La exposición Exigí Buen Café reunió durante el 13 y 14 de septiembre a baristas, tostadores, importadores y fabricantes de cafeteras en el Pabellón Ocre de La Rural. Entre máquinas domésticas y equipos profesionales capaces de abastecer una cafetería entera, la feria mostró cuánto cambió el café porteño: de la vieja manga de tela al espresso calculado al segundo.
La Rural huele a café. Café colombiano, brasileño, peruano y argentino; café en grano, molido, tostado, filtrado y convertido en espresso delante del público. Durante el domingo 13 y el lunes 14 de septiembre, de 10 a 20, el Pabellón Ocre recibe una nueva edición de Exigí Buen Café, el encuentro que concentra buena parte de la industria cafetera argentina y que este año volvió a funcionar a pleno. La propuesta reúne baristas, tostadores, productores, distribuidores, fabricantes, importadores y consumidores que simplemente quieren probar una buena taza. La agenda oficial de Turismo de la Ciudad confirma ambas jornadas y el horario de la exposición.
Hay “maquinolas” para todos los gustos y, seguramente, para bolsillos muy diferentes. Aparecen cafeteras domiciliarias compactas, modelos automáticos, molinos, espumadores, jarras de acero, sistemas de filtrado y grandes máquinas profesionales con varias bocas, pensadas para trabajar sin descanso detrás de la barra de una cafetería. Marcas como Oster exhiben equipos hogareños muy completos, mientras firmas vinculadas al circuito profesional presentan verdaderos tanques del espresso, capaces de preparar varias bebidas al mismo tiempo y mantener la temperatura y la presión con una precisión imposible para los métodos antiguos.
En la imagen registrada por Palermo Tour se observa una Oster Perfect Brew, una cafetera espresso doméstica con portafiltro, comandos frontales, vaporizador y depósito de agua. Es un equipo atractivo para quien busca reproducir en su casa parte del ritual del barista, aunque conserva una limitación propia de esta categoría: no cuenta con conexión directa a la red de agua. El usuario debe controlar y recargar periódicamente el tanque trasero. Para una vivienda puede resultar razonable; en una cafetería con movimiento intenso sería poco práctico y se vuelve necesario pasar a máquinas profesionales conectadas a la instalación.
Una cafetera Oster Perfect Brew y otros equipos domésticos exhibidos durante Expo Café en La Rural. Foto: Palermo Tour.
De la cafetera doméstica a los monstruos de la barra
Más adelante aparecen las grandes protagonistas: máquinas de Sanremo y otros fabricantes internacionales, equipos de dos y tres grupos, molinos profesionales y sistemas diseñados para sacar cafés durante toda una jornada. Ya no se trata solamente de calentar agua. Estas máquinas controlan presión, temperatura, molienda, tiempo de extracción y cantidad de líquido. El espresso moderno es pequeño, pero detrás de esos pocos centímetros cúbicos existe toda una ingeniería.
También están presentes tostadores, distribuidores e importadores relacionados con cafés de Brasil, Colombia y Perú, países con una tradición productora enorme. La Argentina no es una potencia cafetera porque su clima no ofrece, salvo experiencias muy puntuales, las condiciones tropicales que necesita la planta. Sin embargo, Buenos Aires se convirtió en una gran ciudad consumidora, tostadora y mezcladora: el grano llega desde lejos, pero acá encuentra máquinas, baristas, cafeterías y un público cada vez más curioso.
Uno de los puntos flojos observados durante el recorrido es que muchos equipos se muestran sin precios claramente visibles. El visitante puede mirar, tocar, preguntar y comparar prestaciones, pero no siempre sabe de entrada cuánto cuesta entrar en ese mundo. Y en una feria comercial el precio no es un detalle menor: es lo que permite entender si una máquina es una alternativa para la casa, una inversión para un pequeño emprendimiento o una herramienta reservada para establecimientos de gran volumen.
Mucho para probar, poco lugar para sentarse
La exposición también ofrece tostadas, dulces, aceitunas y distintos acompañamientos. Hay degustaciones y cafés preparados en el momento, aunque buena parte de la experiencia se desarrolla de pie. El formato se parece más a una feria comercial norteamericana que al viejo café porteño: se prueba rápido, se conversa junto al mostrador y se continúa caminando.
La contradicción es simpática. Una exposición dedicada a una bebida asociada con sentarse, conversar y dejar pasar el tiempo propone tomarla parado y seguir viaje. Quizás habría sido interesante recrear algunos pequeños bares dentro del pabellón, con mesas y sillas, para que el público pudiera disfrutar el producto con menos apuro. El café porteño nunca fue solamente una bebida: fue también una excusa para ocupar una mesa, leer el diario, discutir de política, escribir un tango o esperar a alguien que algunas veces llegaba y otras no.
Antes de las cápsulas estaba la manga
Mucho antes de las cafeteras automáticas, de las balanzas digitales y de los especialistas que hablan de acidez, cuerpo y notas frutales, en numerosos hogares se preparaba el café con una manga o filtro de tela, parecido a una media. Se colocaba el café molido, se volcaba el agua caliente y la bebida caía lentamente dentro de una jarra o una taza. Cada familia decidía la cantidad de café, la intensidad y el tiempo. No era exactamente café turco —que se prepara sin filtrar y conserva el sedimento—, sino una forma tradicional de café filtrado.
Aquel método tenía poco marketing y mucha intuición. El problema era que el resultado variaba según la mano de quien lo preparaba. Las máquinas actuales buscan justamente lo contrario: repetir la misma bebida mediante dosis, temperatura y tiempos controlados. La tecnología aporta regularidad, pero no garantiza por sí sola un gran café. Si el grano es malo, está demasiado tostado o lleva meses abierto, ninguna botonera iluminada podrá hacer milagros.
Cómo llegó el café a Buenos Aires
El café nació como cultivo en África, se expandió por el mundo árabe y luego ingresó en Europa. Desde allí cruzó el Atlántico y llegó a América, donde Brasil y Colombia terminaron convirtiéndose en dos de sus grandes territorios productores. En Buenos Aires comenzó a ganar espacio durante el período colonial y pronto dejó de ser únicamente una bebida para transformarse en una costumbre social.
Uno de los primeros establecimientos documentados fue el Café de los Catalanes, abierto en 1799 en la esquina de las actuales San Martín y Perón. Allí se servía café con leche en grandes tazones, acompañado por tostadas, y se reunían vecinos que discutían los asuntos políticos de la época. Durante los años anteriores y posteriores a la Revolución de Mayo, los cafés funcionaron como lugares de conversación y organización: una mezcla de red social, comité político y redacción periodística, pero sin contraseña de wifi.
Durante los siglos XIX y XX la cultura cafetera terminó de mezclarse con la identidad de Buenos Aires. El Café Tortoni, abierto en 1858, las confiterías del centro, los bares de barrio y las mesas frecuentadas por escritores, periodistas, músicos y militantes convirtieron al café en parte del paisaje porteño. En esos establecimientos se podía pasar una tarde entera frente a una taza, una práctica difícil de explicar dentro de la lógica actual de consumir rápido, fotografiar y continuar caminando.
El café porteño cambia, pero no desaparece
La nueva cultura del café de especialidad modificó el vocabulario y también el gusto. Hoy se habla del origen del grano, de su altura, variedad, proceso, fecha de tostado y método de extracción. El consumidor puede elegir entre espresso, prensa francesa, V60, Aeropress, Chemex o filtrados en frío. Algunas cafeterías parecen laboratorios; otras recuperan el mostrador, la medialuna y el pocillo blanco de toda la vida.
Expo Café muestra justamente esa convivencia. Está la vieja costumbre argentina de encontrarse alrededor de una taza y, al mismo tiempo, una industria tecnológica que mide hasta el último segundo. Hay máquinas pequeñas para una cocina, equipos medianos para comenzar un emprendimiento y enormes cafeteras profesionales que parecen locomotoras cromadas. Todo cambia alrededor del café, excepto una cosa: Buenos Aires continúa necesitándolo para arrancar la mañana, terminar una comida o sentarse a arreglar el mundo.
Datos útiles
- Actividad: Exigí Buen Café 2026.
- Fechas: domingo 13 y lunes 14 de septiembre.
- Horario: de 10 a 20.
- Lugar: Pabellón Ocre de La Rural.
- Dirección: Av. Santa Fe 4201, Palermo.
- Propuesta: cafeteras, molinos, granos, tostadores, demostraciones, degustaciones y actividades para profesionales y público general.
- Entradas: la ticketera de La Rural publicó localidades generales por jornada y pases para ambos días; conviene verificar disponibilidad y valor final antes de concurrir. Información oficial de La Rural y ticketera oficial.
Palermo Tour