De la pista inaugurada por Perón al nuevo parque deportivo del barrio
El viejo Velódromo Belisario Roldán, ese gigante de cemento que nació para la épica deportiva de los Juegos Panamericanos de 1951 y que fue inaugurado bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, volvió a ocupar un lugar central en Palermo. Donde antes hubo ciclismo de pista, tribunas, abandono, discusiones urbanas y memoria deportiva, hoy la Ciudad presentó una recuperación integral de más de 42.000 metros cuadrados destinados al deporte, la recreación y el uso vecinal.

La obra, realizada en el Parque Tres de Febrero, busca beneficiar de manera directa a unos 100.000 vecinos y reordenar una zona que durante años quedó atrapada entre la nostalgia, el deterioro y los parches de gestión. En criollo: un pedazo histórico de Palermo dejó de mirar al pasado con cara de ruina y empezó a ofrecer algo concreto para el presente.
Un lugar con historia grande
El Velódromo Municipal fue construido para los primeros Juegos Panamericanos, realizados en Buenos Aires en 1951. En aquella época, la ciudad buscaba mostrarse como capital deportiva regional, y el ciclismo de pista tenía una relevancia que hoy parece lejana, casi de foto sepia, pero que entonces convocaba multitudes, federaciones, atletas y entusiasmo popular.
Durante años, el predio fue sede de carreras internacionales y eventos deportivos. También fue considerado uno de los espacios importantes de la región para la disciplina. Después, como suele pasar en Buenos Aires cuando la política cambia de humor, el espacio empezó a sufrir idas y vueltas: cesiones, proyectos inconclusos, abandono, disputas por su uso y una decadencia que se hizo visible en el paisaje.
En 1998, el predio tuvo uno de sus últimos grandes usos públicos con espectáculos y actividades masivas. Luego, el silencio. Y cuando un espacio público se queda sin destino claro, la ciudad lo cobra caro: se deteriora, se ensucia, se vuelve inseguro y termina convertido en una pregunta incómoda.
La nueva etapa: deporte, juego y espacio público
La recuperación actual transformó más de 42.000 m² del ex Velódromo con una intervención que combina infraestructura deportiva, recreación infantil, iluminación, veredas, drenaje y reordenamiento del entorno.
Uno de los puntos centrales fue el reacondicionamiento de los 3.500 m² de peraltes de la antigua pista. Es decir, esas curvas inclinadas que todavía recuerdan la vieja anatomía del velódromo. Allí se mejoró la superficie, se realizó pintura integral y se puso en valor la herrería existente. No es un detalle menor: conservar parte de la forma original evita que la memoria del lugar termine aplastada bajo una obra nueva sin alma.
También se incorporó una cancha de beach volley de 605 m², apta para competencias nacionales e internacionales, y se renovó el bowl de skate, con 500 m² de intervención sobre la llamada “olla”, corrigiendo superficie y terminaciones para mejorar seguridad y rendimiento.
A eso se suma un área de juegos de 480 m² con tomas de escalada diferenciadas por edad, solados de caucho, redes trepadoras, semiesferas y equipamiento pensado para chicos y chicas de distintas edades.
Más luz, mejores veredas y menos barro cuando llueve
La obra no se limitó al corazón del predio. En el entorno también se ejecutaron trabajos clave: reparación y renovación de veredas, nuevas calles de convivencia, pavimentación de la calzada de Belisario Roldán con casi 10.000 m² de asfalto y mejoras en el sistema pluvial.
Se instalaron más de 2.100 metros de tendido eléctrico nuevo, 78 columnas y 53 farolas para reforzar la iluminación. En una zona de parques, senderos y circulación nocturna, la luz no es decoración: es seguridad, uso real y presencia del Estado.
También se incorporaron 180 metros de cañería pluvial, nuevos sumideros y bocas de registro para mejorar el drenaje y reducir anegamientos. Palermo conoce bien esa película: cuando llueve fuerte, el romanticismo verde se convierte rápido en pantano si la infraestructura no acompaña.
Palermo gana un nuevo punto de encuentro
El ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi, sostuvo que la Ciudad trabaja para que sus parques tengan infraestructura moderna, buena iluminación, seguridad y accesibilidad. En esa línea, la recuperación del ex Velódromo amplía la oferta deportiva y recreativa dentro de uno de los espacios verdes más visitados de Buenos Aires.
Desde la Comuna 14, Martín Cantera planteó que la obra permite integrar mejor el Parque Tres de Febrero y descentralizar los usos, para que la vida del parque no se concentre únicamente en el Rosedal o el Lago Regatas.
Y ahí aparece el punto político y barrial de fondo: Palermo necesita espacios públicos vivos, no postales para turistas ni terrenos olvidados entre rejas, pasto alto y promesas vencidas. El ex Velódromo tuvo gloria, abandono y reconversión. Ahora tiene una oportunidad nueva.
De la épica peronista al parque urbano del siglo XXI
Hay algo potente en esta transformación. Un espacio nacido en tiempos de grandes gestas deportivas nacionales, inaugurado bajo el impulso del primer peronismo y pensado para una ciudad que quería organizar eventos internacionales, vuelve ahora bajo otra lógica: deporte urbano, recreación abierta, skate, beach volley, juegos, caminatas, descanso y vida cotidiana.
No es el mismo país. No es la misma ciudad. No es el mismo deporte. Pero el lugar sigue hablando.
El viejo Velódromo ya no será aquel templo del ciclismo de pista, pero tampoco queda condenado a ser una ruina elegante para nostálgicos. En esta nueva etapa, Palermo recupera un fragmento de su memoria y lo pone a trabajar para el barrio.
Porque los espacios públicos, cuando se abandonan, se vuelven cicatrices. Y cuando se recuperan bien, vuelven a ser una promesa común: la de una ciudad donde el deporte, el juego y el encuentro no sean lujo, sino costumbre.