Palermo se convierte en una postal parisina por dos días
Hay barrios que, cada tanto, dejan de parecer Buenos Aires y se transforman en otra cosa. Palermo tiene esa capacidad medio mágica, medio absurda. Este fin de semana, el Rosedal volverá a convertirse en una pequeña París improvisada entre jacarandás, bicicletas, turistas perdidos y porteños que salen a caminar con hambre. La Feria Francesa regresa el sábado 9 y domingo 10 de mayo con entrada libre y gratuita, y promete volver a llenar de aromas a manteca, chocolate, quesos y pan recién horneado uno de los rincones más elegantes de la Ciudad.
El evento se realizará de 11 a 18.30 en el Rosedal de Palermo, sobre Avenida Iraola y Avenida Sarmiento, frente al Monumento de los Españoles. Más de 30 stands gastronómicos participarán de esta edición organizada por Lucullus, la Asociación Gastronómica Francesa en Argentina, que además celebra sus 15 años de actividad en el país.
Y sí, Palermo otra vez será territorio francés. Aunque con mate en la mano, SUBE cargada y gente preguntando cuánto sale un éclair mientras mira el celular para ver si llegó el sueldo.
Croissants, raclette y un perfume a manteca que invade el parque
La feria tendrá propuestas clásicas de la cocina francesa: boulangerie, pastelería, chocolates, charcutería, quesos, macarons, crêpes y platos tradicionales. Participarán emprendimientos y cocineros reconocidos dentro del circuito gourmet porteño, muchos ya instalados en Palermo desde hace años.
Habrá puestos de Cocu, Gontran Cherrier, L’Épi, Raclette, Choux Éclairs, French Cookie, Merci, Kakawa y otros espacios gastronómicos que desde hace tiempo forman parte del paisaje foodie de la Ciudad.
La escena promete tener algo de película europea y algo de picnic porteño. Familias tiradas sobre el pasto, turistas sacando fotos al lago, parejas haciendo fila para comprar pain au chocolat y corredores frenando el entrenamiento para clavarse una croissant rellena. Palermo tiene esas contradicciones hermosas: gimnasio y manteca conviven en la misma cuadra sin culpa alguna.
Música en vivo, clases y cultura francesa al aire libre
Además de la comida, la feria incluirá masterclasses gastronómicas, clases abiertas y música en vivo durante las dos jornadas. Entre las actividades destacadas habrá demostraciones culinarias de chefs franceses y recitales con repertorio ligado a la chanson y al jazz manouche.
El sábado tocará Fanny Rose y los Manush, mientras que el domingo se presentará Agathe Cipres. También habrá clases de cocina con chefs invitados que prepararán platos típicos frente al público.
La propuesta no apunta solamente a vender comida. Busca recrear una experiencia cultural francesa en medio de Buenos Aires. Algo que Palermo consume con entusiasmo desde hace años: cafés de especialidad, panaderías artesanales, brunch eterno, vinos naturales y estética europea mezclada con veredas rotas y colectivos pasando fuerte por Libertador.
Palermo y su vieja obsesión con París
La relación entre Buenos Aires y Francia no es nueva. Desde fines del siglo XIX, la elite porteña copió arquitectura, moda, gastronomía y hasta costumbres parisinas. Recoleta, Retiro y parte de Palermo nacieron mirando a Francia como modelo cultural. Todavía hoy sobreviven edificios afrancesados, bares inspirados en bistrós y un imaginario porteño que sigue creyendo que caminar por Palermo Soho bajo árboles otoñales tiene algo de Montmartre sudamericano.
Por eso la Feria Francesa funciona tan bien acá. Porque mezcla turismo, gastronomía, nostalgia y aspiración social. Francia sigue siendo para muchos porteños una especie de fantasía elegante: quesos caros, vino, conversación lenta y manteca sin culpa.
Mientras tanto, alrededor del Rosedal pasarán runners, vendedores ambulantes, familias enteras y turistas brasileños preguntando dónde queda el Planetario. Palermo, como siempre, será un collage extraño pero irresistible.
Un clásico que ya forma parte de la agenda porteña
Con entrada gratuita y actividades para toda la familia, la Feria Francesa ya se convirtió en uno de los eventos gastronómicos más esperados del otoño porteño. Y en una ciudad golpeada por la crisis, donde salir a comer muchas veces parece un lujo olímpico, este tipo de ferias permiten al menos pasear, probar algo distinto y sentir por unas horas que Buenos Aires todavía conserva cierta idea de celebración urbana.
Porque a veces la Ciudad también necesita eso: un poco de música, algo rico para comer y dos días donde Palermo huela más a croissant que a humo de colectivo.