El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora registró en agosto que el 59,8% de las personas encuestadas considera necesario cambiar el rumbo económico, frente a un 38,7% que prefiere sostener el modelo actual. El relevamiento, realizado sobre 1.466 casos nacionales, también mostró que el 53,2% afirma no tener más paciencia para esperar resultados económicos.
La aprobación de la gestión de Javier Milei fue del 32,2%, con una leve suba respecto de julio, mientras que la desaprobación alcanzó el 54,1%. Son números que no definen por sí solos una elección ni anticipan una salida de gobierno: faltan más de doce meses para las legislativas de 2027 y la política argentina cambia de piel con velocidad. Pero sí describen un cuadro de desgaste y de expectativas sociales muy tensionadas.
La división central aparece vinculada a la situación económica de cada sector. La continuidad del modelo reúne mayor respaldo entre los sectores de ingresos altos, mientras que el pedido de cambio crece con fuerza entre quienes se reconocen en los estratos bajos. La encuesta no habla de una sola Argentina: muestra experiencias económicas muy distintas, incluso bajo las mismas decisiones nacionales.
Para el turismo, la gastronomía, los alquileres temporarios y el comercio urbano —actividades que Palermo conoce de cerca— el termómetro no es solamente el índice mensual. Es la mesa que deja de salir, la reserva que se posterga, el pequeño negocio que ajusta horarios y el trabajador que ya no sabe si el mes que viene seguirá cobrando. La economía se vuelve política cuando entra por la puerta de cada casa.
Comentario del periodista
De mis diez amigos, cinco están sin trabajo. No es una metáfora de redes sociales ni una estadística acomodada: es lo que se ve al sentarse a tomar un café y preguntar, de verdad, cómo anda cada uno. Algunos perdieron el empleo; otros vieron cerrar o fundirse empresas donde trabajaban; otros sobreviven con changas, trabajos por cuenta propia o una incertidumbre que no figura en ningún recibo de sueldo.
Eso no convierte automáticamente a una encuesta en sentencia ni permite decretar el final de un gobierno. Pero sí explica por qué tanta gente siente que el rumbo no da para más. Una administración puede celebrar una variable fiscal o una desaceleración de precios, pero si el trabajo se achica, los comercios no venden y las familias viven con miedo al próximo recorte, el éxito queda lejos de la calle.
El Gobierno de Milei conserva un núcleo de apoyo cada vez más pequeño, como muestra el estudio. Sin embargo, su problema ya no es únicamente electoral: es cotidiano. La paciencia tiene límite, y cuando el ajuste deja de ser promesa de futuro para convertirse en desempleo de amigos, persianas bajas y mesas vacías, la discusión deja de ser técnica. Pasa a ser humana.