Parque de la Memoria
Parque de la Memoria: el cielo, los barriletes y la memoria colectiva
El Parque de la Memoria, a orillas del Río de la Plata, se consolida no solo como un sitio de homenaje y reflexión, sino también como un espacio ideal para remontar barriletes. Una combinación poética entre el recuerdo y la libertad, entre el viento y la historia.
En la ribera norte de Buenos Aires, donde el río se vuelve infinito y el viento sopla libre sin pedir permiso, se levanta uno de los espacios más simbólicos de la Ciudad: el Parque de la Memoria. Inaugurado como homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado, hoy también es un lugar donde la vida continúa, donde se camina, se abraza, se contempla… y se remontan barriletes.
¿Contradicción? ¿Falta de respeto? Al contrario: los barriletes, como las ideas, como los sueños de justicia, como los nombres que el viento lleva consigo, suben al cielo con hilo firme y manos decididas.
El viento como aliado
Uno de los principales encantos del Parque de la Memoria es su ubicación estratégica sobre la Costanera Norte, justo frente al Río de la Plata. Esa geografía privilegiada garantiza casi siempre un viento constante, limpio, potente y generoso: exactamente lo que cualquier amante de los barriletes busca para hacer volar su creación artesanal o industrial.
Las tardes en el parque ofrecen un espectáculo espontáneo. Familias, parejas, jubilados y estudiantes del CBC (que van más por la vista que por Foucault) disfrutan del vuelo de cometas de todos los colores, mientras las placas con los nombres de los desaparecidos descansan a un costado, recordando sin interrumpir, presentes sin ruido.
Una metáfora en movimiento
“Remontar un barrilete en el Parque de la Memoria es como alzar la memoria al cielo”, decía hace poco una vecina que cada domingo va con su hijo a soltar una cometa celeste. Y no es casual. La imagen tiene una carga poética abrumadora: el barrilete, con su cola danzante, cruza el cielo como un mensaje, como un reclamo que no se calla, como un símbolo de los que no están pero siguen volando.
En este rincón porteño donde conviven esculturas monumentales, arquitectura de silencios y vistas abiertas al horizonte, el acto de jugar cobra otra densidad. No es solo una actividad lúdica. Es también una forma de apropiarse del espacio, de resignificarlo sin negarlo, de hacer del duelo un gesto vital.
Tips para barriletear con conciencia
- Elegí días de viento moderado: Evitá jornadas con ráfagas intensas que puedan dificultar el control del barrilete.
- Respetá el entorno: No ates hilos en esculturas ni cruces senderos marcados por obras de arte. El parque es también un museo al aire libre.
- No uses piolines con vidrio ni metálicos: Por seguridad propia y ajena, y por respeto al espacio.
- Llevá hilo de repuesto y un buen carretel: El viento costero puede romper líneas con facilidad.
- Cuidá el silencio: La memoria no necesita gritos, ni parlantes. Sólo altura y presencia.
¿Y vos, cuándo fue la última vez que soltaste un barrilete?
¿Remontar barriletes en un parque de homenaje? Sí. Porque la memoria no es solo silencio y solemnidad: también es la posibilidad de imaginar un país más libre, más alto, más colorido. Y si es con un barrilete que se eleva frente al río y baila entre esculturas que nos recuerdan lo que no debe repetirse, mejor.
¿Te gustaría compartir tu experiencia barriletera en el Parque de la Memoria?