Está en avenida Belisario Roldán 4651, dentro del Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial. La pieza, instalada en 2001 según la referencia conservada en el lugar, utiliza una auténtica hélice como protagonista y recuerda el vínculo histórico entre la medicina, los pilotos y la aviación argentina.
En un rincón de Palermo que miles de porteños probablemente hayan atravesado sin conocer demasiado qué ocurre detrás de sus rejas existe una pequeña pieza del patrimonio aeronáutico argentino. En avenida Belisario Roldán 4651, muy cerca del Aeroparque Jorge Newbery y del enorme corredor verde de los Bosques de Palermo, funciona el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial (INMAE) de la Fuerza Aérea Argentina. Y allí, en sus jardines, una hélice montada sobre un pedestal de ladrillos recuerda silenciosamente la relación entre el hombre y el vuelo.
La imagen fue registrada por Palermonline este sábado 22 de agosto de 2026 en la sede del organismo. Se observa una hélice tripala, de grandes dimensiones, montada verticalmente sobre una estructura revestida en ladrillo visto y coronada por un volumen blanco de formas geométricas. En la parte frontal aparece una placa, mientras que el conjunto está rodeado por un pequeño espacio parquizado.
Según la referencia existente en el lugar, el monumento fue colocado en 2001. Palermonline realizó además una búsqueda en fuentes públicas e institucionales, aunque no encontró hasta el momento documentación digital accesible que permita determinar con seguridad de qué aeronave procede la hélice, quién diseñó el monumento o cuál fue el acto concreto en el que quedó inaugurado. Por esa razón, esos datos no deben darse por confirmados.
Lo que sí está perfectamente documentado es el lugar donde se encuentra y la enorme historia que guarda.
No es el INAME: es el INMAE
Una aclaración que vale la pena hacer porque las siglas se prestan a confusión: el organismo de Belisario Roldán 4651 es el INMAE, Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial, perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina. No debe confundirse con el Instituto Nacional de Medicamentos, conocido como INAME.
La propia página oficial de la Fuerza Aérea confirma que el INMAE tiene como misión estudiar, investigar, aplicar y enseñar las ciencias médicas y biológicas relacionadas con la navegación en la atmósfera y en el espacio. En otras palabras: buena parte de su razón de ser consiste en estudiar qué le sucede al cuerpo y a la mente de una persona cuando abandona las condiciones normales de la vida terrestre y se convierte en aeronavegante.
Su lema institucional también resume esa filosofía: “Sumus ut possint volare”, traducido como “Somos los que hacen posible volar”.
Y ahí la vieja hélice adquiere otro significado. No está colocada frente a una unidad dedicada a fabricar aviones, sino en una institución dedicada fundamentalmente al ser humano que debe volarlos.
Una historia que empezó hace más de cien años
Para entender el INMAE hay que retroceder incluso más allá de su creación oficial. La historia institucional señala que el 29 de enero de 1922, bajo la Dirección del Servicio Aeronáutico del Ejército, se ordenó crear un Gabinete Psicofisiológico destinado a evaluar las condiciones necesarias para quienes participaban de la naciente actividad aérea.
Eran tiempos completamente distintos. Volar todavía tenía bastante de aventura, los aviones eran máquinas muchísimo más elementales y la medicina aeronáutica recién comenzaba a desarrollar conocimientos específicos sobre cuestiones que hoy parecen obvias: visión, equilibrio, orientación espacial, fatiga, falta de oxígeno, capacidad de reacción y comportamiento del organismo en altura.
El gran salto institucional llegó el 22 de febrero de 1945, cuando mediante el Decreto Nº 4118 se creó el Instituto de Medicina Aeronáutica, dependiente entonces de la Secretaría de Aeronáutica. Quince años después, el 3 de febrero de 1960, el Decreto Nº 1412 le otorgó su denominación actual: Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial.
La palabra “espacial” no era un detalle menor. El mundo estaba entrando de lleno en la carrera espacial y las preguntas ya no se limitaban a cómo soportaba el hombre un avión: comenzaban las investigaciones sobre grandes alturas, aceleraciones, ingravidez y las condiciones extremas que podían enfrentar los seres humanos fuera de su ambiente habitual.
Y en 1967 llegó definitivamente a Palermo
Hay otro dato especialmente interesante para la historia del barrio. Una investigación académica publicada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires señala que el 15 de enero de 1967 el INMAE se trasladó definitivamente a su actual sede de Belisario Roldán 4651, centralizando allí su funcionamiento mediante la fusión de los gabinetes civil y militar.
Es decir que la presencia de esta institución en Palermo ya se acerca a las seis décadas.
Desde afuera puede parecer simplemente otro predio institucional ubicado en una zona históricamente vinculada con la actividad aeronáutica. Pero detrás de esa entrada pasaron generaciones de pilotos militares, pilotos civiles y personal relacionado con la navegación aérea que necesitó demostrar su aptitud psicofísica.
La Administración Nacional de Aviación Civil reconoció formalmente al INMAE como Centro Médico Aeronáutico Examinador (CMAE), y documentación oficial continúa identificando su sede en Belisario Roldán 4651.
¿Qué hace la medicina aeronáutica?
El concepto puede sonar extravagante para quien nunca estuvo relacionado con un avión, pero es bastante lógico: el cuerpo humano evolucionó para caminar sobre la Tierra, no para desplazarse a cientos de kilómetros por hora a miles de metros de altura.
La medicina aeronáutica estudia precisamente esa relación entre el organismo humano y un ambiente para el cual biológicamente no fue diseñado.
Allí entran en juego la hipoxia provocada por la disminución del oxígeno disponible en altura, las aceleraciones, la orientación espacial, la visión, la audición, los tiempos de reacción, el equilibrio, la fatiga, los factores psicológicos y la capacidad de tomar decisiones bajo situaciones de elevada exigencia.
El INMAE desarrolló durante décadas tareas de evaluación psicofísica y formación relacionadas con estas cuestiones. Incluso sus programas docentes han incluido capacitación vinculada con cámaras hipobáricas, medicina de altura, evacuación aeromédica y factores humanos, según documentación oficial de la Fuerza Aérea publicada en el Boletín Oficial.
Una cámara hipobárica, por ejemplo, permite reproducir de manera controlada condiciones similares a las que se experimentan al aumentar considerablemente la altitud. No hace falta llevar al piloto a una montaña ni subirlo a un avión para estudiar determinadas respuestas fisiológicas: parte de esas condiciones pueden simularse desde tierra.
La hélice de 2001
En ese contexto aparece el pequeño monumento fotografiado por Palermonline.
La pieza tiene una estética austera, casi militar: ladrillo, blanco, una placa y la enorme hélice dominando toda la composición. No necesita demasiados ornamentos porque el objeto central habla por sí mismo.
Una hélice representa una época fundamental de la aviación. Antes de los grandes reactores comerciales y de los sofisticados sistemas electrónicos actuales, durante décadas fue una de las imágenes universales del vuelo. Motor, hélice, piloto y aire formaban una asociación prácticamente inseparable.
En el caso del INMAE hay además una lectura particularmente interesante: la máquina aparece detenida para recordar a quienes hicieron posible que otros pudieran ponerla en movimiento.
La fecha 2001, señalada en el propio lugar como momento de colocación del monumento, también convierte al conjunto en una pieza que ya lleva un cuarto de siglo formando parte del paisaje interno de la institución.
Queda pendiente, sin embargo, reconstruir su historia completa.
¿De qué avión provino esa hélice? ¿Perteneció a una aeronave de la Fuerza Aérea? ¿Fue una donación? ¿Quién decidió colocarla allí? ¿Qué dice exactamente la placa original? ¿Hubo una ceremonia de inauguración?
La documentación pública disponible en Internet consultada por Palermonline no ofrece todavía respuestas firmes a esas preguntas. Y en patrimonio histórico hay una regla que conviene respetar: cuando el dato no aparece documentado, es mejor dejar abierta la pregunta antes que inventar una historia bonita.
Un pequeño museo al aire libre que Palermo casi no conoce
Hay algo fascinante en estos objetos dispersos por Buenos Aires. No están necesariamente dentro de un museo ni tienen enormes carteles turísticos. A veces sobreviven en jardines institucionales, hospitales, escuelas, clubes, cuarteles o edificios públicos y terminan convirtiéndose en cápsulas del tiempo.
Esta hélice es una de ellas.
Además, su ubicación no podría ser más simbólica. El INMAE está en un sector de Palermo profundamente marcado por la historia aeronáutica porteña y a poca distancia del Aeroparque Jorge Newbery. El rugido de los aviones forma parte del paisaje sonoro cotidiano de esta franja del barrio mientras, dentro del predio, una hélice de otra época permanece completamente inmóvil.
Es una linda contradicción porteña: afuera despegan los aviones del siglo XXI; adentro, una vieja hélice recuerda de dónde viene toda esa historia.
INMAE, un vecino muy particular de Palermo
Actualmente, la sede central continúa oficialmente ubicada en avenida Belisario Roldán 4651, Ciudad de Buenos Aires. El sitio institucional informa atención de lunes a viernes y mantiene allí sus actividades vinculadas con la medicina aeronáutica y la evaluación del personal.
Tal vez la próxima vez que alguien pase por esa zona de Palermo mire el predio de otra manera. Porque detrás del número 4651 no solamente funciona una dependencia de la Fuerza Aérea: hay una institución cuyos antecedentes se remontan a 1922, creada formalmente en 1945, instalada definitivamente en Palermo desde 1967 y dedicada a una pregunta que acompaña a la aviación desde sus comienzos:
¿qué necesita un ser humano para poder volar?
Y justo allí, como una respuesta hecha de metal, permanece la hélice.
Palermontour continuará buscando antecedentes documentales sobre la pieza instalada en 2001 para identificar su procedencia, el modelo de aeronave al que perteneció y las circunstancias de su emplazamiento en la sede del INMAE.