La escultura volvió al espacio público en Plaza Sicilia en 2023, tras décadas de traslados, restauraciones y actos de vandalismo. Su historia refleja tanto la fragilidad del patrimonio porteño como la persistencia de los mitos clásicos en la ciudad.
El escultor y su escuela
Diana fugitiva, también conocida como Siringa, es obra del artista francés François Louis Virieux (1837–1916). Virieux se formó en la tradición académica francesa del siglo XIX, marcada por el neoclasicismo tardío y el realismo escultórico. Esta escuela se nutría de la copia de modelos clásicos y del estudio anatómico riguroso, pero también buscaba dotar a las figuras de movimiento y dramatismo, alejándose de la rigidez neoclásica pura.
En Francia, Virieux presentó varias obras en los salones oficiales y su estilo se enmarca dentro de esa corriente que intentaba reconciliar la idealización grecorromana con un naturalismo más cercano al gusto burgués de la Belle Époque. Buenos Aires, a fines del siglo XIX y principios del XX, adquirió numerosas piezas de esta escuela, lo que explica la presencia de Diana fugitiva en el acervo porteño.
La obra y el mito
Tallada en mármol de Carrara, de 1,65 metros de alto, representa a la náyade Siringa en el momento de su huida del dios Pan. La obra captura la tensión del cuerpo en movimiento, con un desnudo femenino dinámico y expresivo. El mito, originario de Arcadia, relata cómo Pan intentó poseer a la ninfa y cómo, para escapar, sus hermanas la transformaron en cañas que darían origen a la flauta de Pan.
Esta narrativa de persecución, metamorfosis y música fue una de las más representadas por la escultura académica del siglo XIX, pues permitía unir sensualidad, dramatismo y mito clásico.
Una vida errante: traslados y vandalismo
La escultura nunca tuvo un emplazamiento definitivo en Buenos Aires, y esa inestabilidad marcó su historia:
- Parque Tres de Febrero (fines del XIX): fue su primer espacio, en medio del proyecto modernizador del parque diseñado por Carlos Thays.
- Plaza Intendente Alvear (1917): se la trasladó al corazón de Recoleta, en un gesto de jerarquización urbana.
- Parque Lezama (1938): ubicada en un espejo de agua rodeado de gradas, integró un anfiteatro que se volvió espacio cultural y de visibilización candombera tras la vuelta de la democracia.
- Restauración de 1999: el espejo de agua se eliminó y se instaló en un templete grecorromano en la barranca de Lezama, junto a otras obras. Fue allí donde comenzó a sufrir vandalismo constante: grafitis, pintadas, roturas e incluso uso indebido como soporte físico.
- MOA (2018): hallada pintada y con su base cubierta de materia fecal, fue retirada y restaurada en el Patio de Esculturas del Monumentos y Obras de Arte (MOA). Las reparaciones limpiaron manchas y cascaduras, pero dejaron en el mármol huellas visibles de su sufrimiento urbano.
- Plaza Sicilia (2023): finalmente se reubicó en un entorno más controlado y acorde, donde hoy puede apreciarse nuevamente.
El desafío de la preservación
Los múltiples traslados respondieron a intentos de salvaguardar la pieza frente al deterioro y la falta de cuidado ciudadano. Cada emplazamiento la expuso a contextos distintos: desde espacios abiertos donde se transformó en símbolo cultural, hasta rincones en que fue víctima de vandalismo.
Hoy, en Plaza Sicilia, se busca un equilibrio: mantenerla accesible al público, pero en condiciones de mayor seguridad. Diana fugitiva es testimonio de cómo la ciudad dialoga con su patrimonio artístico, oscilando entre el descuido y la recuperación, entre la violencia urbana y la persistencia de la belleza clásica.