En el corazón del ex Velódromo Municipal de Palermo, un espacio históricamente ligado al ciclismo volvió a llenarse de vida, aunque esta vez con otro protagonista: el vóley playa. Donde durante décadas hubo bicicletas girando sobre la pista, hoy la arena reúne a vecinos, deportistas y aficionados que disfrutan de una disciplina olímpica en pleno Parque Tres de Febrero.
En la actualidad, el predio cuenta con varias canchas de arena que todos los días reciben entrenamientos, partidos recreativos y encuentros entre amigos. El beach volley es mucho más que una variante del vóley tradicional: se juega con dos integrantes por equipo, sobre arena, exige una gran preparación física y combina velocidad, resistencia, coordinación y estrategia. Desde Atlanta 1996 forma parte del programa oficial de los Juegos Olímpicos y cada año suma más practicantes en todo el mundo.
La recuperación integral del ex Velódromo, que abarcó más de 42.000 metros cuadrados, incorporó infraestructura deportiva de primer nivel y consolidó este sector como uno de los nuevos polos para los deportes urbanos de la Ciudad. Además de la puesta en valor del histórico predio, se mejoraron senderos, iluminación y espacios recreativos para fomentar la actividad física al aire libre.
Las canchas suelen mostrar una imagen que hace algunos años era difícil imaginar en Buenos Aires: jóvenes entrenando, familias disfrutando del parque y equipos disputando partidos mientras los Bosques de Palermo sirven como escenario natural. El deporte encuentra aquí un entorno privilegiado, rodeado de árboles centenarios y amplios espacios verdes.
Sin embargo, el crecimiento del vóley playa invita a pensar en una nueva etapa. Si la demanda continúa aumentando, la Ciudad podría ampliar la cantidad de canchas para acompañar el desarrollo de una disciplina que ya tiene competencias nacionales e internacionales y que cada vez atrae a más personas de todas las edades.
El ex Velódromo demuestra así que un espacio histórico puede reinventarse sin perder su identidad: hoy la velocidad de las bicicletas dio paso a los saltos, bloqueos y remates sobre la arena, convirtiendo a Palermo en uno de los principales puntos de encuentro del vóley playa porteño.