Calle Paunero del Barrio de Palermo. Wenceslao Paunero: un coronel de Mitre en tiempos de grieta
En el mapa íntimo de Palermo, la calle Paunero es apenas un tajo breve: dos cuadras silenciosas que esconden, bajo su calma de barrio, una biografía turbulenta. Como si el adoquinado todavía guardara la cicatriz de un país partido, el nombre del general Wenceslao Paunero vuelve a encender discusiones que vienen desde el siglo XIX.
Paunero, uruguayo de nacimiento y unitario por convicción, fue uno de los hombres de confianza de Bartolomé Mitre. Su vida —exilios, guerras, ascensos, derrotas y episodios sangrientos— se convirtió en el retrato vivo de una Argentina que todavía se estaba inventando… y dividiendo.
Un oriental en tierra porteña
Wenceslao Paunero nació en Colonia del Sacramento en 1805. Su familia no tenía fortuna, así que pasó fugazmente por el Real Colegio de San Carlos antes de buscar sustento propio. En 1825 se incorporó al Ejército y peleó en la Guerra del Brasil bajo el mando de José María Paz, participando en la batalla de Ituzaingó. Sería capturado, enviado a Río de Janeiro y canjeado más tarde por un oficial brasileño.
Regresó a Buenos Aires justo cuando el general Juan Lavalle había fusilado a Manuel Dorrego. Lavalle lo nombró capitán y Paunero entró de lleno en el convulsionado tablero político-militar de la época.
Paz, Quiroga, Dorrego y la guerra eterna
Con Paz combatió en San Roque, La Tablada y Oncativo, enfrentando a caudillos federales como Bustos y Quiroga. Luego de la derrota de La Ciudadela huyó a Bolivia, donde se casó con Petrona Manuela de Arrea y Segurola, fundó un diario (“La Época”) y se relacionó con exiliados ilustres: Mitre, Sarmiento y Alberdi.
Su vida parecía destinada a girar entre frentes de batalla y mesas diplomáticas. Cuando Urquiza lanzó su pronunciamiento, Paunero volvió al Río de la Plata para sumarse a la campaña que terminaría en Caseros, derrocando a Rosas.
Entre Cepeda, Pavón y la violencia en el Interior
Combatió en Cepeda y luego en Pavón, donde su actuación le valió el ascenso a general por orden de Mitre, en el mismo campo de batalla.
Pero su capítulo más polémico empezaría después: la misión de “ordenar” el Interior para el proyecto mitrista. Paunero llegó a Córdoba, designó gobernadores, desplazó autoridades y peleó contra las montoneras federales. Su lugarteniente más temido, el colorado oriental Ambrosio Sandes, dejó una huella de violencia que la historia aún discute.
La figura de Paunero se vuelve inseparable de uno de los episodios más trágicos del siglo XIX: la muerte de Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza. Aunque Paunero no fue el ejecutor directo, su campaña y su estructura militar permitieron que el coronel Irrazábal terminara asesinándolo cuando ya se había rendido. A partir de allí nació la memoria negra de los “coroneles de Mitre”, uruguayos o porteñizados, acusados de perseguir y exterminar gauchos federales.
Guerra del Paraguay: el frente más duro
En 1865 Paunero fue enviado a la Guerra del Paraguay. Peleó en Yatay, Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y participó en la recuperación de Corrientes. En Curupayty estuvo al frente de la línea argentina en una jornada devastadora: ocho jefes murieron, ocho quedaron heridos, y solo uno salió ileso: el entonces capitán Julio A. Roca.
Las pinturas de Cándido López lo inmortalizan como un general de barba blanca, firme, severo, observando a sus tropas avanzar hacia el infierno verde.
Ministro, diplomático y un final en Río de Janeiro
Mitre lo nombró Ministro de Guerra y Marina, y en 1868 fue candidato a vicepresidente. Perdió ante Sarmiento, quien igualmente lo designó Ministro Plenipotenciario en Brasil para aliviar su deteriorada situación económica. Allí murió en 1871, pobre y agotado, a los 65 años. Sus restos volvieron a Buenos Aires casi veinte años después y descansan en Recoleta.
Paunero, Alem y la memoria dividida
Leandro N. Alem, que lo conoció en la Guerra del Paraguay y trabajó como su secretario en Río, escribió una biografía que quedó inconclusa en medio de la Revolución de 1893. Alem fue, irónicamente, el único que intentó narrar a Paunero desde una perspectiva más humana.
Pero la memoria popular no lo perdonó. Para muchos, Paunero fue un extranjero al servicio del proyecto porteño, parte de la maquinaria que buscó disciplinar provincias rebeldes, exterminar montoneras y asegurar el triunfo de una Buenos Aires centralista.
En palabras de los críticos federales, fue un “mercenario”. En los libros unitarios, un “general imprescindible”. La grieta argentina, antes de llamarse grieta, ya tenía su elenco estable.
La calle de dos cuadras que guarda un país entero
Hoy, la calle Paunero en Palermo es apenas un pasaje de calma urbana, rodeado de edificios, cafés discretos y el pulso doméstico del barrio. Pero su nombre abre un archivo profundo: guerras civiles, proyectos de nación enfrentados, epopeyas militares y tragedias campesinas.
En estas dos cuadras late un capítulo entero de la Argentina. Basta caminarla con un poco de memoria para escuchar las voces cruzadas del siglo XIX: los unitarios, los federales, los coroneles orientales, el gauchaje perseguido, el Interior incendiado.
Una historia áspera, dura, fascinante. Una historia que, como siempre, vuelve.
Palermotour Noticias
Magazine de Palermo. Comuna 14.