Cafe Tabac
Palermo tiene muchas formas de tomarse un café. Está el café de especialidad, con barista, grano elegido y taza medida al milímetro. Está el bar clásico, con mozo, pocillo, medialuna y una mesa que parece haber escuchado medio siglo de conversaciones. Y está ese punto intermedio, tan porteño, donde uno no va solamente por el café, sino por la pausa: sentarse, hablar, mirar la calle, leer algo, discutir la vida o simplemente quedarse un rato sin que nadie moleste.
Esta guía no busca hacer un ranking perfecto ni perseguir la última moda cafetera. Al contrario: propone un recorrido barrial por lugares donde se puede ir a tomar un café y charlar. Algunos son clásicos de Palermo, otros son cafeterías modernas, otros tienen patio, vereda, pastelería o simplemente una esquina amable. La condición es sencilla: que sirvan para ese ritual porteño que nunca envejece, el de la taza compartida y la conversación larga.
Uno de los grandes puntos de partida es Café Tabac, en Avenida del Libertador 2300, una esquina elegante, muy porteña, ideal para encontrarse sin demasiada explicación. Tabac tiene ese aire de café tradicional de zona norte porteña: amplio, cómodo, con movimiento constante y buena ubicación para quienes vienen caminando por Palermo, Recoleta o el eje de Libertador. No es un café escondido ni pretende serlo: es un clásico para sentarse, pedir algo caliente y dejar que la charla haga su trabajo.
Otro clásico imprescindible es Varela Varelita, en Avenida Raúl Scalabrini Ortiz 2102, esquina Paraguay. Es Palermo de antes, Palermo de mesa de madera, café con leche, medialunas, afiches, política, cine, fútbol y vecinos. Varela Varelita no necesita hacerse el moderno porque ya tiene lo que muchos locales nuevos intentan fabricar: historia. Es una gran opción para quien quiere un café simple, una charla larga y la sensación de estar en un bar que todavía conserva alma.
En la zona de Ugarteche y Cabello aparece Fabiano Café, en Ugarteche 3101, un bar clásico de barrio para ir sin pose. Es de esos lugares que sirven para una pausa de media tarde, para tomar un cafecito tranquilo o para sentarse después de caminar por Palermo Chico, el Botánico o la zona de Las Heras. No todo café necesita espuma perfecta ni vajilla nórdica: a veces alcanza con una mesa cómoda, una buena atención y una esquina que funcione.
Muy cerca de ese espíritu de barrio también se puede nombrar Mac Nor Café, en Juncal 3599, una parada conocida para desayunar, merendar o tomar un café en una zona muy caminada de Palermo. A la vuelta, Halina Café, en Aráoz 2806, ofrece otra opción barrial, práctica y cotidiana. Son lugares para el vecino, para el turista que quiere salirse un poco del circuito de moda y para quien busca sentarse sin convertir el café en ceremonia científica.
En el mapa de Palermo también aparece Birkin, en República Árabe Siria 3061, una esquina ya instalada en la zona de Palermo Botánico. Tiene perfil de café-restó, brunch y merienda, con una estética más contemporánea y una ubicación ideal para combinar con una caminata por el Jardín Botánico, el Ecoparque, Plaza Alemania o Avenida del Libertador. No es el típico bar antiguo, pero funciona muy bien para una salida tranquila y urbana.
Para quienes buscan cafeterías con marca más actual, Borja Café, en República de la India 2895, es una parada muy visible del circuito moderno. Asociado al universo de Cande Molfese, Borja combina café de especialidad, pastelería y una propuesta joven, luminosa, más cercana al brunch y la merienda larga. Es una buena opción para quienes quieren algo actual, con estética cuidada y un clima más de encuentro que de bar de paso.
En Palermo Soho, el recorrido cafetero se vuelve más intenso. Casa Dingo, en Armenia 1908, ofrece café de especialidad, desayuno, brunch y un aire relajado, con onda de casa abierta. Cerca de ahí, Cuervo Café, en El Salvador 4580, es una referencia del café de especialidad porteño: chico, directo, con buen grano y una lógica más cafetera que gastronómica. Es ideal para quienes quieren tomar buen café sin demasiada vuelta.
También en Palermo Soho aparece Lobo Café, en Honduras 4730, con café, pastelería y una propuesta más abundante, ideal para quienes quieren acompañar la taza con algo dulce. En ese mismo universo puede sumarse Posta Café de Especialidad, en Honduras 5174, otra opción del circuito joven palermitano para quienes buscan espresso, latte, algo rico y una mesa para conversar.
Palermo Hollywood tiene su propia ruta. En Paraguay 5499, esquina Emilio Ravignani, está Montecarlo, bar notable, histórico, de esos que sostienen una esquina como quien sostiene una bandera. Se lo recuerda por su larga vida barrial, por su café con leche grande y por esa atmósfera de cafetín porteño que todavía resiste entre productoras, edificios nuevos y restaurantes de moda. Es un lugar para sentarse sin apuro, mirar la esquina y entender que Palermo también tiene memoria.
En la misma zona, Bombín, en Paraguay 5499, puede aparecer en el recorrido como referencia para quienes buscan café con leche generoso y espíritu de bar. Más hacia el corredor gastronómico, Salvaje Bakery, en Avenida Dorrego 1829, no es tanto un lugar para “solo café”, sino para acompañarlo con panes, medialunas, masa madre y productos de panadería de alto nivel. Vale mencionarlo porque Palermo también se toma café comiendo algo rico, y ahí la panadería pesa.
Entre los cafés más chicos y de especialidad se puede sumar Stank Coffee, en El Salvador 5999, como opción de local reducido para quienes andan por Palermo Hollywood. También Ciao Cacao Specialty Coffee, en Arévalo 1506, propone una cafetería pequeña, moderna y amable, con perfil de café de especialidad y clima diverso, relajado, muy de la zona. Es una opción interesante para merendar, conversar y salir del circuito más repetido.
Otro punto atractivo es Arena Café, en Costa Rica 5954, que suma un detalle no menor: tiene patio, y en Palermo eso siempre vale doble. Es una buena opción para ir con tiempo, especialmente si la idea es tomar café, comer algo y quedarse un rato más. Cerca del Mercado de Pulgas, el Dorrego Bar, en la zona de Dorrego y General Martínez, aporta una escala más rara, menos prolija, pero con ese encanto de borde palermitano donde conviven diseño, antigüedades, cafecito y caminata.
Para quienes buscan rincones más chicos, también aparecen Fruto Café, en Cabrera 5939, Pottery Coffee Deli, en Gorriti 5737, Copy by Papody, en Gorriti 4699, Hobby Café de Especialidad, en Malabia 1343, Hamming Social Café, en Gascón 1317, Amiti Cafetería sin gluten, en Honduras 4153, y Apolo Café, en Francisco Acuña de Figueroa 1612. Son opciones para el buscador de cafecitos, ese personaje porteño que no se conforma con una esquina y sale a descubrir mesas nuevas como quien junta estampitas.
Más hacia el eje de Alto Palermo y Palermo Norte, también hay clásicos y lugares útiles para una pausa. Pinot, en General Lucio Mansilla 3802, es un nombre instalado de la zona. Enfrente, Velvet, en Jerónimo Salguero 1807, funciona más como restaurante, pero también permite sentarse a tomar un café. Lucio, en la zona de Güemes 4001, es otro de esos lugares con años de presencia barrial. También se pueden sumar G Coffee, en Güemes 4125, Pitalito Café, en Charcas 4093, y Francisca Coffee, en Charcas 4309.
La zona de Charcas y Alto Palermo tiene además opciones de cadena o de formato más comercial, como La Fonte D’Oro, en Charcas 3601, que no entra en el espíritu de café chico, pero puede servir como referencia práctica para quien está de compras o caminando por el área. No todo paseo cafetero tiene que ser purista: a veces el café posible también cuenta, aunque el verdadero encanto de esta guía esté en los bares con personalidad propia.
También vale mencionar Tilo, en French 3700, como una opción de café, desayuno, merienda o encuentro barrial, aunque no sea necesariamente el café más notable del recorrido. En Palermo, muchas veces el mérito está en estar bien ubicado, tener mesas disponibles y permitir una charla sin apuro. Ese es un valor porteño básico, casi antiguo, y no conviene subestimarlo.
El cierre del paseo puede quedar cerca de los bosques, con Selene Café, en la zona de Adolfo Berro 3900, ideal para combinar con una caminata por Palermo Chico, el Planetario, el Rosedal, el Jardín Japonés, Plaza Sicilia o los monumentos del parque. En esa zona, el café es excusa perfecta para bajar el ritmo, sentarse un rato y mirar una de las partes más lindas de Buenos Aires.
En definitiva, Palermo tiene café para todos los humores. Para el que quiere bar clásico: Tabac, Varela Varelita, Montecarlo, Fabiano. Para el que busca especialidad: Cuervo, Casa Dingo, Borja, Lobo, Posta, Ciao Cacao. Para el que quiere patio o merienda larga: Arena, Birkin, Salvaje, Tilo. Y para el caminante curioso, siempre quedará una mesa nueva, una esquina rara, una taza inesperada.
Porque tomar café en Palermo no es solamente tomar café. Es conversar, mirar la ciudad, hacer tiempo, perder tiempo, ganar tiempo. Es un ritual mínimo y eterno. Buenos Aires puede cambiar de modas, de carteles y de precios, pero mientras haya una mesa, una taza caliente y alguien enfrente para hablar, el viejo corazón cafetero de la ciudad seguirá latiendo.