Zoo Ecoparque
El informe titulado “Hallazgos arqueológicos en el Lago Darwin del Jardín Zoológico: una cámara subterránea (2018)” de Daniel Schávelzon (director del Centro de Arqueología Urbana), ha sido realizado en mayo de 2018. El artículo hace referencia a las excavaciones realizadas durante los meses de abril y mayo de 2018 en dicha locación de la ciudad de Buenos Aires.
El Palermo oculto: la red de lagos que alguna vez protegió al barrio
Bajo los parques, jardines y antiguos paseos de Palermo todavía permanece la memoria de una extraordinaria obra hidráulica que conectaba lagos, pozos, bombas y canales subterráneos. Un sistema pensado para embellecer la ciudad, aprovechar el agua y reducir el impacto de las inundaciones.
Palermo no siempre fue solamente el gran pulmón verde de Buenos Aires: también fue un enorme laboratorio urbano.
Debajo de sus jardines se construyó una compleja red destinada a controlar y trasladar el agua.
Mucho antes de las grandes obras hidráulicas modernas, ya existía la necesidad de dominar los desbordes de una zona naturalmente baja.
Juan Manuel de Rosas había comprendido esa geografía durante el siglo XIX y aprovechó los terrenos, arroyos y bañados de sus antiguas posesiones.
Décadas después, la Municipalidad retomó aquella lógica para organizar los lagos y paseos públicos del nuevo Palermo.
Los espejos de agua no fueron concebidos únicamente como adornos destinados al descanso y la contemplación.
También cumplían una función práctica como reservorios capaces de recibir, compensar y movilizar el agua de lluvia.
Eduardo Ladislao Holmberg entendió que el Zoológico debía integrarse a ese paisaje hidráulico.
Clemente Onelli continuó esa mirada al pensar sus lagos como parte de un sistema mayor y no como estanques aislados.
La infraestructura permitía vincular los lagos del Zoológico, el Parque Japonés y otros sectores mediante bombas, pozos y conductos subterráneos.
Una usina instalada sobre el sistema aprovechaba incluso el agua en sus calderas de vapor.
La idea reunía ingeniería, prevención, aprovechamiento energético, belleza paisajística y servicio público.
Durante buena parte del siglo XX, sin embargo, las sucesivas modernizaciones fueron desarmando aquella trama.
Cada gobierno modificó una parte sin conservar la visión integral de quienes habían diseñado el conjunto.
Las bombas dejaron de trabajar, los conductos fueron olvidados y numerosas instalaciones desaparecieron bajo nuevas construcciones.
El agua perdió circulación y muchos lagos terminaron convertidos en depósitos estancados alimentados casi exclusivamente por la lluvia.
Algunos espejos de agua fueron rellenados, otros quedaron secos y varios comenzaron a exigir costosas limpiezas periódicas.
Lo que pudo continuar funcionando como una defensa natural frente a las inundaciones terminó enterrado bajo calles, parques y edificios.
Hoy, los sótanos inundados bajo el edificio del MOA y el deterioro del lago Victoria Ocampo vuelven a mostrar el precio de aquel abandono.
Recorrer Palermo también es descubrir esta ciudad invisible: una obra adelantada a su tiempo que todavía respira, silenciosa, debajo de nuestros pies.

La estructura de agua corriente de Palermo

Los parques de Palermo fueron planeados en sectores que fueron creciendo con el tiempo. Pero todos se pensaron con un mismo sistema ya que se trataba de terrenos inundables. Si bien era obvio desde el siglo XIX cuando Juan Manuel de Rosas tenía allí su residencia que el río se alejaba dejando sedimentos en la orilla, por lo que cada vez era más raro que cubriese la zona. Igualmente no faltaban las sudestadas y las lluvias caudalosas. Rosas había desarrollado un sistema para resolver ese inconveniente gracias al ingeniero Nicolás Descalzi: rellenos y canales, usando la tierra extraída de unos para subir el otro sector. El sistema fue eficiente y pese a que Domingo Sarmiento lo criticó intensamente, años más tarde, al hacerse cargo del nuevo parque, usó el mismo sistema pero en lugar de canales hizo lagos.

Para fin de siglo la obra estuvo en manos de Carlos Thays quien repitió el esquema, el que en gran parte llega a la actualidad: excavar lagos y usar la tierra para rellenos, era lógico, eficiente y simple. A su vez tenían un papel importante en relacióncon el agua que descendía de la ciudad al funcionar como vasos compensadores, grandes receptáculos que recibían agua freática y de superficie pero que por sus dimensiones no llegaban a colmatarse; y luego desaguaban lentamente. La diferencia con el sistema de canales anterior era que cuando la Sudestadas producían que el agua subiera –como las canalizaciones subterráneas del siglo XX-en sentido inverso, generando inundaciones en la ciudad.

Hallan cámara subterránea en un lago del zoo de Palermo
Las obras de saneamiento del estanque permitieron descubrir parte de un sistema del siglo XIX pensado para renovar el agua y evitar inundaciones.
Las máquinas de las obras para la remodelación del Zoológico de Buenos Aires debieron detenerse ante la aparición de una estructura desconocida por debajo de la fuente neocolonial del lago Darwin. Los investigadores del Centro de Arqueología Urbana (CAU) de la Universidad de Buenos Aires develaron el misterio al descubrir que se trataba de una cámara subterránea de principios de siglo por la que ingresaba agua limpia.
La importancia del hallazgo es que ahora los investigadores pueden entender cómo funcionaba un sistema que se comunicaba con los lagos para renovar el agua, que además, en el lago Darwin, funcionaba como fuente y adorno para el parque. “Es una obra inteligente y bien hecha, que aprovechaba la vieja usina eléctrica de Palermo que estaba sin uso”, describe el director del CAU, Daniel Schávelzon, a cargo de los trabajos de identificación y descripción de la cámara.
Rompecabezas. En 2008, el arquitecto y su equipo descubrieron los túneles y la cisterna que están bajo el actual edificio de Monumentos y Obras de Arte (MOA), ubicado en una isla del lago Victoria Ocampo. “Ahí en un momento veíamos la pared y un caño pero no sabíamos adónde iba, no teníamos la otra punta del sistema. Pasaron diez años y ahora aparece”, explica Schávelzon, quien no dudó en unir las partes del rompecabezas no bien encontró la cámara, hace unas semanas. Además, estima que es probable que haya otra parecida en el lago del Jardín Japonés.
“Lo interesante es que ya en 1904 se hayan dado cuenta de que el agua de los lagos había que renovarla, algo que hoy no se hace: crecen algas y se pudre”, agrega el especialista en arqueología urbana. En aquel entonces el director del Jardín Zoológico, Clemente Onelli, ordenó excavar cuatro pozos hasta la segunda napa para tener agua propia y hacer coincidir las salidas con fuentes ornamentales que funcionaban con la presión del sistema. “No le funcionó bien, ya que en verano se secaba la napa, pero luego utilizaron la usina para que empujara agua y la enviara hacia los distintos lagos”, indica Schávelzon.
En el pasado, la ciudad contaba con usinas independientes para cada barrio, trenes y edificios; de hecho, la instalación de la de Palermo fue una idea de Domingo Sarmiento para dar luz al parque. A partir de 1900, el sistema centralizado de luz reemplazó al autónomo, por lo que se aprovechó la usina para dar movimiento al agua de los lagos.
Según el trabajo de Schávelzon, se construyeron depósitos que duplicaban el volumen de agua del lago y se instalaron cañerías de treinta centímetros de ancho.
Sistema. “Al menos sabemos que se mandaba agua al lago cercano al Jardín Japonés y al zoológico, uno a poco más de 300 metros y el otro a 900 metros de distancia, lo que era una obra importante de ingeniería”.
La estructura hallada consta de un pozo de 2,30 metros de diámetro sobre el que caía el agua a presión por un caño maestro, y de una galería de seis metros de largo por 1,20 de ancho, que permitía llegar hasta la boca de acceso y, a su vez, funcionaba como un reservorio de agua.
El arquitecto asegura que “hoy, un sistema integral similar o distinto, con otra tecnología, sería necesario para que el agua esté limpia. Además, se podría ahorrar el enorme gasto de vaciado y limpieza de los lagos que se hace cada veinte años”. Por otra parte, tampoco se llenarían de agua los sótanos del edificio del MOA.
El sistema de los lagos también servía para evitar las inundaciones causadas por las lluvias, al funcionar como vasos compensadores que recibían el agua sin llegar a colmarse para luego desaguar lentamente.
“Lo que pudo ser un buen sistema de movimiento de agua en la ciudad y a la vez funcionar como sistema sin costos para paliar inundaciones, dar belleza al lugar con fuentes, y ahora como ejemplo de una tecnología histórica, estuvo tapado por un siglo”, apunta el director del CAU.
Tras el hallazgo, se estudia en la Gerencia Operativa de Patrimonio Urbano del Ministerio de Cultura de la Ciudad cómo preservarlo. “El patrimonio es la expresión material de la identidad, nos hace reflexionar por qué estamos donde estamos y por qué somos como somos”, concluyó Schávelzon.
El futuro de la estructura
“Estamos estudiando qué hacer de acuerdo con las recomendaciones de la Gerencia Operativa de Patrimonio Urbano del Ministerio de Cultura de la Ciudad. La idea es preservarla, porque está bastante entera”, expresó Leontina Etchelecu, encargada de Patrimonio del ex Jardín Zoológico de Buenos Aires y futuro Ecoparque.
Una de las cuestiones es que la cámara subterránea coincide con el trazado de las elipses históricas, ya que la fuente no es de los primeros años del zoológico. “Estamos viendo el daño menor, si corremos la elipse, pero tenemos que consultarle a la Comisión Nacional de Monumentos, con la que nos comprometimos a devolverle al parque el trazado original”, agregó.
Para Daniel Schávelzon, sería importante preservarla. “La arqueología nos permite repensar alternativas a problemas endémicos de la ciudad, como las inundaciones”.
Conclusiones

Si este sistema se hubiera mantenido en uso a lo largo del siglo XX muchos problemas se hubieran resuelto: en un extremo el lago Victoria Ocampo estaría limpio y no estarían inundados los sótanos bajo el edificio del MOA, sino que trabajarían el sistema. El agua fluiría con normalidad al menos hacia el lago del Parque Japonés y el del Zoológico, y el enorme gasto de su limpieza cada veinte años se evitaría, el agua sería limpia y podría regularse su nivel. Cuando Holmberg y Onelli pensaron el sistema de lagos del
Zoológico como compensadores de las inundaciones de la zona no estaban equivocados; ya lo había hecho Juan Manuel de Rosas medio siglo antes también. La estructura bajo tierra, ya mecanizada, hecha por la Municipalidad para mover el agua entre los lagos y pozos subterráneos era lógicay eficiente. Y si había una usina encima queaprovechaba esa agua en sus calderas de vapor, más lógico aun. Los cambios desenfrenados por supuestas modernizaciones, inconexas en las decisiones de cada gobierno, y el sistema centralizado de generación de electricidad hizo que todo fuera desmantelado y olvidado. El que se tomara esa decisión no implicaba necesariamente destruir todo, sólo la manera en que llegaba la electricidad para las bombas. Se optó por sistemas autónomos que nadie sabe siquiera si existen en algún lugar bajo tierra. Y los lagos son agua de lluvia con olor a podrido. Y la mitad de los lagos están secos o ya rellenados.Lo que pudo ser un buen sistema de movimiento de agua en la ciudad y a la vez funcionar como sistema sin costos para paliar inundaciones, para darle belleza al lugarcon fuentes y agua, y ahora como ejemplo de una tecnología histórica, estuvo tapado por un siglo y ahora destruido.
Recuadro | Las claves del sistema hidráulico oculto de Palermo
El hallazgo. Durante el saneamiento del Lago Darwin del antiguo Zoológico, realizado en abril y mayo de 2018, apareció una cámara subterránea que había permanecido olvidada durante más de un siglo.
Una obra de gran escala. La cámara posee aproximadamente 2,30 metros de diámetro. La profundidad comprobada alcanzó los 3,50 metros, aunque podría ser mayor porque el fondo estaba cubierto por agua y escombros.
La galería. Desde el pozo parte una galería de seis metros de largo y 1,20 metros de ancho. La construcción funcionaba como acceso, reservorio y punto de regulación del agua que ingresaba al lago.
Cañerías monumentales. El sistema utilizaba conductos maestros de 30 centímetros de diámetro. Una memoria municipal de 1909 menciona una cañería de 231 metros alimentada por las bombas de la Usina Eléctrica de Palermo.
Tres lagos conectados. Desde la usina se enviaba agua al lago Victoria Ocampo, al antiguo lago del Parque Japonés y a los lagos del Zoológico. Los recorridos conocidos alcanzaban aproximadamente los 300 y los 900 metros.
Tecnología de avanzada. Las bombas permitían extraer, almacenar y trasladar agua hacia distintos sectores. Las salidas se integraban con fuentes ornamentales, que además de embellecer los paseos ayudaban a oxigenar el agua.
El origen del sistema. Juan Manuel de Rosas, con la intervención del ingeniero Nicolás Descalzi, había utilizado durante el siglo XIX canales, excavaciones y rellenos para controlar los terrenos inundables de Palermo. Sarmiento, Holmberg, Onelli y Carlos Thays retomaron después esa lógica mediante lagos artificiales.
La Usina de Palermo. Fue una de las primeras instalaciones eléctricas de Buenos Aires y originalmente iluminaba el Parque Tres de Febrero. Su maquinaria a vapor estaba ubicada sobre una isla del actual lago Victoria Ocampo, en el edificio que más tarde ocuparía el Departamento de Monumentos y Obras de Arte, conocido como MOA.
En funcionamiento desde 1904. Para ese año ya estaban operativos los depósitos, las bombas y las cañerías que distribuían el agua. Las cisternas subterráneas podían almacenar un volumen equivalente a casi dos veces el contenido del lago.
El comienzo del abandono. La usina empezó a perder importancia entre 1912 y 1914. En 1916 fueron clausuradas las usinas municipales de Palermo, Lorea, Alsina, Corrales y Flores, como consecuencia de la centralización del servicio eléctrico.
Túneles rellenados. Parte de las galerías fue cegada con escombros durante la década de 1960. Los arqueólogos lograron abrir y estudiar algunos sectores en 1987 y nuevamente en 2011.
Un patrimonio que no se ve. Bajo los parques de Palermo todavía permanecen cisternas, conductos, válvulas y restos de maquinaria. No son simples túneles misteriosos: forman parte de una verdadera obra de ingeniería hidráulica y energética.
Por qué era importante. Los lagos actuaban como vasos compensadores: recibían agua de lluvia, agua superficial y aportes de las napas. Después la liberaban lentamente, reduciendo el riesgo de anegamientos y evitando el estancamiento.
Quién investigó el hallazgo. La cámara del Lago Darwin fue estudiada por el arqueólogo urbano Daniel Schávelzon, con la colaboración de Leontina Etchelecu y Maximiliano Martínez. El descubrimiento permitió reconstruir una parte fundamental —y casi desconocida— de la historia tecnológica de Palermo.