Hay comidas que son comidas y hay comidas que son rituales. En Buenos Aires, especialmente cuando juega la Selección Argentina en un Mundial, la cocina se transforma en una tribuna. Aparecen las empanadas, la pizza, el mate que va y viene, y también una receta que parece salida de un ensayo general de Patricio Rey: los clásicos redonditos de ricota.
No tienen nada que ver con una banda de rock, aunque el nombre inevitablemente despierte sonrisas entre generaciones enteras de fanáticos. Son económicos, fáciles de preparar y perfectos para compartir durante un partido largo, una previa o una sobremesa futbolera.
Ingredientes
- 500 gramos de ricota firme
- 2 huevos
- 100 gramos de queso rallado
- 4 cucharadas de harina
- Perejil fresco picado
- Sal
- Pimienta
- Nuez moscada
- Aceite para cocinar
Preparación
En un recipiente grande colocar la ricota y desarmarla con un tenedor hasta obtener una textura uniforme.
Agregar los huevos, el queso rallado, el perejil picado y los condimentos. Mezclar todo hasta formar una preparación homogénea.
Incorporar la harina poco a poco. La mezcla debe quedar firme para poder formar pequeñas bolitas.
Con las manos apenas humedecidas, armar esferas del tamaño de una nuez grande y aplastarlas suavemente para darles forma de medallón.
Calentar aceite en una sartén y cocinar los redonditos hasta que estén dorados de ambos lados. También pueden llevarse al horno durante unos veinte minutos para una versión más liviana.
Servir calientes acompañados por una salsa criolla, una mayonesa de ajo o simplemente unas gotas de limón.
Un clásico para la mesa mundialista
Mientras la pelota rueda y el barrio se llena de camisetas celestes y blancas, estos pequeños bocados tienen algo de cocina de club de barrio, de reunión entre amigos y de esas tardes en las que la radio, la televisión y la mesa parecían formar parte de una misma ceremonia.
En Palermo, donde conviven turistas, estudiantes, vecinos históricos y nuevas generaciones, los días de Mundial tienen una magia especial. Los bares se llenan, los balcones se decoran con banderas y las cocinas vuelven a convertirse en centros de reunión.
Quizás por eso los redonditos de ricota siguen vigentes. Son simples, rendidores y profundamente argentinos. Como un potrero, un mate compartido o una canción que todos conocen aunque hayan pasado décadas.
Porque al final, para mirar un Mundial, no hacen falta lujos. Hace falta buena compañía, una receta noble y la esperanza intacta de volver a gritar campeón.