Pasaje subterráneo de la avenida del Libertador, en Palermo
Bajo la sombra monumental de los plátanos de avenida del Libertador, entre el mármol solemne del Monumento de los Españoles, la estatua de Sarmiento modelada por Rodin y el antiguo esplendor del Zoológico de Palermo, duerme un túnel olvidado. Un pasaje subterráneo de apenas unos metros que, sin embargo, cuenta mejor que muchos discursos el drama eterno de Buenos Aires: la ciudad que soñó con París, pero muchas veces terminó administrada con la lógica del abandono.
Ese cruce peatonal construido en 1910 no era simplemente un túnel. Era una pieza del imaginario de aquella Buenos Aires multimillonaria que se creía destinada a competir con las grandes capitales europeas. Mientras se levantaban palacios como el de los Patos, se diseñaban parques inspirados en Francia y se inauguraban edificios fastuosos alrededor de Palermo, alguien entendió que hasta cruzar una avenida debía tener elegancia. La idea era simple pero sofisticada: que las familias acomodadas que paseaban por el Zoológico y los bosques pudieran atravesar Libertador sin interrumpir el flujo de carruajes, automóviles y vida aristocrática que ya comenzaba a acelerarse.
No era Versalles, claro. Pero tampoco era un simple túnel mugriento como terminaría siendo décadas después. Tenía mármoles italianos, revestimientos pensados con cierto refinamiento y una lógica urbana moderna para la época. Formaba parte de una Buenos Aires obsesionada con parecerse a Europa, cuando Palermo todavía era el barrio donde la élite paseaba sombreros, bastones y perfumes importados entre lagos, glorietas y jardines.
El problema fue que la ciudad jamás terminó de entender qué hacer con ese espacio. Y ahí empieza la tragedia porteña: inauguraciones pomposas, cintas cortadas, discursos grandilocuentes y décadas enteras de abandono. El túnel se inundó una y otra vez. Vivieron personas sin hogar entre sus paredes húmedas. Las filtraciones avanzaron como una enfermedad lenta. Los azulejos se quebraron. Las bombas de agua quedaron atrapadas en conflictos burocráticos después de la privatización del zoológico en 1991. Y mientras Palermo se convertía en una máquina de producir millones con Palermo Soho, Palermo Hollywood y el turismo gastronómico, debajo de Libertador seguía existiendo esta cápsula oxidada de otro tiempo.
Cada jefe de Gobierno prometió algo distinto. Todos parecieron descubrir el túnel como si fuera una reliquia recién encontrada. Lo restauraron. Lo cerraron. Lo volvieron a abrir. Lo bautizaron “Cruce de las Artes”. Le pusieron exposiciones. Hablaron de circuitos culturales, de seguridad, de recuperación patrimonial y de modernización urbana. Pero siempre terminó pasando lo mismo: humedad, abandono, vandalismo, obras eternas y otra persiana baja.
El túnel parece condenado por la misma maldición urbana que persiguió durante años al Monumento de los Españoles: proyectos grandiosos que Buenos Aires inaugura con orgullo pero después deja librados a la suerte, como si la gestión pública se agotara en la foto del primer día. Y ahí está el verdadero símbolo incómodo de este pasaje: no evidencia solamente el deterioro físico de un espacio histórico, sino la incapacidad crónica de los gobiernos porteños para sostener políticas urbanas inteligentes en el tiempo.
Porque en cualquier ciudad seria del mundo este lugar sería una atracción turística impecable. Tendría iluminación escénica, muestras permanentes sobre la historia de Palermo, fotografías antiguas, visitas guiadas y hasta pequeños conciertos subterráneos. Sería parte de un recorrido que uniría el Ecoparque, el Jardín Botánico, el Invernadero, el Palacio de los Patos y los grandes edificios racionalistas de Libertador. Acá, en cambio, siempre termina convertido en una obra inconclusa más.
Hoy, mientras Jorge Macri intenta encontrarle una salida al eterno laberinto de la gestión porteña, el viejo pasaje sigue esperando. Como una postal húmeda de aquella Buenos Aires que soñó en grande y administró en pequeño. Como un recuerdo enterrado de la ciudad elegante que quiso ser y de la ciudad improvisada que muchas veces terminó siendo.
Todos los intentos de poner en valor este túnel han fracasado, pero se intenta reabrir el túnel peatonal que cruza Libertador siempre, pero no curre. Hoy esta cerrado al público.
Se construyó en 1910. Se cerró en el 1991 cuando el Zoo fue privatizado
Se construyó en 1910. Se cerró en el 1991 cuando el zoo fue privatizado, ya que adentro del mismo se encuentran las bombas que desagotan el agua, entonces se entró en conflicto y el cruce se inundaba. Una vez se reabrió en el 2003 con el nombre «Pasaje de las artes», a cargo de la Dirección General de Museos de la Ciudad, allí se realizarían exposiciones de arte rotativas (Además de la función como cruce). Fue cerrado nuevamente por falta de mantenimiento.
Hoy se vuelve a pensar en como mejorarlo. Eso si los contratistas no devolvieron la plata de lo invertido.
El pasaje subterráneo de la avenida del Libertador, en Palermo, que desde hace casi un siglo une una de las entradas al Zoológico con el parque Tres de Febrero”.
El centenario pasaje fué habilitado pero luego cerrado. Fue restaurado y funcionó solo de 8 a 20. Estaba en pésimas condiciones. Casí 100 años de abandono por arte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informó que lo volvió a cerrar y no reabrirá, el histórico y centenario pasillo subterráneo que corre por debajo de la avenida del Libertador, a la altura del a avenida Sarmiento, Palermo, Comuna 14.
Este pasillo une la manzana donde está emplazado el Ecoparque y el Parque Tres de Febrero, a la altura de la estatua de Sarmiento hecha por Rodin. Pasa frente al Monumento a la Carta Magna, más conocido como Monumento de los Españoles.
El túnel fue proyectado en 1910, pero se habilitó algunos años más tarde. En aquella época, la idea era hacer coincidir la apertura del pasaje subterráneo con la inauguración del Monumento a los Españoles, en la esquina de Sarmiento y Libertador, que había sido donado por el Rey de España por el centenario de la Revolución de Mayo. Por múltiples inconvenientes, la construcción del Monumento se atrasó y, con ella, la del túnel.
En 1991, con la privatización del zoológico porteño, el pasaje «que ya no estaba en las mejores condiciones” fue cerrado. «Uno de los problemas fue que las bombas que sacan el agua del túnel están dentro del zoológico. Cuando pasó a manos privadas, se generó un conflicto», cuenta López.
En su momento jefe de Gobierno Aníbal Ibarra haciéndose cargo del tradicional corte de cintas, el túnel volvió a ser transitable para las personas que pasan por allí.. Y el túnel es una buena forma de evitar el fugaz semáforo de esa esquina.
Historia, crónicas de ayer
VOLVER… Jueves 17 de julio de 2003
El nuevo «Cruce de las artes», de unos 25 metros de largo, tendrá ahora vigilancia y estará abierto todos los días entre las 8 y las 20. La Dirección General de Museos de la Ciudad organizará muestras y exposiciones de arte que irán cambiando periódicamente.
Durante 45 días ”el tiempo que demandaron los trabajos”, se pintó el túnel, se repararon los problemas de humedad y filtraciones, se colocaron nuevas luces y se arreglaron las bombas. También se reemplazaron la mayoría de los azulejos del revestimiento interno y se cambiaron algunos de los mármoles blancos italianos de las escaleras.
Todo fué como la maldición del Monumento a la Carta Magna. Una lástima.
Palermo Hollywood
Palermo Soho
Palacio de los Patos
El Invernadero del Jardín Botánico




