140º Aniversario del Hipódromo de Palermo

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El sábado 7 de mayo, el Hipódromo de Palermo cumplió 140 años, y los festejos comenzaron junto al Gran Premio República, cuando asistieron 80.000 personas a disfrutar las carreras de caballos, la feria gastronómica, la muestra de arte, la música, los eventos para chicos, el desfile de moda y la develación de la placa conmemorativa.
Esta institución, abrió sus puertas en 1876. Los trenes y tranvías no daban abasto con los amantes del turf que se conglomeraban para presenciar la inauguración. El hipódromo contaba con una Tribuna Oficial diseñada por el arquitecto Néstor París, que consistía en una estructura de madera y ladrillos con techo de zinc, disponía de un vidriado lateral y una pintoresca cúpula metálica con capacidad para 1.600 personas. La primera carrera que se disputó sobre la pista principal fue presenciada por diez mil personas, y ganó el caballo Resbaloso.
El hipódromo está ubicado en Palermo, en tierras cedidas por el Estado, linderas con el Parque 3 de Febrero. La sociedad que lo puso en marcha, presidida por Narciso Martínez de Hoz y de la que Carlos Pellegrini fue secretario, reunía a un grupo de propietarios de caballos en la que ya predominaban los nativos. Gracias a su infraestructura, el hipódromo prometía una gran mejora del espectáculo.

Desde la década de 1880, las competencias hípicas adquirieron una gran importancia. La gente estaba más informada sobre los resultados de carreras, nombres de caballos y jinetes que cualquier otro tema de interés general. En 1884, con la presencia del Presidente de la República, General Julio Argentino Roca, se corrió la primera versión del Gran Premio Nacional “El Derby Argentino”, una las carreras más emblemáticas de Turf Nacional, que concentra la atención de todos los propietarios y criadores de la hípica, ya que El Nacional define la Triple Corona del Turf. En esa carrera resultó vencedor el caballo Souvenir bajo la monta de un jinete Uruguayo de tan solo 11 años.
En 1895 el programa anual de carreras quedó establecido con las principales atracciones del calendario hípico, cuando se suma la Polla de Potrillos y la Polla de Potrancas al Gran Premio Jockey Club (1883), el Gran Premio Nacional (1884) y el Gran Premio Internacional (1887), para conformar la Cuádruple Corona.
En 1908 la Tribuna Oficial fue reemplazada por el edificio actual, obra del famoso arquitecto francés Louis Faure Dujarric, quien amplió la capacidad a 2.000 personas. Sus instalaciones evocan la arquitectura francesa. La tradicional Confitería París, inaugurada en 1912, es también obra del mismo arquitecto, y forma parte del patrimonio arquitectónico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Por ella han pasado figuras de renombre como Carlos Gardel y Ernesto Sábato, entre otros.
En 1918 Botafogo, quien fuera el caballo más destacado del Turf Argentino, pierde su título de invicto ante Grey Fox, en la denominada “La Carrera del Siglo”.
En 1931 el jockey Irineo Leguisamo corre 8 carreras y gana 7, y le manda un telegrama a su amigo Carlos Gardel en Francia dedicándole el triunfo. Durante 15 años seguidos, Leguisamo encabezó las estadísticas de los jockeys, y se le considera el jinete más importante de la hípica sudamericana del siglo XX.
La popularidad de las carreras de caballos se advierte no solo por el hecho de que el turf aparecía como principal noticia, sino que también era un recurso publicitario. A comienzos de la década de 1930, la farmacéutica Bayer apeló al turf para incrementar la venta de remedios tan emblemáticos como la Cafiaspirina.
La admiración por la hípica hizo que fuera evocada una y otra vez por la música popular, y en particular por el tango, con más de cincuenta composiciones que la tomaron por tema. Canciones como “Leguisamo solo” (1925), “Bajo Belgrano” (1926), “Palermo” (1929), o “Por una Cabeza” (1935), mostraban la importancia del turf por sobre los demás deportes.
El turf no solo se encontraba presente en las preferencias musicales de los compositores, sino que también se fue impregnando en el lenguaje del habla popular. Una larga lista de expresiones surgieron de forma perdurable hasta el día de hoy como; “en la cancha se ven los pingos”, “por una cabeza”, “es una fija”, “largaron”, “dar un batacazo”, o “quedarse en Pampa y la vía”.
El turf fue el espectáculo deportivo de mayor atracción hasta por lo menos la década de 1930, cuando otros deportes, entre los que se encuentra el fútbol, lograron desplazarlo del primer lugar en las preferencias de las mayorías. El turf desempeñó un papel fundamental en la construcción de la figura del deportista profesional. Mucho antes que el fútbol y el boxeo comenzaran a erigir ídolos del mundo popular, Palermo ya estaba produciendo deportistas dotados de una posición de prestigio y un nivel de remuneraciones que hasta entonces eran impensadas para las clases subalternas.
En 1953 pasó a llamarse “Hipódromo Argentino de Palermo”, agregando el barrio a su nombre.
En 1971 se realiza la iluminación de la pista, permitiendo disfrutar las carreras nocturnas sin inconvenientes. En 1992 se agregan 750 luminarias a las ya existentes en la pista.
En el año 2001, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró de Interés Cultural al Hipódromo Argentino de Palermo.
En el año 2008 finalizaron las obras de restauración del Salón Oval del segundo piso de la Tribuna Oficial, que busca reflejar el ambiente de los palacios franceses de finales del siglo XIX. Testigo privilegiado de grandes momentos y del paso de importantes figuras que hicieron grande al turf, el imponente reloj de diseño clásico, ubicado en la más antigua de las tribunas – La Oficial – frente a la casilla de jueces y a las pistas, ha sido apreciado por todos los visitantes que caminaron y caminan por el predio a lo largo de los últimos 100 años. Procedente de Tangerhütte, Alemania, ingresó al país a través del Puerto de Buenos Aires por solicitud de la Sociedad Hipódromo Argentino, a cargo de la construcción del circo porteño. Sus autoridades querían una pieza de ingeniería y elegancia, que se transformara en un símbolo de Palermo. La firma Luis Agthe y Compañía – Relojería y Platería, propiedad del español Don Luis Agthe, fue la elegida para instalar y preservar el corazón del reloj de Palermo. Agthe no solo era patriarca de una familia de expertos en relojería, sino también un gran aficionado a los caballos de carreras.
Por turno y antes de cada carrera, los ejemplares Sangre Pura de Carrera (SPC) pasan por la Veterinaria para su revisación e identificación, y luego se ubican en los Boxes. Desde allí cruzan hacia la Redonda de Exhibición. La Redonda está construida alrededor de la salida del Túnel de Jockeys, de 10 metros de largo y se conecta con el vestuario de los jinetes. Antes de salir a la pista, los caballos transitan la Redonda en donde se encuentra el propietario, el entrenador y el jockey para definir estrategias y ultimar detalles. Es durante este recorrido que se ensilla y monta al caballo, y el aficionado puede observar su estado físico en detalle para decidir por cuál apostar. De La Redonda salen a la pista, donde realizan el “paseo preliminar” antes de ingresar a las gateras.
La pista principal de arena de Palermo es considerada una de las mejores del mundo. Con una extensión de 2.400 metros y 28 metros de ancho, es utilizada para el desarrollo de las competencias, aunque también se la habilita para entrenamientos. Su particular composición, junto con un especial sistema de drenaje natural, permiten que las reuniones se desarrollen con total normalidad en días de lluvia. Durante las 120 reuniones anuales, se disputan más de 1.400 carreras, de las que participan alrededor de 20.000 caballos.
En diciembre de 2011, con la inauguración de su nueva pista de césped, el Hipódromo Argentino de Palermo logró posicionarse definitivamente como el más moderno y completo de Sudamérica.
A partir de entonces, y con todo el resplandor obtenido debido a las restauraciones y mejoras realizadas en los últimos años, el hipódromo se posicionó como ícono turístico de nuestra ciudad. Con entrada libre y gratuita, y abierto al público todos los días durante 24hs, el predio de Libertador y Dorrego ofrece en un entorno verde, con lagunas y arboleda, espectáculos de carreras de caballos tres veces por semana, máquinas tragamonedas, diez restaurantes, teatro, ferias gastronómicas, recitales, muestras de arte y mucho más.