El Profesorado Sara C. de Eccleston ofrece una parada inesperada en los Bosques de Palermo. Su arquitectura de 1974, junto al histórico Jardín de Infancia Mitre, permite descubrir un recorrido que combina educación, esculturas, tradición ecuestre y gastronomía.
Hay edificios que llaman la atención por sus torres, sus cúpulas o sus ornamentaciones. Otros despiertan una pregunta más sencilla: ¿qué hace esa construcción tan moderna al lado de aquella tan antigua? Sobre la avenida Dorrego, cerca de Figueroa Alcorta, el conjunto que comparten el Profesorado de Educación Inicial Sara C. de Eccleston y el Jardín de Infancia Mitre ofrece precisamente esa escena. Entre árboles añosos aparecen dos maneras distintas de pensar la arquitectura, reunidas en un mismo paisaje educativo.
Para quien pasea por este sector de Palermo, detenerse frente al predio permite descubrir algo que suele quedar fuera de los circuitos más conocidos. Aquí también hay patrimonio para mirar: una escuela, sus espacios verdes y una construcción moderna que, más de medio siglo después de su inauguración, conserva interés por la claridad de sus formas y la inteligencia de su organización.
Una obra de 1974 que todavía parece moderna
El edificio del profesorado fue proyectado por el arquitecto Adolfo Storni e inaugurado en 1974. La historia institucional también reconoce a la arquitecta Marta Caprile, responsable de la dirección de la obra. Su construcción permitió que la formación docente contara con espacios concebidos específicamente para esa actividad.
La primera característica que descubre el visitante es su horizontalidad. El volumen rectangular se extiende detrás de la arboleda sin competir en altura con ella. Las ventanas continuas, la repetición de los elementos estructurales y la ausencia de adornos construyen una imagen serena. Su atractivo está en las proporciones, en los materiales y en la relación entre el edificio y el terreno.
La construcción ocupa una planta de aproximadamente 55 metros de largo por 19 de ancho, dentro de una parcela verde compartida de 14.637 metros cuadrados. Está retirada de la vereda, de modo que el espacio abierto forma parte de la experiencia: antes de llegar a la arquitectura aparecen los árboles, las sombras y la distancia necesaria para observarla.
Qué mirar desde la vereda
Una buena manera de descubrir el edificio es seguir con la vista las franjas de ventanas. Su disposición favorece la iluminación natural y permite vincular las aulas con el paisaje. La vegetación funciona como algo más que un marco para la fotografía: acompaña la vida cotidiana de una institución donde los espacios exteriores también tienen valor pedagógico.
Detrás de esa apariencia sencilla existe una planificación precisa. El proyecto utiliza una trama modular de 7,20 por 7,20 metros, con una estructura de hormigón armado que permite organizar los ambientes con flexibilidad. Un corredor central de cuatro metros de ancho distribuye las aulas en ambas plantas. La regularidad ofrece una ventaja concreta: facilitar distintas disposiciones y acompañar cambios en las necesidades educativas.
El hormigón visible, los cerramientos de mampostería y las superficies cerámicas expresan esa manera de construir. Cada material participa de la imagen del conjunto. Para el turista interesado en arquitectura, el ejercicio consiste en observar cómo una obra puede adquirir identidad sin recurrir a una fachada monumental.
El edificio antiguo y la historia que comparten
La convivencia con el Jardín de Infancia Mitre vuelve especialmente interesante esta parada. El edificio histórico del jardín fue anteriormente un gimnasio infantil vinculado con Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Esa procedencia conecta el predio educativo con la historia deportiva de este sector de Palermo.
El profesorado y el jardín llegaron al terreno de Figueroa Alcorta y Dorrego en 1942, después de una etapa en la Quinta Unzué. Conviene distinguir ambos lugares: la antigua quinta corresponde a una sede anterior de las instituciones. El edificio moderno de Storni se incorporó décadas después al predio que hoy ocupan.
Desde el paseo público, el contraste permite leer el paso del tiempo. El edificio antiguo aporta la memoria de los primeros equipamientos del lugar; el profesorado introduce la búsqueda de espacios educativos flexibles propia de la arquitectura moderna. Mirarlos juntos ayuda a entender cómo una ciudad transforma sus instituciones sin borrar necesariamente todas sus capas anteriores.
El monumento que une a Suiza y la Argentina
El recorrido continúa en el cantero central de avenida Dorrego, entre Figueroa Alcorta y las vías ferroviarias. Allí se encuentra Argentina y Suiza unidas sobre el mundo, el monumento donado por la colectividad suiza de la República Argentina con motivo del Centenario. Es una de esas obras que muchos reconocen de haber pasado, aunque pocas veces se detengan a observar.
El grupo escultórico reúne un caballo en movimiento, Cupido y dos figuras femeninas que representan a ambos países. Estas últimas aparecen sobre una semiesfera que simboliza el mundo, tomadas en una escena de cercanía afectiva. La amistad entre las naciones se expresa mediante cuerpos, gestos y símbolos, un lenguaje que invita a rodear la obra y descubrir sus distintos planos. El conjunto tiene categoría de Monumento Histórico Nacional.
La parada permite cambiar de escala: de las líneas horizontales del profesorado a la composición escultórica del boulevard. En unos pocos pasos, el paseo pasa de la arquitectura escolar del siglo XX a las representaciones públicas de la fraternidad entre países.
Caballos y clubes en el paisaje de Palermo
Más adelante, sobre avenida Dorrego 4045, aparece el Club Alemán de Equitación. Su presencia suma otra pieza a la identidad de la zona, donde los espacios educativos conviven con instituciones deportivas y grandes superficies abiertas. La dirección corresponde al tramo comprendido entre Figueroa Alcorta y Lugones.
La tradición ecuestre ayuda a comprender este paisaje de Palermo: pistas, instalaciones deportivas, arboledas y terrenos extensos producen una relación con la ciudad muy distinta de la que ofrecen las calles comerciales del barrio. Para visitar instalaciones o presenciar actividades, corresponde consultar las condiciones de ingreso de cada institución.
Quienes quieran ampliar el paseo hacia otros establecimientos ecuestres pueden incorporar el Club Hípico Argentino, ubicado en avenida Presidente Figueroa Alcorta 7285. Se trata de otra parada del recorrido ampliado; esa es su dirección y debe contemplarse el traslado al organizar la salida.
Una pausa gastronómica sobre Dorrego
La caminata también puede incluir una mesa. En avenida Dorrego 3590, Checkpoint Charlie ofrece carnes a la parrilla y platos de cocina europea, además de propuestas para desayunar o merendar. Su ubicación permite incorporarlo como una pausa dentro del corredor, cerca del cruce con Figueroa Alcorta.
La propuesta turística puede organizarse sin apuro: observar primero el conjunto del jardín y el profesorado, detenerse ante el monumento suizo y continuar hacia el Club Alemán de Equitación. El interés está en prestar atención a lo que normalmente queda detrás del parabrisas: una ventana corrida, una fachada antigua, una escultura entre árboles.
El conjunto educativo se identifica en las referencias arquitectónicas con Dorrego 3723; la historia institucional señala Dorrego 3751. Para este paseo, la observación se plantea desde el espacio público: son establecimientos educativos en funcionamiento.
Entre árboles y edificios de épocas diferentes, avenida Dorrego guarda una pequeña lección de turismo urbano. A veces alcanza con detenerse frente a una escuela para empezar a conocer mejor un barrio.