El Gobierno nacional relevó más de 9.400 casos en el país y en Buenos Aires
La problemática de las personas en situación de calle volvió al centro de la escena en la Argentina, luego de que el Ministerio de Capital Humano difundiera los resultados del primer relevamiento nacional con alcance federal. El informe, que abarcó 19 provincias, contabilizó un total de 9.421 personas viviendo en la calle o en dispositivos de asistencia, en un contexto económico y social cada vez más exigente.
El dato no es menor: se trata del primer intento oficial de construir un mapa integral del fenómeno a nivel país, una deuda histórica en términos de políticas públicas. Sin embargo, cuando se pone el foco en la Ciudad de Buenos Aires, los números muestran una realidad todavía más compleja y, en muchos casos, contradictoria.
Un perfil que rompe prejuicios
Del total relevado, el 83% son varones y el 17% mujeres. El 92% son mayores de edad, lo que confirma que se trata mayoritariamente de una problemática adulta, aunque el 6% de menores evidencia un dato alarmante: hay chicos creciendo en condiciones extremas.
Pero lo más interesante —y a la vez incómodo— es el perfil social que surge del estudio. Lejos de la imagen clásica de marginalidad absoluta, el informe muestra que:
- El 90% tiene DNI
- El 53% realiza algún tipo de trabajo
- El 56% recibe asistencia estatal
- El 30% cuenta con ingresos previsionales
Es decir, no estamos hablando únicamente de exclusión total, sino de una zona gris donde trabajo informal, ingresos bajos y vínculos sociales rotos empujan lentamente a la calle.
Trayectorias largas y silenciosas
Otro dato clave es el tiempo de permanencia en esta situación: el 32% lleva más de dos años viviendo en la calle. No es una emergencia pasajera, es un proceso de exclusión prolongado.
El propio Gobierno reconoció que detrás de estos números hay historias marcadas por rupturas familiares, problemas de salud mental, consumo problemático y dificultades estructurales para reinsertarse en el sistema.
La lectura es clara: salir de la calle no es simplemente “conseguir un trabajo”, es reconstruir una vida desde cero.
Buenos Aires: otra cifra, otro conflicto
Cuando se compara este relevamiento nacional con los datos de la Ciudad de Buenos Aires, aparece una tensión evidente.
Según el último informe oficial porteño, la cantidad de personas en situación de calle pasó de 3.560 en abril de 2024 a 4.522 en mayo de 2025, lo que representa un aumento del 27%.
Pero las organizaciones sociales van mucho más allá: en su censo popular estimaron cerca de 11.980 personas viviendo en la calle en la Ciudad.
La diferencia no es técnica, es política. Y deja una pregunta flotando: ¿cuántas personas realmente están viviendo en la calle en Buenos Aires?
De la asistencia a la estrategia
Desde el Ministerio de Capital Humano se destacó que este relevamiento implica un “cambio de paradigma”: pasar de respuestas improvisadas a políticas basadas en evidencia.
En los papeles suena bien. En la práctica, el desafío es enorme.
Porque desde junio del año pasado, el Gobierno nacional delegó la atención directa de esta problemática en provincias y municipios, limitando su rol a definir lineamientos generales. Esto abre otro interrogante: ¿hay capacidad real en cada distrito para afrontar una crisis que no para de crecer?
Un síntoma de algo más profundo
Este fenómeno no puede leerse aislado. La situación de calle es, en muchos casos, la última estación de un proceso que empieza mucho antes: pérdida de empleo, endeudamiento, precarización y ruptura de redes familiares.
En paralelo, el endeudamiento de los hogares argentinos también crece de forma sostenida, con más del 80% destinando una parte significativa de sus ingresos al pago de deudas . Esa presión económica, tarde o temprano, empuja a los sectores más vulnerables al límite.
La calle no aparece de un día para el otro. Es el resultado de una cadena de decisiones, crisis y ausencias.
La pregunta incómoda
La foto ya está tomada: miles de personas viven hoy en la calle en Argentina, muchas con trabajo, documentos y algún ingreso.
Ahora falta lo más difícil: qué hacer con esa información.
Porque medir el problema es el primer paso. Resolverlo, en cambio, exige algo más incómodo: coordinación real, recursos sostenidos y una mirada de largo plazo.
Y ahí es donde históricamente, la Argentina siempre tropieza.
La pregunta queda abierta, como una baldosa floja en cualquier vereda porteña: ¿este relevamiento será el inicio de una solución o apenas otro diagnóstico que termina archivado?