Enamorarse es un estado del alma, paradigma de la felicidad. El enamorado
está feliz cuando es correspondido; lo envuelve una sensación de plenitud,
de gozo y alegría. El espíritu agradece habitar el limbo del lazo con el
elegido, sobre el que se ha posado el don del amor. Sus plegarias se
orientan a eternizar ese estado de ensoñación para que no se rompa nunca el
hechizo. Esa magia existe y todos los que alguna vez se enamoraron
atestiguan su realidad.
La teoría psicoanalítica la explica por una razón de estructura en la
conformación del sujeto, a la que nos referiremos: desde el vamos, si el
recién llegado al mundo no logra enlazarse al deseo del otro, no tiene
siquiera chances de sobrevivir. Si todo va bien, ese otro – como pueda – lo
espera y sostiene esa expectativa. A ese alojamiento lo llamamos amor,
incluido el desamor. Si ese vinculo se efectiviza, normalmente se produce el
encantamiento entre la madre y el hijo, cuyo soporte protagónico es la
mirada. El reflejo en los ojos del otro, esa conexion que sin duda
compromete la totalidad de los cuerpos, es el paso inicial y modelo
permanente de las futuras relaciones. Cuando ese destello en la mirada se
reedita, podemos decir que nos enamoramos.
Freud le dedicó, entre otros textos, un capítulo íntegro que denominó
Enamoramiento e hipnosis. ¿Por qué relacionarlos? La clave surge de lo ya
dicho: el hechizo, el encantamiento, el destello, emanan del poder que se le
otorga al otro al adjudicarle los rasgos de nuestro ideal. Aunque mas no sea
el instante que dure, ese otro posee los atributos esenciales para
encarnarlo y se transforma asi en nuestro yo ideal. Vale decir que en ese
estado tan precioso del alma, confluyen en el partenaire, el Ideal del Yo –
instancia lejana e imposible de alcanzar – con alguien que lo representa y
por eso mismo se convierte en nuestro yo ideal, por el que estamos como
poseidos. Fenomeno equivalente al de la hipnosis. Nadie que no le adjudique
ese poder al hipnotizador, puede caer bajo sus influjos.
De alla que tantas veces el enamoramiento se acompañe de un empobrecimiento
del yo, como si se hubiera despojado él mismo de sus virtudes al
transferirselas al amado quien – por el contrario – se engrandece hasta
límites insospechados. Este fenómeno explica entonces la catástrofe que
ocurre cuando el yo no es correspondido o resulta abandonado. Debilitado,
queda a expensas del otro y no encuentra consuelo.
Lic. Lila Isacovich
Directora del área Asistencial de la FUNDACIÓN BUENOS AIRES
Acerca de la Fundación Buenos Aires
Esta institucion sin fines de lucro, con 17 años de trayectoria, se dedica a
la formacion y asistencia en salud mental. Además, promueve el compromiso
solidario, cientifico y ético de sus profesionales, tanto en su práctica
clínica como en la formación y actualización permanentes y en el desarrollo
de la investigacion.