Le Parc. El artista mendocino radicado en Francia, en el hall del Malba.

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A catorce años de su última gran retrospectiva en el país, el Malba presenta una selección de obras históricas de Julio Le Parc, uno de los artistas argentinos más importantes del siglo XX. La muestra invita al espectador a adentrarse en el universo en perpetua transformación del mendocino y hace foco en uno de los aspectos más importantes de la producción de Le Parc: su preocupación por las alteraciones de la luz en movimiento.

La muestra consiste en un conjunto de 17 instalaciones lumínicas, desplegadas en dos salas del museo. Entre las obras emblemáticas y de gran escala presentes se destacan el cilindro “Continuel-lumiére” (Continuo-Luz, 1962); el “Continuel-mobile” (Continuo-móvil, 1962-1996) y el “Cellule (Célula penetrable, 1963 -2005), pieza multisensorial que el artista presentó por primera vez en la Bienal de París de 1963, como parte del laberinto “Lé Instabilité” (La inestabilidad) del Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), grupo co-fundado por Le Parc en 1960 para investigar el movimiento a partir de la relación dinámica entre el espectador y el objeto artístico.

“Sus juegos de luz en movimiento modifican el espacio, lo recrean en forma permanente y al mismo tiempo lo disuelven, incluyendo al observador en la obra de arte total. La sustancia material básica de los múltiples aparatos mecánicos y m´´aquinas lumínicas se transforma elegante y absolutamente en inmaterial”, explicó Hans-Michael Herzog, director artístico y curador de la Colección Daros Latinamerica, que curó la muestra junto a Kuthe Walser, Curadora técnica de la institución y Victoria Giraudo, Coordinadora ejecutiva de curaduría de Malba.

Junto con la exposición Le Parc Lumiére, se presentan en Malba tres piezas emblemáticas de Julio Le Parc en diferentes espacios del museo: “Mobile Sphíre Jaune” (Esfera amarilla 2001-2014) un “gran sol argentino” flotando en el hall de Malba realizado especialmente para la ocasión con pequeños acrílicos rectangulares; “Miroirs” (Espejos, 1966-2013) llevados a otra escala; y “Lames reflechissantes” (Láminas reflectoras, 1962-2013) en la terraza.

Estos tres trabajos monumentales son parte de una búsqueda iniciada por el artista entre 1960 y 1963 en pequeño y mediano formatos, y en palabras de Yamil Le Parc: “Aportan un elemento importante y fundamental de su obra: inestabilidad, participación e interactividad”.