Adriana Varela ofreció su visión de Troilo en el Mundial de Tango

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Una diversidad de homenajes mereció la figura de Aníbal Troilo en el Festival y Mundial de Tango que se realiza en Buenos Aires y, de todos ellos, el que encarnó la cantante anoche en la Usina del Arte se distinguió por su intento de expresar la influencia de “Pichuco” en el universo de los cantores.

Aparece con claridad, sin embargo, una distancia entre el modelo de cantora que simboliza Varela con el que, con matices, pudieron encarnar Francisco Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero o Raúl Berón.

En todos aquellos casos, sea cual fuere la prosapia del cantor, su figura resultaba plenamente integrada al funcionamiento orquestal y se comportaba como una pieza más, sin primacías.

Como un timbre del ensamble, Troilo dictaba las modulaciones y las notas de cada sección cantada.

Varela, se ubica con naturalidad en otro esquema, donde su voz y su fraseo se imponen por encima de los otros elementos musicales, sin que ello suponga ni un mérito ni un demérito.

Así, acompañada al piano por Marcelo Macri, encarnó en la Usina del Arte un homenaje que presentó más su estilo que el del propio homenajeado y esto, de nuevo, dicho sin que implique un disvalor.

“Barrio de tango”, con letra de Homero Manzi, marcó el inicio del concierto, que prosiguió con una versión de “Sur”, de la misma dupla, más cercana a la intervención que el arreglo.

De las mismas plumas Varela ofreció el vals “Romance de barrio” y, de la colaboración Troilo-Enrique Cadúcamo, “Garía”.

Hubo lugar para citas fueras del repertorio troileano como “Por la vuelta” (Cadúcamo y Jose Tinelli),