Día Nacional del Asado Argentino.
El Hipódromo de Palermo recibe este domingo 27 de septiembre, de 12 a 21, al Festival del Asado y la Empanada. La entrada es libre y gratuita; el consumo se abona en los puestos participantes. Habrá más de 30 propuestas gastronómicas, entre parrillas, food trucks y emprendimientos dedicados a cortes de carne, achuras, choripanes, empanadas y versiones regionales de una cocina que sigue organizando la vida social argentina.
El asado no es una cosa: es una escena completa
Decir “asado” en Buenos Aires parece nombrar una comida, pero en realidad se está nombrando una secuencia entera. Está la compra, la elección de la carne, el fuego, el tiempo de espera, el humo que invade la ropa, el que se autoproclama especialista en brasas, el que pregunta si ya está y el que llega tarde cuando los chorizos ya salieron. Hay conversación, trabajo, paciencia, discusión, gasto y una manera muy argentina de ordenar las horas alrededor de una mesa.
El Festival del Asado y la Empanada lleva esa escena al Hipódromo de Palermo, en avenida del Libertador y Dorrego. La propuesta abre de 12 a 21 y anuncia más de 30 puestos y food trucks. El ingreso es libre y gratuito, aunque cada puesto fija sus precios, porciones y medios de pago. El dato debe quedar claro para no vender una salida como si todo fuera sin cargo: la entrada no se paga; la comida, sí.
Habrá costillares, vacío, bondiola, matambre, ojo de bife, entraña, achuras, mollejas, choripanes, pamplonas y preparaciones a la parrilla, además de empanadas de distintas procedencias. La lista es generosa y la tentación de probar todo es real. Pero el valor de la feria no está en transformarse en una competencia de consumo. Está en mirar cómo dos preparaciones de apariencia sencilla reúnen técnicas, territorios, oficios y discusiones familiares que Buenos Aires arrastra desde hace generaciones.
En una ciudad donde la gastronomía parece cambiar de nombre todos los meses, el asado y la empanada conservan una fuerza que no necesita traducción. Se pueden volver gourmet, viajar a un festival o aparecer en una carta sofisticada, pero siguen perteneciendo a la cocina cotidiana. Nadie le pide al asado que sea tendencia. Sobrevive porque resuelve un encuentro y porque tiene una raíz material: fuego, carne, masa, relleno, manos y tiempo.
El Hipódromo y una jornada para quedarse de día
El Hipódromo de Palermo suele ser asociado a las carreras, a la agenda nocturna, a espectáculos de gran escala y al paseo de fin de semana sobre el corredor de Libertador. Sin embargo, cuando una feria gastronómica toma el predio de día, aparece otra dimensión del lugar. La zona se convierte en punto de encuentro para quienes caminan por los Bosques, salen del Botánico, llegan desde otros barrios o buscan una actividad familiar que no dependa de encerrarse en un shopping.
El emplazamiento importa. La intersección de Libertador y Dorrego conecta parques, circuitos deportivos, espacios de ocio, transporte y una ciudad turística que durante el fin de semana recibe una circulación especialmente intensa. A pocas cuadras están el Rosedal, el Planetario, los lagos y el campo de polo. La feria suma una excusa más para que vecinos y visitantes recorran Palermo sin reducirlo a bares nocturnos o restaurantes de moda.
También plantea una pregunta urbana: ¿cómo se usa un predio emblemático en una ciudad que necesita más actividades abiertas, accesibles y distintas? El festival no convierte al Hipódromo en plaza pública ni reemplaza la necesidad de espacios verdes gratuitos, pero aporta una programación de entrada libre que habilita recorrer, mirar y decidir después si se consume. En tiempos donde muchas salidas empiezan con una tarjeta de crédito antes de salir de casa, esa posibilidad no es menor.
El movimiento, por supuesto, tiene impacto. Más público implica más tránsito peatonal, más demanda sobre los accesos y más circulación en una zona que ya es compleja los domingos. Quien vaya en auto debería prever demoras; quien use bicicleta deberá circular con cuidado en los alrededores; y quienes utilicen transporte público conviene que consulten su recorrido antes de salir. El festival promete una escena amable, pero Palermo no deja de ser una ciudad en movimiento.
Empanadas: una palabra, decenas de geografías
La empanada es otra institución nacional que suele ser simplificada hasta el absurdo. Se habla de “la empanada argentina” como si existiera una receta única, cuando en realidad hay una familia entera de masas, rellenos, tamaños, repulgues y cocciones. La salteña, la tucumana, la santiagueña, la cordobesa, la mendocina, la riojana, la jujeña, la patagónica y las versiones porteñas comparten una forma, pero discuten casi todo lo demás.
Hay empanadas al horno de barro, fritas, horneadas, jugosas, secas, con papa, con aceituna, con pasas, con carne cortada a cuchillo, con pollo, con humita, con queso, con charqui, con mariscos o con rellenos que responden a una tradición familiar antes que a una provincia. El repulgue, lejos de ser sólo una decoración, puede marcar qué hay adentro. La masa puede ser fina, quebradiza, grasa, manteca, harina de maíz o una adaptación moderna. Y en cada mesa aparece inevitablemente el debate: ¿aceitunas sí o no?, ¿pasas sí o no?, ¿la carne debe cortarse a cuchillo?, ¿cuánto jugo es demasiado jugo?
Esa discusión tiene algo saludable. Muestra que la cocina no es un museo inmóvil. Una receta viaja, se adapta, se mezcla y cambia con los productos disponibles. El problema surge cuando se borra su historia para vender una versión neutra, prolija y sin territorio. Una feria como esta puede servir para volver a mirar esas diferencias. No se trata de declarar una empanada ganadora para siempre, sino de comprender que una masa puede contar migraciones, regiones, economías y memorias de familia.
La empanada también es un plato práctico para la feria: se come de pie, se comparte, permite comparar y no exige ceremonia. Pero esa facilidad no debería hacer olvidar el trabajo que lleva una buena preparación. El relleno necesita equilibrio entre humedad y sabor; la masa debe resistir sin endurecerse; el cierre tiene que impedir que se pierda el jugo; la cocción debe ser pareja. Detrás de una empanada bien hecha hay técnica, no sólo nostalgia.
El fuego, el oficio y la trampa de convertir todo en espectáculo
El asado tiene su propia pedagogía. Quien cocina frente a una parrilla aprende que la carne no responde a órdenes. Hay temperaturas, brasas, cortes, grasas, alturas de parrilla, tiempos de reposo y condiciones climáticas. El fuego no se apura porque alguien tenga hambre. Cuando se intenta acelerar todo, aparecen los clásicos resultados: carne arrebata, grasa quemada, exterior negro e interior crudo, humo excesivo y una ansiedad colectiva que termina arruinando el encuentro.
Los festivales de parrilla pueden mostrar parte de ese oficio si respetan los tiempos reales de cocción. Un costillar no se improvisa en diez minutos. Una buena entraña necesita atención. Las achuras requieren una cocción adecuada. El choripán parece fácil, pero su calidad depende del embutido, del pan, de la temperatura y del punto. El chimichurri y la salsa criolla no son decorados obligatorios: son condimentos que pueden acompañar o tapar un producto, según cómo se usen.
Hay, además, una tensión contemporánea. El asado se volvió contenido de redes sociales: planos de carne cayendo sobre una tabla, llamas exageradas, cuchillos de lujo, frases de masculinidad envasada y una pose de maestro parrillero que muchas veces tiene más de actuación que de oficio. La feria puede alimentar esa estética o recuperar algo más valioso: que cocinar para otros es una tarea concreta. Hay que comprar, encender, limpiar, vigilar, servir y hacerse cargo de que todos coman.
No hace falta idealizar el ritual. El asado también puede reproducir desigualdades, repartir siempre el trabajo entre las mismas personas o convertirse en una excusa para que uno mande y los demás esperen. Pero su mejor versión tiene otra lógica: el fuego como centro de una reunión donde alguien trabaja y los demás lo reconocen, ayudan, conversan y comparten. La comida no debería ser una demostración de poder; debería ser una forma de hospitalidad.
Cómo recorrer la feria con criterio y sin terminar derrotado
El primer consejo es dar una vuelta completa antes de comprar. Los aromas de la parrilla hacen difícil la paciencia, pero comparar puestos ayuda a decidir mejor. Conviene mirar qué ofrece cada uno, preguntar por el tamaño de la porción y verificar si hay opciones para compartir. La feria permite probar, pero no obliga a pedir todo junto ni a caer en la trampa de la bandeja gigantesca que después no se puede terminar.
El segundo consejo es elegir un eje. Puede ser “empanadas de distintas regiones”, “cortes de parrilla”, “achuras” o “sándwiches”. Si el grupo intenta abarcar toda la feria, probablemente termine con más fotos que disfrute. Elegir dos o tres preparaciones y compartirlas suele ser mejor negocio gastronómico y económico. También evita el desperdicio, una cuestión especialmente importante en eventos donde la comida circula rápido y en grandes cantidades.
El tercer consejo es preguntar. Si un puesto anuncia una empanada regional, vale la pena saber qué la distingue. Si ofrece un corte poco habitual, conviene consultar cómo está cocido. Si hay restricciones alimentarias o alergias, hay que preguntar antes de comprar. Una feria no es lugar para adivinar ingredientes ni confiar en que la descripción del cartel alcanza para todo.
El cuarto consejo es salir con un presupuesto. La entrada libre puede generar una falsa sensación de gasto menor, pero los consumos sucesivos se acumulan. Definir cuánto se quiere gastar no mata la espontaneidad: permite disfrutar sin que la salida se convierta en un arrepentimiento a la noche. Los precios y el stock son responsabilidad de cada puesto y pueden variar durante la jornada.
Datos útiles para este domingo
El Festival del Asado y la Empanada se realiza este domingo 27 de septiembre, de 12 a 21, en el Hipódromo de Palermo, con acceso por avenida del Libertador y Dorrego. La entrada es libre y gratuita. El consumo se paga en los puestos participantes. La programación general anuncia más de 30 puestos y food trucks, con propuestas de parrilla, cortes de carne, achuras, choripanes, empanadas y versiones regionales.
Para llegar, la zona cuenta con múltiples líneas de colectivo por Libertador, Dorrego y avenidas cercanas. Quienes se trasladen en auto deben contemplar una circulación intensa en el corredor de los Bosques. En bicicleta, conviene asegurarla correctamente y caminar en los sectores de mayor concentración. El festival se puede combinar con un paseo por el entorno, aunque la duración dependerá de las filas y del tiempo que se quiera dedicar a recorrer cada puesto.
La agenda oficial advierte que la experiencia depende de la disponibilidad de cada expositor. No corresponde prometer platos específicos ni precios cerrados hasta que el visitante llegue al predio. Sí puede afirmarse que la feria ofrece una oportunidad clara para discutir, con la seriedad que merece el asunto, cuál es la empanada que mejor defiende a la Argentina. Nadie saldrá con un acuerdo total, y quizá ese sea el mejor resultado.
- Actividad: Festival del Asado y la Empanada.
- Fecha: domingo 27 de septiembre.
- Horario: 12 a 21.
- Lugar: Hipódromo de Palermo.
- Dirección: avenida del Libertador y Dorrego.
- Entrada: libre y gratuita.
- Consumo: arancelado según cada puesto.
El asado y la empanada sobreviven porque no son reliquias. Cambian, viajan, se discuten y se comen en situaciones muy distintas. La feria puede ser una salida gastronómica, pero también una pequeña clase de historia argentina servida con masa, humo y opiniones que nadie pidió, pero todos van a dar.
Preguntas para los lectores
¿Qué parte de la identidad argentina se conserva realmente en un asado o una empanada: la receta, el producto, la técnica, el territorio de origen o la forma en que las personas se reúnen alrededor de esa comida?
¿Las ferias gastronómicas ayudan a valorar el oficio de parrilleros, cocineros y productores, o terminan reduciendo preparaciones complejas a una postal de consumo rápido que dura lo que tarda una historia en redes?
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