Iván Kerner y Mey Clerici dieron talleres de ilustración en 32 países. Y ayer cerraron su gira en el Planetario.

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Del mundo a Buenos Aires, con más sueños para dibujar

Iván Kerner y Mey Clerici dieron la vuelta al mundo con sus dibujos y volvieron ayer al kilómetro cero de esta historia. Con un taller gratuito de pintura para chicos en el Planetario, bajo un sol espeso, cerraron una travesía artística que incluyó 32 países de América, África, Asia y Europa. A lo largo de 21 meses, la pareja porteña de ilustradores dibujó con chicos de tribus del Amazonas, de la comunidad gitana de Lisboa o viviendo en el desierto de Thar, al noroeste de India, entre tantos otros escenarios. La premisa en cada destino fue la misma: darles a nenes de entre 5 y 12 años un lugar de expresión y vincular culturas a través de un lápiz, una acuarela o una tiza.

«Diez días atrás, en un viaje en colectivo, cruzando Estambul, camino a dar un taller en un centro de refugiados sirios, se nos ocurrió hacer algo especial para la vuelta a Buenos Aires. Organizar un taller en el Planetario fue la forma que encontramos de agradecer el apoyo de la gente», contó Kerner, minutos antes de iniciar la actividad.

A partir de las 17, con una temperatura que superaba los 31 grados, fueron acercándose parte de las más de 17.500 personas que los siguen desde la página de Facebook que armaron para difundir el proyecto, «Pequeños Grandes Mundos». Padres e hijos se sentaron en el pasto, rodeando a Kerner y a Clerici, quienes les compartieron sus experiencias, con el Planetario a sus espaldas. Hojas blancas listas para ser coloreadas se repetían en la falda de los chicos. Durante dos horas y media, a fuerza de trazo, los papeles se fueron llenando de colores, formas y deseos a futuro: una de las consignas fue que pensaran cuál era su sueño y luego lo dibujaran.

«Es increíble ver cómo los contextos influyen en la expresión artística. Los dibujos de los chicos de la tribu Awajún (Amazonia peruana), por ejemplo, eran mucho más detallados y particulares que los que pintaban los nenes en la Ciudad. El vínculo constante con la naturaleza se reflejaba en sus obras. La influencia del entorno también nos sorprendió en Japón, donde los chicos se autoretratan como si fueran un animé».

Kerner y Clerici volvieron al país hace cinco días, pero no van a detenerse. Entre sus planes hay una película, un libro y hacer su «Pequeños Grandes Mundos», versión local: de Ushuaia a la Quiaca».