La Residencia de Escritores Malba abrirá su convocatoria el lunes 2 de noviembre. Seleccionará a cinco autores extranjeros para desarrollar proyectos propios en contacto con la escena cultural porteña. Una oportunidad para reivindicar la lectura, el oficio y la imaginación en tiempos de textos automáticos.
Buenos Aires todavía tiene algo que ofrecerle a quien llega con un cuaderno, una pregunta y ganas de escribir. Sus librerías, sus conversaciones de café, sus contradicciones y sus barrios siguen siendo materia literaria. En ese escenario, Malba anunció que el lunes 2 de noviembre de 2026 abrirá la convocatoria para la edición 2027 de su Residencia de Escritores (REM). Serán seleccionados cinco autores extranjeros, que dispondrán de cinco semanas en la ciudad para trabajar en un proyecto propio y vincularse con la vida cultural local.
La noticia merece atención por lo que propone: dedicar tiempo a una obra. Leer, investigar, caminar, escuchar y corregir. En una época que premia la velocidad y permite fabricar párrafos en segundos, una residencia literaria recupera una idea antigua y necesaria: escribir exige algo más que llenar una página.
Cinco semanas para trabajar en una obra
Según el anuncio de Malba, la convocatoria abarcará todas las estadías de la edición 2027 y se realizará a través de la web de la REM. El programa está dirigido a autores extranjeros: conviene tener presente ese alcance para no confundirlo con un concurso abierto a cualquier vecino que quiera comenzar a escribir.
El adelanto difundido no precisa la fecha de cierre ni detalla los requisitos, la documentación o los beneficios económicos correspondientes a 2027. Esos puntos deberán consultarse en las bases de esta edición. Las condiciones de convocatorias anteriores no deben darse por vigentes automáticamente.
La REM funciona desde 2018 como una iniciativa de Malba Literatura. Su propuesta combina el trabajo individual con el intercambio entre autores y la producción artística de Buenos Aires. Conversaciones, entrevistas, lecturas y vínculos con otros actores culturales forman parte del enfoque del programa. MALBA
Palermo y Buenos Aires como materia literaria
Para Palermo, la presencia de escritores que llegan desde otros países ofrece una oportunidad de intercambio. El barrio puede ser una puerta de entrada a una ciudad que cambia de tono entre una avenida y un pasaje, entre una vidriera y una biblioteca, entre el ruido del tránsito y una charla que se prolonga en la vereda.
Pero una ciudad no se conoce acumulando postales. También hay que escuchar cómo habla la gente, observar qué trabajos sostiene, qué recuerdos conserva y qué conflictos atraviesa. Una residencia puede ofrecer ese tiempo de atención que el turismo apurado suele perder: volver a una misma esquina, reconocer una voz, descubrir que detrás de una fachada hay una historia.
El interés para los lectores y escritores locales está en ese encuentro. Una mirada extranjera puede advertir algo que la costumbre volvió invisible; una conversación con alguien del barrio puede desarmar los lugares comunes con los que llegó un visitante. Allí aparece una de las posibilidades más fértiles de la literatura: mirar de nuevo.
Escribir no es apretar un botón
Esta convocatoria también permite plantear una discusión que atraviesa la cultura: ¿qué sucede con la escritura cuando se delega el trabajo de pensar y redactar en una inteligencia artificial?
Desde estas páginas defendemos el oficio. Queremos escritores que lean, que conozcan las palabras que utilizan y que puedan hacerse responsables de lo que firman. Que investiguen cuando no saben, que revisen una afirmación y que soporten la incomodidad de una frase que todavía no encuentra su forma.
No hace falta afirmar que ya nadie escribe: hay personas que siguen trabajando con seriedad, muchas veces sin reconocimiento ni condiciones favorables. Precisamente por eso merecen espacio. El problema aparece cuando la producción automática se presenta como si detrás hubiera existido una experiencia, una investigación o una búsqueda personal que nunca ocurrió.
La facilidad para obtener un texto tampoco elimina la necesidad de aprender. Un párrafo puede sonar correcto y no decir nada. Puede tener buena gramática y una idea equivocada. Puede resultar elegante y carecer de una sola observación propia. El escritor tiene que poder reconocer esas diferencias; el lector merece que alguien haya hecho ese trabajo.
Una invitación a recuperar la paciencia
La residencia está destinada a autores extranjeros, pero su anuncio deja una invitación más amplia para quienes escriben en Buenos Aires: ponerse a trabajar. Retomar ese cuento abandonado, leer fuera de las recomendaciones de siempre, anotar una conversación sin traicionar a sus protagonistas, buscar antecedentes y corregir con paciencia.
Tampoco hace falta esperar una beca para empezar. Un cuaderno, una biblioteca pública y un horario sostenido pueden abrir un camino. Después vendrán los talleres, las lecturas compartidas, los rechazos y las nuevas versiones. El oficio se construye ahí, cuando desaparece el entusiasmo inicial y todavía queda una página por resolver.
Desde el 2 de noviembre, los autores extranjeros interesados podrán consultar la convocatoria 2027 en el sitio de la Residencia de Escritores Malba: rem.malba.org.ar. Para la comunidad cultural porteña, será una oportunidad de seguir una iniciativa que pone el tiempo de creación en primer plano.
Porque Buenos Aires necesita historias nuevas, pero también personas dispuestas a salir a buscarlas. Y cuando alguien firme una página, queremos encontrar una voz que tenga algo que decir y haya trabajado para decirlo.
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