El Siempreterno se presentará este sábado 26 de septiembre en Palermo Groove, avenida Santa Fe 4389, con su formación original. El regreso ocurre once años después de su última actuación, en octubre de 2015, y reúne nuevamente a Mimi Maura, Sergio Rotman, Ariel Minimal, Álvaro “Ruso” Sánchez y Fernando Ricciardi. Las entradas se venden de manera anticipada y la disponibilidad puede modificarse.
Hay recitales que se anuncian como una fecha más en una grilla nocturna y hay otros que llegan cargados de tiempo. El de El Siempreterno en Palermo Groove pertenece a la segunda clase. No es solamente la vuelta de una banda al escenario: es la reaparición de un proyecto que dejó de tocar cuando todavía estaba activo, con tres discos publicados, una identidad sonora consolidada y un público que nunca terminó de tratarlo como asunto cerrado.
La vuelta está anunciada para este sábado 26 de septiembre en Palermo Groove, en avenida Santa Fe 4389. La sala, uno de los espacios de conciertos con programación estable en el borde entre Palermo y Colegiales, recibirá a la formación original: Mimi Maura y Sergio Rotman en voces, Ariel Minimal en guitarra, Álvaro “Ruso” Sánchez en bajo y Fernando Ricciardi en batería. La información fue confirmada por la agenda cultural oficial de la Ciudad y por la producción del espectáculo.
Once años después, sin el mecanismo de la nostalgia automática
El dato de los once años importa porque obliga a salir del reflejo fácil de llamar “reencuentro nostálgico” a cualquier retorno. El Siempreterno dejó de tocar en octubre de 2015. No se trata, por lo tanto, de una pausa de una temporada ni de una banda que regresó apenas después de una gira suspendida. En el medio pasó una década larga: cambiaron los modos de escuchar música, las salas, las redes, los precios de las entradas y también las vidas de los músicos y de su audiencia.
Volver después de ese lapso implica otra clase de examen. Una canción que funcionaba en 2012 no vuelve intacta en 2026. El público tampoco. Quienes vieron a la banda en sus primeras fechas quizá lleguen con una memoria precisa de un disco, de una letra o de una noche particular; otros se habrán acercado después, por plataformas digitales, recomendaciones de amigos o el recorrido posterior de sus integrantes. El desafío no consiste en representar el pasado como una vitrina, sino en poner ese repertorio en presente.
La singularidad de El Siempreterno estuvo, justamente, en no sonar como una suma burocrática de músicos conocidos. Sus integrantes tenían trayectorias consolidadas, pero el grupo construyó un lenguaje propio. La ficha oficial lo ubica entre las propuestas más influyentes del post-punk argentino contemporáneo; esa etiqueta orienta, aunque no agota lo que ocurre en las canciones.
El post-punk, como genealogía, nunca fue un género quieto. Nació a fines de los años setenta cuando distintas bandas tomaron la energía y el desacato del punk, pero buscaron complejidad rítmica, climas más oscuros, líneas de bajo con mayor protagonismo, electrónica, dub, funk, experimentación y una mirada menos lineal sobre la canción rock. En Argentina, esa sensibilidad fue absorbida y transformada por escenas diferentes: el rock de los ochenta, el under de los noventa, la música independiente de los 2000 y las bandas que, sin pedir permiso a la etiqueta, eligieron la tensión antes que la comodidad.
Cinco músicos y una identidad que no funcionaba por separado
La vuelta recupera una formación puntual. Mimi Maura y Sergio Rotman estarán a cargo de las voces; Ariel Minimal, de la guitarra; Álvaro “Ruso” Sánchez, del bajo; y Fernando Ricciardi, de la batería. Esa nómina parece un dato de producción, pero en una banda de estas características es bastante más que eso: habla de una química construida en la escucha, los ensayos y la manera en que cada instrumento toma lugar sin convertirse en relleno.
En El Siempreterno, la voz no funciona únicamente como vehículo de una letra. Dos voces permiten fricción, respuesta, superposición y contraste. La guitarra no aparece como adorno virtuoso sino como superficie rítmica, textura y corte. Bajo y batería, por su parte, son decisivos en una música que necesita sostener un pulso firme sin volverse previsible. La banda se apoya en una arquitectura de grupo: si una de esas piezas cambia, cambia la manera de habitar las canciones.
Esa es una diferencia relevante frente a ciertos regresos armados alrededor de una marca o de una figura central. El anuncio no presenta una nueva versión de El Siempreterno con músicos de reemplazo, sino la reunión de la formación original. La página oficial del grupo conserva la misma integración al presentar su catálogo. el siempreterno – Bandcamp
También es una noticia para quienes piensan la música como una trama de relaciones y no sólo como una sucesión de hits. Muchas bandas sobreviven en la conversación pública por una canción que se vuelve inevitable; otras permanecen porque su discografía conserva una manera particular de hacer sonar una época. El Siempreterno pertenece a esta segunda familia. Sus temas no dependen de una efeméride ni de una consagración de televisión: circulan porque dejaron una marca en oyentes que valoran las zonas menos cómodas del rock.
Tres discos para volver a escuchar antes de la fecha
Entre 2010 y 2014, El Siempreterno publicó tres álbumes de estudio: El Siempreterno (2010), Hacia el mar de carbón (2012) y Para siempre (2014). Esa secuencia contiene el cuerpo central de la banda y permite entender por qué el regreso genera expectativa. No hay una discografía interminable que obligue a navegar veinte años de material: hay un recorrido concentrado, tres estaciones con carácter propio y un conjunto de canciones que, por la interrupción de 2015, quedó asociado a una historia abierta.
El debut de una banda suele tener la potencia del descubrimiento: el momento en que una formación deja de ser una promesa de ensayo y se convierte en un objeto público. El segundo disco, en cambio, suele cargar con una pregunta incómoda: ¿había una idea de fondo o sólo una primera impresión lograda? El tercero es muchas veces el punto en que un grupo demuestra si puede ampliar su lenguaje sin desdibujarse. Mirada en conjunto, la discografía de El Siempreterno permite seguir ese proceso de afirmación.
Volver sobre esos álbumes antes del show tiene sentido por razones que exceden el fanatismo. En la escucha actual, atravesada por listas automáticas y canciones sueltas, recuperar un disco completo puede ser una forma de entender el contexto de una banda. El orden de los temas, las variaciones de clima, la duración, los silencios y las decisiones de producción ofrecen información que una reproducción aislada rara vez conserva.
Para el público que llegue a Palermo Groove, la fecha también puede ser una oportunidad de entrada. No hay obligación de conocer todo el archivo para disfrutar un recital, pero un regreso como éste tiene capas: cada canción puede ser novedad para alguien y memoria para otro. Esa convivencia —la del que vuelve y la del que llega por primera vez— es una de las pocas cosas que todavía justifican la idea de “evento” en la música en vivo.
Palermo Groove y la persistencia de las salas medianas
Palermo Groove no es un estadio, y eso importa. Las salas de escala media cumplen una función que a menudo queda fuera de la discusión cultural: permiten una relación más directa entre escenario y público, sostienen recorridos que no necesitan la masividad para ser relevantes y concentran escenas que difícilmente tendrían lugar en circuitos puramente comerciales.
La dirección de la sala es avenida Santa Fe 4389, en una zona conectada con el flujo nocturno de Palermo y el límite inmediato con Colegiales. El barrio suele ser narrado a partir de restaurantes, diseño, bares y oficinas de producción audiovisual. Sin embargo, la música en vivo sigue siendo una de sus infraestructuras culturales más persistentes. Un recital de trasnoche moviliza gente, activa el transporte, ordena encuentros previos y prolonga la circulación peatonal en un área que durante el día tiene otra velocidad.
No conviene romantizar esa vida nocturna. Las salas enfrentan costos altos, cambios permanentes en los hábitos de consumo y un público que calcula con cuidado cada salida. Pero precisamente por eso una fecha de reencuentro adquiere peso. Para muchos asistentes, comprar una entrada no será un gesto de consumo cualquiera: será sostener una experiencia presencial que no puede reemplazarse por una reproducción desde el celular.
La dimensión barrial aparece también en la logística. Santa Fe concentra circulación de colectivos y está a una distancia caminable de estaciones de subte de la línea D. Quienes lleguen desde otros barrios deberían prever el regreso, especialmente si el espectáculo termina tarde. En las funciones nocturnas, la experiencia no termina en el último tema: incluye la salida de la sala, el encuentro con amigos, la búsqueda de transporte y ese tramo de avenida en el que la ciudad parece bajar de volumen sin quedarse quieta.
No es un museo: qué puede significar una vuelta
Los regresos de bandas suelen quedar atrapados entre dos exigencias injustas. Si repiten fielmente su repertorio, se les reprocha vivir del pasado. Si cambian demasiado, se les reprocha haber traicionado lo que el público recuerda. El Siempreterno llega a Palermo con una ventaja: su obra no fue sobreexpuesta. No cargó con el desgaste de una nostalgia convertida en franquicia. Eso permite que las canciones vuelvan a circular sin la obligación de representar una época congelada.
La pregunta, entonces, no es si el grupo puede “sonar como antes”. Nadie vuelve a sonar exactamente como antes, porque el tiempo deja marcas incluso cuando los integrantes son los mismos. La pregunta más fértil es qué habrá ganado el repertorio al pasar por once años de distancia. Una voz envejece, una guitarra toma otras decisiones, una base rítmica acumula otros reflejos. En el mejor de los casos, el paso del tiempo no borra la identidad: le da otra densidad.
También está el público. La música de una banda no vive sólo en sus discos ni en sus shows. Vive en los intercambios que genera, en las discusiones sobre una letra, en quien presta un álbum, en quien llega a una sala porque alguien le aseguró que tenía que ver a ese grupo al menos una vez. La vuelta de El Siempreterno puede reactivar ese circuito de recomendación, ahora mezclado con oyentes que descubren el proyecto desde archivos digitales y redes sociales.
Para Palermo, que suele recibir propuestas culturales de todo tipo, la fecha agrega una pieza menos previsible a la agenda. No es una inauguración de museo ni un gran festival de marca. Es una noche de banda, repertorio, volumen y reencuentro. Y eso, en una ciudad cada vez más acostumbrada a que todo sea inmediato y descartable, conserva una potencia particular.
Datos útiles para asistir
- Fecha: sábado 26 de septiembre de 2026.
- Artista: El Siempreterno, con su formación original.
- Lugar: Palermo Groove.
- Dirección: avenida Santa Fe 4389, Ciudad de Buenos Aires.
- Entradas: venta anticipada mediante Passline; la ticketera mostraba valores y disponibilidad sujetos a actualización al momento de la consulta.
- Recomendación: revisar el horario definitivo de apertura de puertas, las condiciones de ingreso y la disponibilidad antes de salir.
- Fuentes: agenda cultural oficial de la Ciudad de Buenos Aires, ticketera oficial del espectáculo y catálogo oficial de la banda.
No todos los regresos tienen el mismo sentido. Algunos funcionan como una foto vieja que se vuelve a imprimir; otros permiten que una obra interrumpida vuelva a discutir con el presente. El show de El Siempreterno en Palermo Groove tendrá que responder esa pregunta arriba del escenario, donde las explicaciones sobran y la música, finalmente, se hace cargo.
Preguntas para los lectores
¿Recordás alguna canción, show o disco de El Siempreterno que haya quedado asociado a una etapa concreta de tu vida, y qué te hace pensar que esa música sigue teniendo algo para decir once años después de su última presentación?
¿Las bandas deberían volver sólo cuando conservan su formación original, o una obra musical puede seguir viva con cambios de integrantes siempre que mantenga una búsqueda artística reconocible?
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