Colombia Mía es un bar con todo el color cafetero en pleno Palermo Hollywood

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‘Colombia Mía’ es el lugar elegido por los hinchas del combinado de Pekerman para ver los partidos.

Están a 7 mil kilómetros de Barranquilla, pero vivieron el partido como en su casa. ‘Colombia Mía’ es un bar con todo el color cafetero en pleno Palermo Hollywood y el lugar elegido por los hinchas para ver los encuentros de la Selección de Pekerman rodeado de compatriotas y cerca de sus costumbres.

Varias horas antes del inicio del encuentro ante Argentina, ya no había mesas disponibles. Algunos desprevenidos que ingresaron en busca de un lugar tuvieron que retirarse sin suerte, mientras otros tantos iban llegando para disfrutar desde temprano la previa de un compromiso que viven de manera particular.

«Jugar con Argentina siempre es especial», coincidieron prácticamente todos los hinchas sentados en el coqueto bar de Bonpland y Honduras, en parte por el respeto que sienten por el combinado albiceleste y otro tanto por el cariño y admiración por «el Profe Pekerman», a quien consideran como «uno de los mejores técnicos que tuvo la Selección en toda su historia».

Claro que escuchar la transmisión bien argenta de los canales locales corta el clima cafetero reinante en el lugar, por eso algunos buscan con sus celulares y tablets una radio colombiana que explique cómo puede influir la ausencia de Jackson Martínez y no la de Messi, Agüero o Tevez. Pero fastidiados por los cortes y los relatos a destiempo, la mayoría se resignó a escuchar el audio original, sin escatimar insultos ante un comentario crítico para el conjunto local.

Arepitas rellenas, picada colombiana (con res, cerdo, chicharrón, chorizo, rellena, empanadas, arepas, patacón, ahogao, ají y salsa de la casa), pinchos de la casa (de carne de res, cerdo, pollo, verduras, acompañados con arepa) y empanadas parecen ser el mejor acompañamiento para el partido, a juzgar por la mayoría de los pedidos. Y el gusto por la cerveza, queda claro, no entiende de países y culturas.

La esperanza de la previa del partido con varios vaticinios de triunfo colombiano fue decayendo con el correr de los minutos. Los lamentos por las jugadas desperdiciadas y los avances argentinos llegaron a su punto máximo con el gol de Biglia y, aunque la ilusión de la hazaña se mantuvo hasta el final, el desánimo por una nueva decepción -el equipo de Pekerman sólo ganó en la primera fecha- se extendió mesa a mesa.

Pero las caras largas duraron poco. Al fin y al cabo, el partido también es una excusa para pasar un rato entre compatriotas, acercarse al color y las costumbres de su país y sentirse, al menos por un rato, cerca de su tierra natal.