Crocante por fuera, húmeda adentro y con ese perfume de calabresa que hace que la cocina parezca una pizzería de barrio un domingo al mediodía.
Ingredientes — 2 a 3 porciones
- 5 huevos
- 3 papas medianas
- 120 g de calabresa en rodajas finas
- 1 cebolla grande
- 100 g de mozzarella o queso cremoso
- 1 cucharadita de pimentón ahumado
- Aceite de oliva o girasol
- Sal y pimienta
- Opcional: ají molido, perejil y un toque de provolone rallado
Preparación
- Cortá las papas en cubitos chicos o láminas finas. Cocinalas en sartén con aceite a fuego medio-bajo, sin apurarlas: tienen que quedar tiernas, no quemadas. Retiralas y escurrilas.
- En la misma sartén, rehogá la cebolla cortada en pluma hasta que esté transparente y dulzona. Sumá la calabresa y cociná apenas unos minutos: que largue su grasa y se dore en los bordes. No hace falta salarla mucho; la calabresa ya viene con carácter.
- Batí los huevos en un bowl con pimienta, pimentón ahumado y, si te gusta el picante, ají molido. Incorporá papas, cebolla, calabresa y el queso en cubitos. Dejá reposar cinco minutos para que el huevo abrace todo.
- Calentá una sartén antiadherente de unos 22 cm con un hilo de aceite. Volcá la mezcla y cociná a fuego bajo durante 5 a 7 minutos. Mové la sartén cada tanto: la tortilla debe deslizarse, no quedar soldada como una obra pública.
- Cuando los bordes estén firmes pero el centro todavía se mueva un poco, dala vuelta con un plato. Cociná 3 o 4 minutos más. Para una tortilla bien babé, apagá antes; para una más firme, dejala dos minutos extra.
Servila tibia con una ensalada criolla bien ácida —tomate, cebolla, morrón, vinagre y aceite— y pan de campo tostado. Un chorrito de oliva arriba, perejil fresco y listo: una tortilla con alma calabresa y modales porteños.