El estudio BMA participa del anteproyecto de Simon Hotel Palermo, anunciado para el antiguo predio de Bodegas López. Su trayectoria incluye El Solar de la Abadía y grandes desarrollos comerciales. El nuevo desafío será integrar un complejo hotelero de gran escala a la vida del barrio.
Palermo suma un proyecto que promete modificar su paisaje y su oferta turística: Simon Hotel Palermo, un emprendimiento anunciado con una inversión de US$120 millones y unas 500 habitaciones. Detrás de su arquitectura aparece el estudio Bodas Miani y Asociados, conocido como BMA. Su participación abre una pregunta que va más allá de las dimensiones del edificio: cómo incorporar un establecimiento de semejante tamaño a un barrio cuya identidad también se construye en las veredas, los comercios y los encuentros cotidianos.
Según la información, el estudio está desarrollando el anteproyecto junto con los impulsores del emprendimiento. El terreno perteneció a Bodegas López y ocupa buena parte de una manzana con frentes sobre Godoy Cruz, Costa Rica y El Salvador. Aunque el anuncio ya circula como una nueva construcción, el comienzo de los trabajos está previsto para el primer trimestre de 2027.
BMA: los nombres detrás del estudio
Martín Bodas, Rodolfo Miani y Alejandro Anger son los socios fundadores de BMA, un estudio surgido a comienzos de la década de 1990. Su trayectoria se desarrolló alrededor de edificios y conjuntos que deben resolver numerosos usos, recorridos y necesidades al mismo tiempo. Esa experiencia resulta especialmente relevante para un hotel que combinará alojamiento, locales comerciales y espacios de encuentro.
En su presentación institucional, BMA informa más de tres décadas de actividad y más de 400 proyectos en distintos países. Su campo de trabajo comprende arquitectura residencial, hotelera, comercial, cultural, deportiva e infraestructura de transporte, además de urbanizaciones y desarrollos de usos mixtos. Es un perfil ligado a encargos donde el diseño debe coordinarse con una operación cotidiana compleja.
El antecedente cercano: El Solar de la Abadía
Para los vecinos de Palermo, uno de los antecedentes más reconocibles del estudio es El Solar de la Abadía. BMA identifica ese emprendimiento como su primer gran proyecto y como un punto de partida de su crecimiento profesional. La transformación de una antigua fábrica en un centro comercial instaló una relación entre arquitectura, actividad económica y recorridos barriales que sigue siendo pertinente para pensar nuevas intervenciones.
El vínculo con el futuro hotel está en el tipo de desafío: resolver un programa comercial de escala considerable dentro de una ciudad que ya tiene historia, habitantes y costumbres. Un edificio puede funcionar correctamente hacia adentro y, sin embargo, ofrecer una relación pobre con su entorno. Por eso, en Palermo, la planta baja merece tanta atención como las habitaciones.
Cómo se plantea la arquitectura del nuevo hotel
La propuesta difundida contempla entre 35.000 y 38.000 metros cuadrados construidos, con planta baja, siete pisos y tres subsuelos. Las habitaciones se distribuirán en los niveles superiores, mientras que el acceso reunirá un gran lobby y espacios comerciales. También se anunciaron unas 300 cocheras, un salón de eventos, un patio interior con vegetación y espejo de agua, y una terraza con solárium.
La participación del chef Fernando Trocca como asesor y curador gastronómico apunta a sumar restaurantes y bares capaces de atraer público del barrio. Los desarrolladores aclararon, sin embargo, que la composición de los locales todavía no está completamente definida. Son características anunciadas para el anteproyecto: no deben confundirse con instalaciones terminadas ni con una oferta que ya pueda reservarse.
El desafío arquitectónico está en la vereda
Desde una mirada barrial, uno de los aspectos decisivos será cómo se encuentre el hotel con la calle. Los accesos, las entradas a las cocheras, el abastecimiento y la circulación de huéspedes tendrán que convivir con peatones, viviendas y comercios existentes. La presencia de locales puede favorecer esa integración, aunque el resultado dependerá de su diseño y funcionamiento.
También será importante conocer la resolución de las fachadas, los materiales, las sombras y el tratamiento acústico. La información difundida todavía no permite evaluar en detalle esas decisiones. Tampoco alcanza para afirmar cómo se tratarán las posibles preexistencias del antiguo predio: construir sobre un lugar con historia vuelve relevante conocer qué elementos se conservarán y cómo se documentará su memoria.
Una nueva escala para el turismo en Palermo
Para quienes recorren Buenos Aires, el interés del proyecto excede la futura disponibilidad de camas. Un complejo de estas dimensiones puede convertirse en un nuevo punto de encuentro y modificar los circuitos gastronómicos y peatonales de sus alrededores. Esa posibilidad también exige observar qué aporta al espacio cotidiano de quienes viven allí.
El trabajo de BMA tendrá, por lo tanto, una doble medida: la experiencia de quienes se alojen y la relación del edificio con Palermo. El barrio podrá recibir visitantes de todo el mundo; el desafío arquitectónico será que, al salir a la vereda, siga encontrándose consigo mismo.
BMA: del Solar de la Abadía a los grandes hoteles, cómo piensan los arquitectos del nuevo proyecto de Palermo
Martín Bodas, Rodolfo Miani y Alejandro Anger fundaron un estudio que pasó de las remodelaciones a los aeropuertos, los centros comerciales y los complejos de lujo. Su participación en el anteproyecto de Simon Hotel Palermo permite conocer una manera de ejercer la arquitectura que combina diseño, funcionamiento y desarrollo inmobiliario.
Muchos porteños conocen sus edificios sin conocer sus nombres. Recorrieron El Solar de la Abadía, atravesaron sectores de Aeroparque o vieron el conjunto SLS de Puerto Madero. Detrás de esos proyectos aparece BMA, el estudio fundado por Martín Bodas, Rodolfo Miani y Alejandro Anger a comienzos de los años noventa. Ahora, su participación en el anteproyecto del futuro Simon Hotel Palermo vuelve a ponerlos frente a un desafío característico de su trayectoria: resolver edificios de gran escala que reúnen distintas actividades.
Para entender qué tipo de arquitectos son, conviene observar tanto sus obras como su manera de trabajar. En su recorrido aparecen centros comerciales, infraestructura aeroportuaria, viviendas y hoteles. Esa diversidad permite reconocer una orientación profesional: abordar encargos complejos donde la forma del edificio debe responder a recorridos, servicios, necesidades comerciales y experiencias de uso. Es una lectura de su producción, más que una etiqueta estilística elegida por sus integrantes.
El Solar de la Abadía: el encargo que cambió la escala
Antes de los grandes desarrollos, hubo remodelaciones y viviendas familiares. El salto llegó con El Solar de la Abadía, en Las Cañitas, donde el estudio debió transformar una antigua fábrica de gas carbónico en un centro comercial. Aquel trabajo los enfrentó tempranamente con una obra considerable y con la necesidad de coordinar decisiones entre profesionales, clientes y especialistas.
El Solar también ayuda a comprender una característica de su formación: aprendieron a trabajar con edificios que debían atraer público y funcionar todos los días. En una entrevista sobre la historia del estudio, sus integrantes explicaron que aquella experiencia les dio flexibilidad para encarar nuevos encargos. La arquitectura aparecía como un servicio desarrollado junto con otras disciplinas, con una responsabilidad compartida sobre el resultado.
Cómo trabajan: el taller, el dibujo y la discusión
Aunque sus proyectos alcanzaron dimensiones internacionales, sus declaraciones mantienen una referencia al taller de arquitectura. “El estudio funciona como un taller. Es calco y lapicera”, describió Alejandro Anger en una entrevista conservada en el archivo de prensa de BMA. La frase remite al dibujo como herramienta para explorar alternativas y discutir decisiones, incluso dentro de una organización que necesita tecnología y equipos especializados.
Martín Bodas, por su parte, ha relacionado el ejercicio profesional con el compromiso físico y mental que exige cada proyecto. De esas declaraciones surge una valoración del proceso: probar, revisar y convertir una idea en una solución construible. Conviene distinguir esa manera de trabajar de los gustos personales de cada socio, sobre los cuales las fuentes consultadas no permiten elaborar un retrato íntimo.
Aeroparque y Ezeiza: arquitectura para orientar a miles de personas
La participación de BMA en proyectos para Aeroparque Jorge Newbery y en la nueva terminal de partidas de Ezeiza muestra una vertiente diferente de su producción. En un aeropuerto, diseñar implica organizar flujos, facilitar la orientación y coordinar infraestructura, seguridad y servicios. La experiencia del pasajero depende tanto de la imagen del edificio como de comprender hacia dónde debe caminar.
En la presentación de la terminal de Ezeiza, Rodolfo Miani explicó la intención de generar una secuencia espacial que acompañara la partida. El proyecto utiliza una estructura de metal y vidrio y una cubierta cuya forma participa de la identidad exterior y de la protección de los accesos. Allí se reconoce un interés por combinar una imagen expresiva con una función concreta: conducir y recibir al viajero
SLS Puerto Madero: combinar actividades sin confundirlas
SLS Puerto Madero ofrece un antecedente especialmente útil para comprender su experiencia hotelera. El conjunto reúne residencias, hotel y locales comerciales. Según la memoria del estudio, la disposición girada de sus bloques buscó aprovechar las vistas hacia el río y la ciudad, mientras que los distintos accesos permiten organizar la convivencia entre huéspedes, residentes y visitantes.
La propuesta incorpora una calle interna, una plaza pública con esculturas y un lobby hotelero de triple altura. El arte forma parte de la identidad del complejo. En esta obra se puede leer una búsqueda que reaparece en los desarrollos de usos mixtos: acercar distintas actividades y, al mismo tiempo, resolver sus necesidades de privacidad, circulación y funcionamiento.
Qué les interesa: edificios que puedan adaptarse
Una de las señales más recientes sobre sus intereses profesionales apareció en la participación de Rodolfo Miani en el Congreso de Centros Comerciales de Latinoamérica de 2026. Allí planteó cómo diseñar espacios comerciales que mantengan su relevancia dentro de veinte años. La pregunta desplaza la atención desde la inauguración hacia la vida útil del edificio y su capacidad de acompañar cambios sociales.
De acuerdo con la reseña publicada por BMA, Miani señaló una evolución hacia centros comerciales más abiertos, integrados y sustentables. Entre los proyectos que presentó figuraron Recoleta Mall, Casacostanera, Parque La Colina y ViaViva. Es una posición declarada por el arquitecto; evaluar cómo se cumple requiere analizar cada obra y su relación efectiva con el entorno.
Qué puede aportar esa experiencia al futuro hotel de Palermo
El anteproyecto de Simon Hotel Palermo reúne problemas que BMA ya abordó en otras escalas: alojamiento, espacios comerciales, circulación de público y servicios. Su experiencia permite entender por qué el estudio participa de un emprendimiento que busca combinar una operación hotelera considerable con actividad gastronómica y espacios comunes.
Para Palermo, la cuestión decisiva será cómo se traduzca ese conocimiento en el lugar concreto. La calidad de los accesos, el tratamiento de la planta baja, el movimiento de vehículos y la relación con las veredas tendrán consecuencias cotidianas. Allí se medirá una parte esencial del trabajo: lograr que un edificio pensado para recibir viajeros también encuentre su lugar entre quienes ya habitan el barrio.