Buenos Aires, — El barrio de Recoleta amaneció sacudido por una noticia dura, de esas que enfrían la ciudad incluso en pleno verano. Una mujer de 41 años y su hijo de siete aparecieron muertos en el baño de una habitación de hotel ubicada sobre la calle Marcelo T. de Alvear al 1300. Ambos eran buscados intensamente por sus familiares desde el día anterior.
El hallazgo se produjo este mediodía, cuando el gerente del establecimiento decidió ingresar a la habitación luego de que no se concretara el check-out en el horario previsto y tampoco hubiera respuesta a los reiterados llamados. Al acceder, el personal encontró a la mujer y al niño sin vida, dentro de la bañera.
Según la información policial, no se registraron signos de violencia en los accesos ni desorden en la habitación. El lugar fue inmediatamente preservado y se dio intervención a la Unidad Criminalística y a la Policía de la Ciudad, que trabajaron durante varias horas realizando peritajes.
Fuentes oficiales indicaron que en el baño se encontraron un bisturí colocado en una jabonera y dos jeringas de insulina, elementos que ahora forman parte central de la investigación. El ex marido de la mujer se presentó en el hotel tras ser notificado y fue acompañado por personal policial al ingresar al lugar.
La causa quedó a cargo de la Fiscalía Criminal y Correccional N.º 59, encabezada por la fiscal Laura Belloqui, que dispuso iniciar actuaciones bajo la carátula de averiguación de causales de muerte, a la espera de los resultados de las autopsias y los informes forenses.
Horas antes del hallazgo, la familia había difundido un pedido de búsqueda a través de redes sociales. En el comunicado se indicaba que ambos faltaban de su domicilio desde la tarde del jueves 15 de enero, en el barrio Independencia de González Catán. La mujer fue identificada como Gisela de Yurka, de 41 años, y el niño como Sarú Ovejero, de siete.
Recoleta, barrio de hoteles históricos, cafés silenciosos y tránsito constante, quedó envuelta por un clima de conmoción. Mientras avanza la investigación judicial, la ciudad vuelve a enfrentarse con una de sus caras más crudas: la tragedia íntima que ocurre puertas adentro y deja preguntas abiertas, sin respuestas inmediatas.
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