Calesitas de Palermo: un giro en la memoria de Buenos Aires
Buenos Aires ha sido, desde siempre, una ciudad donde la nostalgia y la modernidad giran como en una calesita. Entre edificios imponentes y calles bulliciosas, las calesitas de Palermo siguen ofreciendo su ronda interminable de magia y recuerdos. Un paseo en estos carruseles porteños es un viaje a la infancia, una postal de otro tiempo que, contra viento y marea, sigue girando en plazas y parques.

Calesitas en Palermo
HORARIO
Todos los días de 15 a 20 hs.
No abre los días de lluvia.

Buenos Aires ha sido, desde siempre, una ciudad donde la nostalgia y la modernidad giran como en una calesita. Entre edificios imponentes y calles bulliciosas, las calesitas de Palermo siguen ofreciendo su ronda interminable de magia y recuerdos. Un paseo en estos carruseles porteños es un viaje a la infancia, una postal de otro tiempo que, contra viento y marea, sigue girando en plazas y parques.
Un origen de cuento
Las calesitas nacieron en Turquía, allá por el siglo XVII, y poco a poco fueron conquistando Europa bajo distintos nombres: carrousel en Francia, giostra en Italia, merry-go-round en Gran Bretaña y tío-vivo en España. En Argentina, se convirtieron en un ícono de la infancia, un refugio donde los niños y niñas podían dejar volar su imaginación mientras daban vueltas en caballos de madera, aviones y góndolas que, aunque inmóviles, parecían surcar el aire.
El barrio de Palermo supo albergar algunas de las calesitas más queridas de la ciudad. Desde la clásica calesita del Jardín Zoológico, instalada en 1943, hasta la entrañable Calesita del Parque Tres de Febrero, inaugurada en 1960, cada una de ellas ha sido testigo de generaciones de pequeños jinetes en busca de la ansiada sortija.




Boletos
En un día soleado, una calesita bien ubicada llega a vender hasta 500 boletos.
La sortija: un trofeo inolvidable
No hay calesita sin sortija. Ese pequeño anillo metálico, atrapado con destreza por la mano del jinete más osado, otorgaba un pasaje gratuito para otra vuelta. La tradición se popularizó en los años 30, cuando los calesiteros, muchas veces nómades, armaban y desarmaban sus atracciones en potreros y plazas. Con el tiempo, la sortija se convirtió en el símbolo de la perseverancia infantil: la recompensa para quien se animaba a estirar la mano y desafiar el vértigo del giro.




La sortija: un trofeo inolvidable
No hay calesita sin sortija. Ese pequeño anillo metálico, atrapado con destreza por la mano del jinete más osado, otorgaba un pasaje gratuito para otra vuelta. La tradición se popularizó en los años 30, cuando los calesiteros, muchas veces nómades, armaban y desarmaban sus atracciones en potreros y plazas. Con el tiempo, la sortija se convirtió en el símbolo de la perseverancia infantil: la recompensa para quien se animaba a estirar la mano y desafiar el vértigo del giro.
Calesitas de Palermo: una vuelta al pasado
Palermo, con su espíritu bohemio y su amor por las tradiciones, mantiene en pie varias de sus calesitas más emblemáticas:
- Calesita del Jardín Zoológico (hoy Ecoparque), donde los caballos de madera han visto pasar generaciones de niños desde 1943.
- Calesita del Parque Tres de Febrero, en funcionamiento desde 1960, rodeada de verde y con vista al Rosedal.
- Calesita de la Plaza Campaña del Desierto, instalada en 2004, un guiño al barrio que nunca quiso perder su rincón de juegos.
- Calesita de la Plaza Unión Latinoamericana, que gira desde 1979 y sigue siendo punto de encuentro para familias y chicos del barrio.
- La Calesita de Pedrito, en el Parque Las Heras, un clásico de Juncal y Coronel Díaz.
- El Carrousel del Ecoparque, una joya restaurada con más de 30 caballos y juegos para disfrutar en familia.
La calesita y el tango: una pareja de barrio
Si hay algo que define a Buenos Aires es la poesía del tango, y la calesita no podía quedar afuera. Cátulo Castillo y Mariano Mores le dieron voz a ese giro nostálgico con La Calesita, una melodía que evoca la infancia porteña con un dejo de melancolía:
«La calesita del amor, piolín de la ilusión…«
Un verso que resume esa eterna vuelta al pasado que todos, alguna vez, soñamos dar.
Un legado que sigue girando
En tiempos donde la tecnología avanza y las pantallas parecen reemplazar el juego tradicional, las calesitas de Palermo siguen firmes, girando bajo la mirada de los abuelos que llevan de la mano a sus nietos para compartir con ellos un instante de felicidad sencilla y genuina. Porque en cada vuelta, en cada sortija atrapada y en cada melodía de organito, la infancia se asoma una vez más, recordándonos que hay cosas que nunca deberían dejar de girar.