En el extremo norte de Punta Carrasco, junto al histórico Club de Pescadores y a pocos minutos del Aeroparque Jorge Newbery, sobrevive uno de los espacios públicos más atractivos para disfrutar del Río de la Plata. Es un lugar donde todavía se puede ingresar caminando, llegar en auto gracias a su amplio estacionamiento y pasar el día al aire libre sin costo.
Las imágenes muestran un paisaje que resume el espíritu del lugar: familias compartiendo mates, ciclistas, personas entrenando, aficionados a la pesca deportiva sobre las piedras de la costa y chicos remontando barriletes aprovechando los vientos permanentes del río. Todo con una de las mejores panorámicas del skyline porteño, Puerto Madero y la Costanera Norte.
El parque nació como parte de la recuperación de la costa ribereña y fue remodelado para dar continuidad a los espacios públicos de la Costanera Norte, luego de las obras vinculadas al Arroyo Maldonado y la ampliación del Aeroparque. Hoy constituye un gran pulmón verde junto al tradicional Club de Pescadores
Para los amantes de la aventura urbana, el lugar ofrece amplios sectores para caminar, correr, andar en bicicleta, hacer entrenamiento funcional, fotografía de naturaleza y observar el intenso movimiento de aviones que despegan y aterrizan a pocos metros. Los pescadores encuentran además uno de los puntos clásicos de la ribera porteña para intentar capturas sobre el Río de la Plata.
Cuando sopla el viento, el cielo se llena de barriletes, una postal que recuerda la tradición porteña de disfrutar los grandes espacios abiertos frente al río. La amplitud del terreno y la ausencia de edificios convierten a Punta Carrasco en un escenario ideal para estas actividades recreativas.
A pocos pasos también se encuentra el emblemático Club de Pescadores, fundado en 1903 y con su inconfundible edificio sobre el muelle, declarado Monumento Histórico Nacional. Desde allí se obtiene otra de las vistas más espectaculares de Buenos Aires y del Río de la Plata.
Punta Carrasco demuestra que todavía existen lugares donde el turismo, el deporte, la pesca, el descanso y el contacto con la naturaleza pueden convivir en un mismo espacio. Un rincón de Costanera Norte que invita a quedarse hasta el atardecer, cuando el río y la ciudad regalan una de las postales más lindas de Buenos Aires.