En el Palermo, el after office hace rato que no es novedad

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En Buenos Aires, el after office hace rato que no es novedad, pero cada vez suma más adeptos. «En los 90 se armó todo el polo del microcentro con los pubs como puntal de la movida y ahí nació lo del after office», explica Martín Auzmendi, periodista, autor del libro Cócteles en el camino y una de las personas qué más sabe sobre bebedores y bares en la Argentina. «Recuerdo especialmente que fue una movida mundial de bares calcados unos de otros con estilo de pub irlandés, aparición del happy hour, cervezas importadas como Guinness, lugares cerrados casi sin luz natural», dice. De esos bares originales quedaron pocos: «Varios cerraron y yo al menos creo que en el resto el trabajo bajó. Otros barrios crecieron en la oferta: Palermo, sin dudas; Villa Crespo, aunque no con tanta movida en el horario postrabajo, y las zonas de Congreso y San Telmo también».

Lo que distingue a los bares de Reconquista de los de Palermo, Recoleta, San Telmo o Puerto Madero es que en el microcentro están todos juntos. Concentrados en menos de cinco cuadras están los irlandeses The Kilkenny y Downtown Matías, El salmón, Puerto Pirata, El verde, Bull Bar y varios más. Con algunas diferencias estéticas, todos tienen casi la misma propuesta: cerveza y picadas. En Palermo el panorama es distinto. Un ejemplo: salvo porque los dos trabajan fuerte los jueves entre las 19 y la 1, Rosebar y Bangalore, dos puntos palermitanos de after office, no tienen nada en común.

En Bangalore (Humboldt casi Niceto), el jueves por la tarde, todas las mesas están ocupadas. En un rincón están Giuliana, Paola y Anele, amigas y ex compañeras de trabajo que se juntan todas las semanas desde hace cinco años. Anele es mexicana y para ella esta costumbre es totalmente nueva; nunca se le habría ocurrido en México. Acá, sin embargo, le parece la salida ideal: «Lo mejor es que charlas, comes, bebes y no te tienes que desvelar; al otro día es un día normal». Como las chicas, Hernán, Leandro, Emiliano y Mariano también eligen Palermo porque es un punto medio entre sus trabajos. Aunque los cuatros son administradores de empresas, no comparten oficina: se conocieron haciendo una maestría y ahora intentan no perder el contacto. Crearon After office como grupo de Whatsapp.

o que pasa en Rosebar es totalmente distinto: la idea acá no es relajarse frente a una bebida. A metros de la vía, sobre Honduras casi Juan B. Justo, esta discoteca de ladrillo a la vista organiza todos los jueves una noche de after office. El clima es de boliche, pero con mesas. Hay fila para entrar en la puerta, chicas y chicos producidos para salir y un patovica que hace la pregunta antes de permitir el paso: «¿Están en la lista?». Adentro, música fuerte y unos papelitos que hasta las 21 valen por una consumición. A las 22, algunos se ponen a bailar. «Si organizamos la salida, podemos ser más de 20», explica Claudia, levantando la voz para hacerse escuchar. Está con otros seis compañeros y compañeras, vinieron hasta Palermo desde Puerto Madero, desde las oficinas de una automotriz alemana.

A mitad de camino entre Palermo y el centro, Recoleta tiene su propia oferta de after office: los preferidos de los y las oficinistas (y turistas) sub-30 son el oscuro Shamrock, con un happy hour de cerveza y un viernes con DJ en vivo, y El Álamo, superclásico del barrio, donde los jueves las chicas toman cerveza gratis hasta las 22.30. Por la misma zona, en Paraná al 1000, está Milion, en una de esas hermosas casonas aristocráticas de Recoleta. Ahí no hay apretujones: la casa es grande y no hay necesidad de hablar a los gritos. Matías, Sebastián y Juan lo eligen para hacer «la sesión de terapia» mientras toman cerveza desde una terraza con vista al jardín, un enorme centro de manzana que hasta tiene una palmera. «Con los años te das cuenta de que éste es un lugar más tranquilo para charlar», explica Matías, aunque cuando salen de a muchos se quedan por el centro: allá es más barato y hay lugar para bailar.

Cuánto dinero se necesita?

400
pesos

Cada persona que se sumerge en el mundo del after office puede gastar entre $ 300 y $ 400, por el consumo de bebidas y comidas. Además, si la salida se extiende hasta la madrugada, el gasto aumentará

25
años atrás

Los primeros after office aparecieron en los 90, pero su popularidad explotó en 2004 con la suba del turismo extranjero. La costumbre de tomar unas copas al salir del trabajo comenzó en los Estados Unidos

10
clases

En Buenos Aires hay after office para rockeros (The Bar), para tomar distintos tragos (Blink!), para exclusivos (Mistique), para glamorosos (El Clan) y al menos otras seis clasificaciones más