El legado del viejo Canal 9 en el Pasaje Gelly: Historia, artistas y gloria de la televisión argentina
Ubicado en el corazón de Palermo Chico, más precisamente en el mítico Pasaje Gelly 3378, se erigió uno de los íconos más representativos de la televisión nacional: el edificio original de Canal 9. En esa casona porteña, rodeada de árboles añosos y silencio barrial, se gestó una parte esencial del ADN audiovisual argentino. No fue simplemente un estudio de televisión, sino un laboratorio de entretenimiento, drama, humor y actualidad que supo marcar a varias generaciones. Allí convivieron luces, cámaras, historias y leyendas. Y también, silencios después del aplauso.
Fundación, auge y dirección visionaria
La historia comenzó el 9 de junio de 1960, cuando Canal 9 inició sus transmisiones. Pero el verdadero giro se produjo en 1963, cuando el empresario teatral y radiodifusor Alejandro Romay, apodado «el Zar de la Televisión», tomó las riendas del canal. Bajo su dirección, se acuñó el nombre Canal 9 Libertad, un sello distintivo que todavía resuena en la memoria emotiva de millones de televidentes.
Romay no solo modernizó las instalaciones del pasaje Gelly sino que diseñó una grilla de programación orientada a las masas, con un fuerte énfasis en la producción nacional y los rostros populares. Su lema era claro: ofrecer entretenimiento argentino, accesible, emotivo y contundente. No era solo televisión: era un espectáculo emocional transmitido cada noche a los hogares del país.
Programas que hicieron historia
Desde ese plató, salieron clásicos que marcaron época. Uno de ellos fue “Nuevediario”, un noticiero que cambió las reglas del periodismo televisivo con un tono melodramático, teatral y muy argentino. Supo competir codo a codo con Telenoche y ATC Noticias, pero con una impronta única, con conductores que miraban fijo a cámara como si le hablaran al corazón del espectador.
En el género de la ficción, “Ricos y famosos”, emitida entre 1997 y 1998, fue la última gran telenovela producida en el viejo edificio. Protagonizada por Natalia Oreiro y Diego Ramos, alcanzó niveles de audiencia altísimos, con más de 500 capítulos que narraban un clásico de amores imposibles entre diferencias sociales y familiares cruzadas. Fue también un fenómeno internacional, exportada a más de 20 países.
Otro programa inolvidable fue “La tuerca”, un emblema del humor argentino, con sketches de crítica social disfrazados de costumbrismo. Actores como Marcos Zucker, Vicente La Russa, Tino Pascali y Julio López desfilaron por ese estudio como si fueran los bufones de una corte criolla donde se representaba el país cada noche.
En la franja infantil y juvenil, sobresalió “Los Más Más”, una especie de karaoke televisado en el que adolescentes imitaban a sus ídolos musicales. También fue semillero de artistas que luego serían figuras reconocidas en la televisión, como Sabrina Garciarena, Gonzalo Heredia y Luciano Castro, quienes dieron sus primeros pasos en este tipo de propuestas híbridas entre reality, ficción y performance.
Incluso existió un experimento audaz llamado “Reality Reality”, a comienzos del 2000, un precursor del formato reality show nacional pero con tintes teatrales, donde actores y actrices jóvenes debían convivir, actuar y competir en una misma historia ficcionalizada. Una idea que tal vez se adelantó a su tiempo.
Actores, artistas y técnicos: el alma del canal
Por el pasaje Gelly desfilaron, en un mismo día, actores, humoristas, escenógrafos, maquilladoras, camarógrafos, libretistas, técnicos de sonido y utileros. Gente de oficio. En Canal 9 se forjaron amistades, se destruyeron egos y se crearon leyendas.
Niní Marshall, ya en su madurez, se paseó por los pasillos del canal cuando grababa sus últimas participaciones televisivas. Tato Bores, aunque vinculado con otros canales, solía visitar a Romay para compartir ideas. Moria Casán, Susana Giménez y Antonio Gasalla también tuvieron sus momentos en el canal, especialmente en sus años más populares. Y detrás de cámara, libretistas como Hugo Moser y Abel Santa Cruz escribieron guiones memorables que aún hoy se estudian en las escuelas de televisión.
También se formaron verdaderos linajes de técnicos: familias enteras trabajaban generación tras generación dentro del canal, donde el arte de hacer televisión se transmitía como un legado familiar. Algunos aseguran que había algo místico en los estudios del pasaje Gelly: una mezcla de olor a maquillaje, cinta magnética y café fuerte, que generaba adicción creativa.
Un hecho policial y el final de una era
El edificio también fue protagonista de momentos oscuros. En 1995, el canal fue asaltado durante el pago de sueldos. Una banda de delincuentes armados ingresó a plena luz del día, llevándose una suma millonaria. Fue uno de los primeros grandes asaltos a un medio de comunicación en Argentina, y generó un fuerte impacto en la industria televisiva.
En 1997, tras años de cambios económicos y de gestión, Romay vendió la emisora y el canal fue trasladado. Finalmente, en 2001, el edificio fue demolido. En su lugar se construyeron las Torres de Gelly, un complejo de viviendas de lujo diseñado por el prestigioso estudio de Mario Roberto Álvarez. El cambio de paradigma fue total: donde antes se creaban ficciones, ahora se vivía la vida real de una elite acomodada. La cultura popular fue reemplazada por el silencio residencial.
Legado y memoria
A más de dos décadas de su demolición, el espíritu del viejo Canal 9 aún habita en el imaginario colectivo. En redes sociales, foros y documentales, los nostálgicos lo recuerdan como un faro cultural. Fue un canal donde se respiraba televisión. Donde las cosas se hacían a pulmón, entre pasillos con olor a humedad, luces que parpadeaban y risas grabadas a mano.
Hoy, quienes caminan por el pasaje Gelly no pueden imaginar que en ese rincón porteño se tejieron tantas historias. Pero la memoria, como la buena televisión, resiste al olvido.