Historia del Barrio de Palermo
Por Norma Drobner vecina de Palermo
Podían comprarse en ellas agujas e hilos, telas, ropa interior, vestidos, o plumas para los sombreros. Esto era muy importante porque entonces las mujeres por lo general se cosían toda o parte de su ropa.
Como ya lo he dicho antes, los negocios no abundaban en el radio de nuestra Parroquia hace 70 años. La Av. Las Heras y los alrededores de la plaza Sobral eran los lugares en que se agrupaba la mayoría de los existentes, salvo los ya mencionados corralones y los despachos de bebida.
Justamente en la plaza estaban las dos tiendas. Aunque aquí cabe hacer una aclaración: en aquel entonces se agrupaba bajo la denominación de tienda lo que ahora llamamos de distintas formas, es decir, mercería, sedería, tienda de confecciones, boutique, etc.
Dicho de otra forma, podían comprarse en ellas agujas e hilos, telas, ropa interior, vestidos, o plumas para los sombreros. Esto era muy importante porque entonces las mujeres por lo general se cosían toda o parte de su ropa.
Las de clase media compraban ropa de confección, que generalmente necesitaba arreglos que eran hechos en casa, aprovechando los conocimientos de costura aprendidos familiarmente o en las clases de labor impartidas en los colegios primarios, como materia complementaria, ahora reemplazada por Educación Artesanal. Eso hacía que las señoras compraran muchas telas, hilos, lanas, agujas, dedales, etc.
Pero aun en aquel tiempo, las tiendas de la plaza, que hasta hace poco existían, se diferenciaban por su actividad. La Blanco, en la esquina, se dedicaba principalmente a la venta de ropa, mientras que La Bolita de Nieve, sobre Cabello, era más mercería, ampliando luego sus actividades. Después se instaló una tienda más pequeña, pero seguía estando en la zona de la plaza. Esto hacía que las que vivían mas cerca del Zoológico tuvieran que caminar muchas cuadras.
Hasta que apareció “la tienditaâ€, sobre cuya historia quiero detenerme, aunque sólo sea para mostrar como esta tierra recibió siempre a quien venía con buenas intenciones y ganas de trabajar.
Era un local obtenido de la refacción del frente de un conventillo, en la cuadra del 3900 de Cabello. Una simple habitación un poco grande, con vidrieras al frente.