Celebramos a Sofía.

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Hoy hace 5 años falleció Sofía. Tenía 105.

La celebramos, la recordamos, la homenajeamos con este texto hermoso de su nieta Joana D’Alessio:

Cuando era chica mi hermano y yo íbamos, una vez por semana, a almorzar a lo de los abuelos. Vivían en un piso 13 muy luminoso, en Independencia entre Bolivar y Defensa, arriba de El hogar obrero . La abuela hacía cosas ricas, ñoquis con manteca y queso era mi plato preferido. El abuelo condimentaba la ensalada y era el encargado de poner la mesa y lavar los platos. Comíamos hasta reventar. Y con esa modorra hermosa nos tirábamos en la cama grande y la abuela nos leía lo que daba en llamar El Dailan Kifky .

A veces la abuela hablaba del Bebe, su hijo desparecido, el hermano de mi papá. Y lloraba. Yo no sabía qué hacer ni qué decir, le agarraba la mano al abuelo, fuerte, y también lloraba. Ella era la única que me hablaba del Bebe. De su carácter bondadoso, de su militancia, de lo que llamaba: cuando se lo llevaron al Bebe. Del pedido de rescate por mi papá, que estuvo secuestrado con mi tío, y de que cuando lo soltaron y se reencontraron le dijo: mamá, al Bebe no lo vamos a ver nunca más.

Pasaron los años. Crecí. Estudié cine. Empecé a producir películas. Un día pensé que mi abuela era un buen personaje para un documental. Estaba por cumplir cien años y alrededor de eso podíamos estructurar la película. Y hacerlo era, para mí, una forma de buscar una respuesta al misterio que encerraba la abuela: ser una mujer tremendamente golpeada por la vida pero llena de energía. Presentamos el proyecto en el INCAA y nos dieron un subsidio. Empezamos a filmar. Veinte días antes de cumplir cien años mi abuela se quebró la cadera y la tuvieron que operar de urgencia. Recuerdo estar en el hospital con la cámara en la mano llorando y pensando con culpa: que no se muera mi abuela pero qué buen giro es este momento para la película. Igual ella antes de entrar a la operación anunció: de esto no me pienso morir. La película se llamó Sofía cumple 100 años, y se estrenó en el 2010 en el Gaumont, con la abuela presente. Desde entonces muchísima gente la vio y me contactó para contarme que rió y lloró, al ritmo de Sofía.

Pero la verdad seguí sin entenderla. Fui madre, y el misterio de Sofía solo fue cobrando más fuerza. Ella seguía ahí, en su silla hamaca, tejiendo pulovercitos para sus bisnietos y para cualquier bebé satélite de la familia que estuviera por nacer. Cada tanto me decía: yo ya no estoy como antes. Y después vivía diez años más. Los médicos se horrorizaban cuando escuchaban lo que comía. Pero mi papá le compraba jamón crudo y roquefort, sabía que la sal no la iba a matar.

La vitalidad de Sofía, cuyo secreto nunca descubrí, es algo hermoso, que está ahí, totalmente vivo, como una luz. Un lugar donde ir a buscar fuerzas cuando uno cree que no las tiene.

No sé qué hubiera dicho Sofía de saber que mi hermano iba a fundar un centro cultural con su nombre. Tal vez hubiera protestado “ay pero por favor querido, qué disparate!!!!” Y después hubiera estado feliz y participando. Hace poco en un evento Fran dijo: si la abuela estuviera acá tendría 109 años, estaría sentada en la primera fila y los sorprendería a todos con su humor corrosivo y su chispa inigualable.

Hoy, hace cinco años, Sofía se murió. Tenía 105 años. Decidimos despedirla en su casa, la adornamos con flores y mantas de colores, hubo música en vivo, comida y muchísimos amigos. Los niños jugaban alrededor de su cuerpo. Días después mi hija, Sofía, que tenía 4 años, se refirió a ese momento como “la fiesta de la abuelita”. Entonces supe que lo habíamos hecho bien, lo habíamos hecho como a ella le hubiera gustado. Porque Sofía nos enseñó que vivir no es fácil, y morir tampoco. Pero puede ser maravilloso.

Joana DAlessio

Link de la película