y desagüe.
- Construcción de senderos y puentes.
- Parquización mediante césped, árboles y plantas.
- Incorporación de recintos y pabellones alrededor del agua.
No se encontró hasta ahora una memoria técnica original que permita conocer su profundidad inicial, el volumen de tierra retirado, la cantidad de trabajadores, el nombre de la empresa constructora o el material empleado para impermeabilizar el fondo.
Por eso no sería correcto afirmar, sin documentación, que el lago tuvo originalmente un piso de hormigón, ladrillos o arcilla. Lo comprobado es que fue una obra artificial diseñada como parte del trazado paisajístico del Zoológico.





El agua como escenografía
El Lago Burmeister no fue pensado solamente para contener agua. Era el centro de una composición visual formada por prados, puentes, senderos, vegetación y edificios de estilos diferentes.
Una fotografía oficial de 1910 muestra el lago rodeado por terrenos abiertos. A sus costados podían reconocerse el Templo Indostánico, el Chalet de los Ciervos, una glorieta, la Pagoda y otros pabellones.
Los edificios aparecían gradualmente mientras el visitante caminaba. Algunos se reflejaban en el agua y otros quedaban parcialmente escondidos detrás de los árboles. Era una especie de teatro paisajístico: una vuelta al mundo sin salir de Palermo.



La Pagoda junto al lago
Uno de los edificios históricos más relacionados con el Lago Burmeister es la Pagoda, construida alrededor de 1900.
El pabellón alojó originalmente ciervos japoneses y respondía al criterio de vincular la arquitectura con la procedencia de los animales. El lago, el puente, la vegetación y la Pagoda formaban la denominada zona oriental del Zoológico.
Su presencia convirtió al Burmeister en uno de los paisajes más reconocibles del paseo. No se trataba simplemente de exhibir un animal: se buscaba crear una ambientación completa capaz de transportar imaginariamente al visitante hacia otro continente.


El antiguo Zanjón de Rosas
La historia hidráulica del lago se relaciona con obras realizadas varias décadas antes de la creación del Zoológico.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas se construyeron en Palermo estanques, canales y compuertas que permitían aprovechar el agua de las crecientes del Río de la Plata. Uno de esos cursos fue conocido como Arroyo de Palermo o Zanjón de Rosas.
El zanjón ayudaba a alimentar y desagotar el estanque situado frente al Caserón de Rosas. También se comunicaba con otros canales que atravesaban las tierras bajas del antiguo Palermo.
Cuando se organizó el Zoológico, parte de esa infraestructura fue aprovechada para el funcionamiento de sus lagos. El sistema incluía canales, caños, cámaras y desniveles que permitían trasladar el agua y eliminar los excedentes.
Cuando las sudestadas modificaban los lagos
Durante las primeras décadas del siglo XX, el nivel de los lagos del Zoológico estaba relacionado con las variaciones del Río de la Plata. Las sudestadas podían favorecer el ingreso de agua y también permitir que especies acuáticas se desplazaran por los conductos.
En 1912, Clemente Onelli, segundo director del Zoológico, explicó que el caño de desagüe de los lagos corría hacia el antiguo Zanjón de Rosas, que mantenía comunicación con el río.
Onelli ordenó colocar una malla metálica muy fina en la cámara de salida para impedir que las anguilas entraran o abandonaran los lagos. El curioso episodio demuestra que el sistema hidráulico no estaba completamente cerrado.


Con la urbanización, el entubamiento de los cursos de agua y los sucesivos rellenos costeros, aquella relación directa con el Río de la Plata desapareció.


Cómo se alimenta actualmente
En la actualidad, el Lago Burmeister depende de un sistema mecánico. Una auditoría oficial del Ecoparque informó que posee una bomba de alimentación de 10 caballos de fuerza.
La bomba permite mantener el nivel y renovar parte del agua, pero requiere controles y mantenimiento. Una falla prolongada puede afectar la circulación, la oxigenación y la calidad ambiental del lago.
Esta transformación resume el cambio de Palermo durante más de un siglo: antes, el agua estaba condicionada por el río y las sudestadas; ahora depende de perforaciones, conductos y equipos eléctricos.
Por qué se llama Burmeister
El lago recuerda a Carlos Germán Conrado Burmeister, médico, naturalista, entomólogo, paleontólogo y zoólogo nacido en 1807 en Stralsund, actual Alemania.
Burmeister recorrió diferentes regiones de América del Sur y estudió animales, insectos, fósiles y formaciones geológicas. En 1862 fue designado director del Museo Público de Buenos Aires, antecedente del actual Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
También impulsó la creación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba con el apoyo del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Murió en Buenos Aires en 1892.
Su nombre fue incorporado al Zoológico como homenaje al desarrollo de las ciencias naturales en la Argentina.
La isla de los lémures
La isla central del Lago Burmeister tuvo diferentes usos. El agua funcionaba como barrera natural y permitía alojar animales sin cubrir todo el perímetro con rejas visibles.
Desde 2004, el lugar quedó especialmente asociado con la Isla de los Lémures. Estos primates originarios de Madagascar podían ser observados desde las orillas y durante un pequeño paseo en barco.
En los últimos años del Zoológico, una embarcación partía desde un muelle de madera y atravesaba el lago hasta la isla. La experiencia se convirtió en una de las atracciones recordadas por numerosas familias.
Mucho antes de la llegada de los lémures, el lago había alojado aves acuáticas. En diciembre de 1912 fueron trasladadas hasta allí diez parejas de cisnes negros procedentes del denominado Lago del Golf.


Los otros lagos del Ecoparque
El Burmeister no es el único lago histórico del predio. El Ecoparque conserva otros dos: el Azara y el Darwin.
Lago Azara
Lleva el nombre de Félix de Azara, militar, ingeniero y naturalista español que estudió la fauna y la geografía de Paraguay y el Río de la Plata.
El lago estuvo relacionado históricamente con la Isla de los Monos. En su entorno se encuentran el Puente Grande, el monumento a Clemente Onelli y algunos de los sectores más antiguos del paseo.
Lago Darwin
Recuerda al naturalista inglés Charles Darwin, autor de la teoría de la evolución mediante selección natural.
Darwin recorrió territorio argentino durante el viaje del HMS Beagle. El lago que lleva su nombre está asociado con un islote, puentes históricos y las ruinas de inspiración bizantina incorporadas al Zoológico a comienzos del siglo XX.
Los tres nombres formaban una especie de mapa científico:
- Azara: la exploración y descripción de la fauna sudamericana.
- Darwin: la evolución de las especies.
- Burmeister: la consolidación de las ciencias naturales en la Argentina.
Nueve puentes para cruzar la historia
Los nueve puentes del predio no fueron construidos únicamente para resolver la circulación. También cumplían una función escenográfica.
Varios presentan un estilo grutesco, realizado para imitar piedras, troncos, cuevas y formaciones naturales. Bajo esa apariencia rústica podían esconderse estructuras de hierro, mampostería o cemento.
Los puentes permitían cruzar los lagos y canales, pero también funcionaban como miradores. Desde ellos se observaban las islas, las aves acuáticas, los reflejos de los pabellones y los recorridos del parque.
Arte entre animales y jardines
Las 27 obras de arte distribuidas en el predio permiten comprender que el Zoológico también fue concebido como un museo al aire libre.
La colección incluye esculturas, bustos, monumentos y fuentes dedicadas a naturalistas, animales, personajes mitológicos y figuras vinculadas con la historia de la institución.
Entre las obras y elementos patrimoniales se encuentran representaciones de Venus, Baco y Diana Cazadora; monumentos a Sarmiento, Holmberg, Onelli, Ameghino, Hudson y Rosas; fuentes ornamentales y las famosas ruinas bizantinas.
El visitante recorría simultáneamente un zoológico, un jardín botánico, un museo de ciencias naturales, una colección arquitectónica y un paseo escultórico.
Del Zoológico al Ecoparque
El Jardín Zoológico funcionó hasta el 23 de junio de 2016. Su transformación en Ecoparque modificó la misión del predio: el objetivo dejó de centrarse en la exhibición de fauna exótica y pasó a priorizar el rescate, la rehabilitación y la conservación de especies autóctonas.
En 2017 comenzaron las obras de recuperación patrimonial. El proyecto contempla restaurar edificios, esculturas, fuentes y puentes, además de recuperar espacios verdes y respetar las elipses originales del trazado.
El desafío es complejo: conservar un conjunto histórico sin repetir el antiguo modelo de cautiverio que le dio origen.
Información para visitar el Ecoparque
Dirección: avenida Sarmiento 2601, Palermo.
Superficie: aproximadamente 16,7 hectáreas.
Días: martes a domingos y feriados.
Horario: de 11 a 18.
Patrimonio: 42 edificios, 27 obras de arte, nueve puentes y tres lagos.
Lagos: Azara, Darwin y Burmeister.
Los horarios y sectores habilitados pueden variar por actividades, mantenimiento u obras, por lo que se recomienda consultar previamente el sitio oficial del Ecoparque.
El agua que conserva la memoria de Palermo
El Lago Burmeister sobrevivió al cierre del Zoológico, al entubamiento de los antiguos cursos de agua y a las transformaciones urbanas de Palermo.
Bajo su apariencia tranquila permanece la memoria de las obras de Rosas, el proyecto científico de Holmberg, los cisnes negros, la Pagoda, la isla de los lémures y las embarcaciones que alguna vez lo recorrieron.
Los tres lagos, los nueve puentes, los edificios y las esculturas forman una sola obra patrimonial. Separarlos sería como arrancar páginas de un mismo libro.
¿Conocen los porteños los nombres de los tres lagos? ¿Cuántos restos del antiguo sistema hidráulico permanecen debajo de los senderos? ¿Podrá el Ecoparque conservar este paisaje y, al mismo tiempo, contar con claridad la historia del antiguo Zoológico?

