La escena del arte argentino una apuesta dialéctica al desconcierto en el Malba

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Palermotour en el arte: Quienes hayan seguido la escena del arte argentino en las últimas décadas coincidirán en evocar la singularidad de la obra de Jorge Macchi, como una apuesta dialéctica al desconcierto que se desplaza entre lo grande y lo pequeño. De allí el oportuno título de Perspectiva con que se presenta su antológica en el Malba. No sólo porque el conjunto permite una visión abarcadora de la obra del artista que desde el presente se dirige al pasado, convive y se aleja también de él, sino también porque lo que reclama del espectador es un permanente ajuste de foco. O mejor, ajustes más ampliados de percepción que lo involucran más allá de lo estrictamente visual. La obra de Macchi, que empezó a manifestarse en la pintura, una práctica que nunca abandonó en la intimidad y reflotó de manera más pública en los últimos tiempos, fue modificando los límites de los espacios que abordó en sentido real y metafórico.

Si bien su poética desliza una especial predilección por lo íntimo, que penetra en los intersticios de las cosas de un modo particularmente sutil, al mismo tiempo es capaz de descolocar al espectador con cierta dosis de brutalidad. Por caso, cuando lo pone ante la experiencia de escalas mayores de un modo rotundo. Algo así ocurre con “Still Song”, la instalación que por primera vez se ve en Buenos Aires, tras haber sido concebida en 2005 para la exhibición central de la 51 Bienal de Venecia. En esta pieza los destellos de un globo espejado -como los de una disco-, exhiben en el piso y las paredes orificios que parecen disparos. Hay allí un sustrato de violencia en el que resuenan ecos de los bucchi de Fontana, que dispara en múltiples direcciones, como los agresivos haces de luz. Similar modificación de la experiencia propusieron las intervenciones “Container”, que realizó en 2013 en el MAMBA y “Marienbad”, la que realizó para la Bienal de Lyon en 2011. Ninguna de estas dos últimas fue incluida en el conjunto que ahora exhibe el Malba.

Curado por Agustín Pérez Rubio y conformado por 60 obras que abarcan distintos momentos de la producción del artista desde principios de los 90, el conjunto que se despliega en torno de varios núcleos de problemas que abordó a lo largo de estas dos décadas y media, tiene en la serie de mapas su punto de partida. Las cartografías son un capítulo fundamental en la obra de Macchi y una contribución esencial al sistema poético ficcional, que Adriano Pedrosa llamó la “escuela cartográfica argentina” de la que participa junto a Guillermo Kuitca. Para el crítico brasileño la fuente teórico-filosófica, es sin duda Jorge Luis Borges pero fundamentalmente Suárez Miranda, el autor apócrifo del relato “Del rigor en la ciencia”.

En gran medida los mapas de Macchi son una combinación del rigor y azar. En el caso de “Buenos Aires Tour”, una de las piezas interactivas que reciben al visitante en el Malba, originalmente concebida para la Bienal de Estambul en 2003, éstos son principios constitutivos. Se trata de un recorrido que resulta imposible de no relacionar con Borges y sus frecuentes derivas por la ciudad. Con todo, su traza fue definida por las grietas de un vidrio deliberadamente quebrado sobre un mapa de Buenos Aires. A partir de ese curioso accidente intencional, Macchi definió los lugares que marcarían ese recorrido y trabajó junto a la poetisa María Negroni y Edgardo Rudnitzky para registrar además de imágenes, objetos, sonidos y voces capaces de dar cuenta de la vitalidad caótica de la ciudad como también de sus rincones apacibles. Se trata de una obra compleja que incluye mapas, cuadernos de notas, postales, estampillas y reclama una particular atención de parte del espectador pero lo compensa ampliamente con hallazgos insospechados…

El punto de partida remite a “Vidas Paralelas”, la obra de 1998, también incluida en esta muestra, que consiste tan sólo en dos vidrios quebrados que repiten exactamente la misma fractura como en espejo. La sutileza desconcertante de esta obra es uno de los signos tempranos del tipo de sensibilidad que el artista cultiva.

La mayor parte de sus cartografías son realizadas a partir de recortes, supresiones de textos y referencias analógicas en mapas, diarios y guías en papel. La obra es un remanente; el resultado de una operación de vaciamiento intencional que opta por lo accesorio anulando lo central. Podría decirse que el programa estético de Macchi apunta casi siempre a alterar los términos habituales de la percepción y sus convenciones. Así, la forma sin texto pierde su función y por momentos se desploma, incapaz de sostenerse. A veces, es la propia condición de estructura inútil lo que queda expuesto, como en la “Guía de la Inmovilidad”, una guía de medios de transporte vaciada de datos y reducida a una grilla de capas superpuestas. Si la cartografía respondió desde siempre a la voluntad de representar en un sistema de signos el espacio real, nada podía resultar más afín a las estrategias de Macchi que permanentemente juegan con alternancias entre lo micro y lo macro.

La música es otro de los tópicos que sobrevuela de modo persistente la obra de este artista y asume formas diversas: partituras objeto, cajas de música, films reeditados, instalaciones y desplazamientos formales y materiales hacia distintas formas ficcionales de notación musical. El pensamiento musical de Macchi -quien estudió piano sin dedicarse por entero a él aunque conserva la marca de esa formación- se desliza cada vez con mayor frecuencia en su obra. De la colaboración que mantiene con Edgardo Rudnitzky desde 2000, llega a esta exhibición, además de “Buenos Aires Tour”, “De aquí a la eternidad” y “El cuarto de las cantantes”, una obra multimedia realizada sobre el poema “Adiós” de Idea Vilariño. El escueto poema de la poetisa uruguaya aparece y desaparece lentamente, proyectado, letra por letra, sobre cuatro placas de vidrio alineadas en visión superpuesta. Cada letra o fragmento del poema es acompañado en su breve aparición con sonidos del mismo tenor que aportó Rudnitzky. De un seco lirismo, el atractivo de esta obra tiene mucho que ver con la economía de medios.

Otros puntos de interés en la obra de Macchi de relieve en esta exhibición, apuntan a los enigmas de espacio y tiempo; a la fragilidad de los límites, al vacío del discurso. Pero fundamentalmente a la inversión de lo habitual que se empeña en el desconcierto. El espectador se inquietará ante la proyección “XYZ”, en la que las agujas de un reloj no pueden separarse de la habitación que lo contiene. O ante la iluminación de la habitación “Hotel” que se vuelve más intensa a medida que se aleja del foco de luz. Un sentido de continuidad espacial asegurará esos climas más allá de las salas con otras dos exhibiciones. La primera, en la Universidad Torcuato Di Tella, acogerá la instalación “Refracción” y, una semana después presentará,”La noche de los museos”, una intervención en la sala María Luisa Bemberg que ha sido pensada para el Museo Nacional de Bellas Artes.

FICHA
Jorge Macchi
Perspectiva

Lugar: Malba, Av. Figueroa Alcorta 3415
Fecha: hasta el 23 de mayo
Horario: jueves a lunes, 12 a 20; miércoles, 12 a 21
Entrada: general, $90. Estudiantes, docentes y jubilados, $45. Miércoles, general: $45. Estudiantes, docentes y jubilados, gratis.