Aparecen de golpe, en el momento más inesperado, cuando un aroma cruza el aire y nos devuelve —sin escalas— a un lugar donde fuimos felices. Puede ser la infancia, una casa prestada, una tarde cualquiera que terminó siendo inolvidable. Los perfumes tienen ese poder: no explican, revelan.
Son emociones que caminan de la mano de las estaciones, de las frutas maduras, de las flores abiertas, de los brotes tiernos y de las especias recién molidas. Nos llevan directo a esas cocinas donde las abuelas y las mamás horneaban tortas de vainilla, de canela, de chocolate o de naranja. A los días previos a las fiestas, cuando el azahar invadía el aire y se mezclaba con la malta para dar vida a panes dulces llenos de promesas. O a ese perfume glorioso de salsa boloñesa burbujeando sin apuro desde temprano un domingo, mientras la casa se desperezaba.
Son aromas que hoy nos arrancan un lagrimón y, al mismo tiempo, una sonrisa mansa. Porque están ligados a nuestras madres, tías y abuelas queridas, que sin proponérselo grabaron en nuestra memoria más fiel —la sensorial— una colección de recuerdos que no envejecen.
Hoy somos nosotros quienes tenemos la oportunidad de crear esos perfumes y dejarlos sembrados en la emoción de los que más queremos. Y no hay nada más lindo que jugar —sí, jugar en serio— con las esencias naturales: partir de la fruta misma, de la flor recién cortada, de la especia entera. Triturar, rallar, machacar, exprimir. Ese gesto simple y artesanal toca el alma.
El mercado está lleno de frasquitos y polvitos que prometen todo, pero rara vez cumplen. No son aromas: son imitaciones. Horas y años de química para fabricar algo que “se parece” a la vainilla, a la lavanda, al azahar, a la manteca. Por eso, cuando comprás aromatizantes, conviene mirar bien: que sean naturales de verdad. O mejor aún, armarlos en casa. Ese proceso, además de honesto, es profundamente hermoso.
Trabajamos con semillas —cardamomo, chía, sésamo—; con cortezas, como la canela; con granos, como la pimienta, el fenogreco o el coriandro; y con hojas, como el orégano, el perejil, el laurel o el curry. Todo lo seco conviene tostarlo apenas, unos segundos en sartén, hasta que suelte perfume. Ese gesto despierta el sabor, intensifica el aroma y elimina la humedad. Después, mortero o molinillo de café. No hay atajo.
Con esa técnica se puede armar, por ejemplo, un mix de pimientas propio: una cucharada de pimienta negra, blanca, rosa, verde y Jamaica. O un masala de inspiración india, ideal para arroces y pollos: coriandro, lenteja roja, comino, pimienta negra, chili o ají molido, ajo, cúrcuma, fenogreco y curry. Todo tostado, todo molido, todo vivo.
Otra familia de esencias nace de lo fresco: frutas y flores. Rallar la piel colorida de los cítricos perfuma no solo la torta o las galletitas, sino toda la casa. La lavanda, los pétalos de rosa o de azahar —siempre comestibles y bien limpios— colocados en un frasco con azúcar transforman el mate, el té, una tostada con manteca, unas simples galletas.
Y el agua de azahar o de rosas, tan presente en la pastelería árabe y festiva, se hace fácil: dos partes de pétalos frescos por tres de agua, fuego bajo durante una hora, colar, repetir el proceso con pétalos nuevos y volver a colar. Eso es esencia de verdad.
En definitiva, deleitarse con los propios perfumes es un privilegio cotidiano. Por eso te invito a probar esta receta que descubrí hace tiempo, husmeando en un viejo libro de lavandas, y que tiene algo de campo, algo de cocina consciente y mucho de mesa compartida.
Tarta de hinojos y lavandas
Ingredientes
-
1 cebolla grande, finamente picada
-
1 bulbo de hinojo, finamente picado
-
1 cucharadita de aceite de oliva
-
2 cucharadas de flores de lavanda frescas o 1 cucharada de flores secas
-
2 huevos batidos
-
1 taza de queso crema
-
Masa de tarta, pasta quebrada o masa filo, en molde grande o individuales
Preparación
-
Dorar la cebolla y el hinojo en el aceite de oliva, a fuego medio.
-
Agregar la lavanda y saltear apenas, hasta que libere su perfume.
-
Incorporar el queso crema y los huevos batidos. Mezclar bien.
-
Rellenar la masa elegida.
-
Hornear entre 10 y 15 minutos a fuego fuerte, hasta que cuaje y perfume la cocina.
Una tarta que no solo se come: se recuerda. Como todo lo verdaderamente palermitano.
LINKS INTERESANTES DEL BARRIO DE PALERMO
CIUDAD DE BUENOS AIRES: BARRIO DE PALERMO COMUNA 14
-
Pabellon del Centenario
-
Mercado Bonpland. Bonpland 1660. Mercado Solidario Bonpland.
-
Palermo Hollywood el Barrio que nunca duerme.
-
El Pabellón de los Lagos. Una obra del arquitecto Roland Le Vacher.
-
Palermo Soho. Palermo Viejo. Barrio de Palermo.
-
Ruinas bizantinas en la isla del Lago Darwin del Ex Zoológico.
-
Los Portones de Palermo fueron diseñados por el reconocido arquitecto Jules Dormal.
-
Curiosidades de Palermo. «Ciudad de los obreros», «Villa Alvear»
-
Parque Las Heras.
-
Club de Pescadores.
-
Racket Club de Palermo.
-
El Templo de Vesta.
-
Jardín de los Poetas del Rosedal
-
Los Portones de Palermo
-
El Barrio de «Villa Freud», «Palermo Sensible», «Palermo Psi» ó «Palermo Guadalupe».
-
Todo sobre el Rosedal de Palermo.
-
Calle Ombu. Misterios de Palermo Chico.
-
Casa Bagley del Zoo.
-
El Tambito de Palermo, la primera milonga Argentina .
-
Aljibe Colonial
-
Esculturas del Barrio de Recoleta
-
La familia Errazuriz Alvear