El derrumbe de las bodegas Giol: la transformación de un emblema en Palermo
Resumen:
A finales del siglo XIX, las bodegas Giol se alzaron como símbolo del esplendor vitivinícola argentino. Hoy, en el corazón de Palermo, sus muros caen bajo la piqueta, abriendo paso a un nuevo polo científico-tecnológico. Esta metamorfosis, cargada de historia, refleja la eterna tensión entre el progreso y la memoria.
Cuerpo de la Noticia:
En las postrimerías del siglo XIX, Bautista Gargantini y Juan Giol, dos inmigrantes que llegaron a nuestras tierras con la esperanza de un futuro próspero, unieron fuerzas para crear lo que más tarde sería conocido como Bodegas y Viñedos Giol, la bodega más grande del mundo para los albores de 1910. Sus instalaciones, ubicadas en Mendoza, no sólo fueron cuna de uno de los mejores vinos del país, sino también un símbolo de la pujanza industrial argentina.
Paraguay y Godoy Cruz, en el barrio porteño de Palermo, albergaron durante décadas una de las plantas más icónicas de las bodegas Giol, donde los ferrocarriles trasladaban el fruto del trabajo de estos pioneros desde el interior hacia la capital. Con el tiempo, el edificio se convirtió en parte esencial del paisaje urbano, hasta que la quiebra en 1987 y la posterior estatización en 1964 marcaron el inicio de su declive.
El 9 de abril de 2011, las tareas de demolición comenzaron a derribar los muros que alguna vez albergaban el néctar del esfuerzo argentino. Estas tareas, financiadas por el gobierno nacional, forman parte del proyecto de construcción de un Polo Científico-Tecnológico, que busca llevar a la ciencia argentina al futuro mientras se apoya en los cimientos de su pasado industrial.
La Comisión Nacional de Monumentos, en un esfuerzo por preservar el valor histórico del lugar, ha propuesto abordajes diferenciados para las diversas estructuras. El Edificio Blanco, testigo del racionalismo arquitectónico del siglo XX, y El Edificio Rojo, con su fachada de ladrillos y hormigón, serán intervenidos cuidadosamente para mantener su esencia mientras se adaptan a las nuevas necesidades.
Filosofía y Ética:
El choque entre lo viejo y lo nuevo, entre la memoria y el progreso, plantea cuestiones filosóficas profundas. La dialéctica hegeliana del devenir histórico, donde cada tesis encuentra su antítesis para sintetizarse en un nuevo estado de la realidad, puede verse reflejada en la transformación de estas bodegas. ¿Se justifica la demolición de un símbolo histórico en aras del progreso? ¿Qué queda de nuestra identidad cuando los vestigios del pasado son sustituidos por nuevas estructuras? Estas preguntas resuenan en las paredes que aún se mantienen en pie.
Las Bodegas Giol:
Nacidas de la visión de dos inmigrantes, Bautista Gargantini y Juan Giol, las bodegas se convirtieron rápidamente en un emblema de la industria vitivinícola argentina. Con la dirección técnica de Tobías Noseda y el contador Iride Marelli, lograron en 1911 elaborar la mitad de los vinos del país. La estatización en 1964 y la quiebra en 1987 marcaron su decadencia, aunque su legado persiste en las memorias de quienes recuerdan su esplendor.

Se conservó los ladrillos se mantuvieron hasta la altura del antepecho y, desde allí, se han incorporado grandes paños vidriados. Estas ventanas recibieron un tratamiento de serigrafía roja para conservar la estructura original con un aporte de luz natural al interior.