El restaurante Santa Evita, ubicado en Julián Álvarez 1479, anunció que cerrará sus puertas el próximo 30 de septiembre, después de casi ocho años de actividad en Palermo. El local se convirtió en una propuesta singular dentro del circuito gastronómico del barrio: cocina argentina, identidad política explícita, música y encuentros culturales en un mismo espacio.
“Con muchísimo dolor” comunicaron la decisión sus responsables, Flor y Gonza, a través de las redes sociales del proyecto. En el mensaje agradecieron a quienes acompañaron al restaurante desde sus primeros días y remarcaron que el público fue una parte central de una experiencia que definieron como difícil, pero hermosa.
Santa Evita se presentaba con una frase sin medias tintas: “Restorán peronista en barrio gorila”. Esa identidad, lejos de quedar como una simple decoración, atravesó su propuesta y le dio una personalidad propia dentro de Palermo. Además de la atención gastronómica, el lugar impulsó shows y actividades bajo el nombre de Santa Cultural, convirtiéndose en punto de encuentro para vecinos, artistas y clientes habituales.
Durante septiembre habrá una despedida con agenda especial, música y el regreso de varios clásicos de la casa. Entre ellos estarán el locro del Gonza, el flan de Flor y otros platos que formaron parte de distintas etapas del restaurante. También anticiparon que algunas preparaciones podrán comprarse para llevar, una forma de que el último sabor del local no quede solamente en la mesa del salón.
El cierre suma otro nombre a la lista de espacios gastronómicos y culturales que bajan la persiana en una ciudad donde sostener un proyecto independiente se vuelve cada vez más áspero. Sin embargo, sus responsables dejaron una puerta entreabierta: aseguran que ya piensan cómo volver, “en menos de lo que canta un gallo”, con una nueva versión de la propuesta.
Hasta el 30 de septiembre, Santa Evita tendrá su último mes de funciones en Julián Álvarez 1479. Será tiempo de locro, flan, música y despedidas: el ritual porteño de decir hasta luego cuando un lugar del barrio se apaga, aunque nadie quiera que sea definitivo.