Una joya de Buenos Aires recibe al maestro Maximiliano Mancuso
En una ciudad que muchas veces corre demasiado rápido y se olvida de escuchar el eco de sus propias paredes, todavía quedan rincones donde el tiempo parece detenerse. La Parroquia Santa Elena, una de las iglesias más bellas y elegantes de Buenos Aires, volverá a convertirse este viernes 15 de mayo a las 19:30 en refugio de música, espiritualidad y cultura viva con la presentación del Coral Canon bajo la dirección del maestro Maximiliano Mancuso.
El concierto promete ser mucho más que una simple actuación coral. Será una ceremonia estética en uno de esos templos porteños donde la arquitectura, la acústica y la memoria colectiva parecen haberse dado la mano hace décadas. Santa Elena no es solamente una iglesia: es un símbolo silencioso del barrio, una construcción que todavía conserva ese aire de Buenos Aires antigua, señorial y profundamente humana.
Una noche de voces en una iglesia que parece suspendida en el tiempo
Quienes conocen Santa Elena saben que entrar allí tiene algo de viaje emocional. Las columnas, la luz filtrándose por los vitrales, el perfume leve a madera y piedra antigua, el murmullo previo a cada ceremonia. Todo en ese espacio parece diseñado para que la música coral encuentre su casa natural.
Y no cualquier coro llegará al altar musical de la parroquia. Coral Canon es una de las agrupaciones corales más reconocidas del circuito argentino, con una trayectoria construida a fuerza de disciplina, sensibilidad artística y una búsqueda interpretativa profundamente emotiva.
Al frente estará el maestro Maximiliano Mancuso, un nombre respetado dentro del universo coral argentino y latinoamericano. Nacido en La Plata en 1972, criado en una familia atravesada por la música y formado bajo la guía de su padre, el histórico director Mario Mancuso, desarrolló una carrera marcada por la constancia, la formación académica y el amor absoluto por la dirección coral.
Un director formado en la vieja escuela de la música
Hay algo profundamente valioso en los músicos formados antes del algoritmo, antes de las redes sociales y antes de la ansiedad digital. Maximiliano Mancuso pertenece a esa generación de directores que se hicieron entre partituras gastadas, ensayos eternos y escenarios construidos con sacrificio real.
Se formó como Profesor Artístico de Flauta Traversa y Director de Coros en el Conservatorio Manuel de Falla, teniendo maestros de enorme peso cultural como Vander Meulen, Armesto, Sebastián Piana y Virgilio Expósito. Y con apenas 15 años ya dirigía agrupaciones corales continuando la labor de su padre frente al Coro Municipal de Brandsen.
Desde entonces, su recorrido fue inmenso.
Dirigió agrupaciones emblemáticas como Coral Canon, el Coro de la Universidad de Belgrano, Coral Vivace, el Coro de la Ribera y múltiples coros infantiles y municipales. Su trabajo lo llevó por escenarios de Argentina, Chile, Uruguay, Perú, México, Austria, España, Brasil y Ecuador, entre otros países.
En 2012, el Coro Municipal de Brandsen obtuvo el primer puesto en el prestigioso festival internacional “Europe and its Songs”, representando a la Argentina en Europa. También participó en grabaciones cinematográficas para películas argentinas y fue convocado como jurado en el tradicional certamen galés Eistedfod de Trelew, uno de los eventos corales más importantes del país.
Coral Canon: la persistencia del arte colectivo
En tiempos donde el individualismo parece haber colonizado todo, un coro sigue siendo un acto de resistencia cultural. Nadie sobresale por encima del otro. Cada voz necesita de la otra. La armonía depende del equilibrio. Y quizás por eso el canto coral sigue emocionando tanto: porque recuerda que todavía existen formas de belleza construidas entre muchos.
Coral Canon, fundado en 1994, representa exactamente esa idea. Décadas de trabajo, viajes, ensayos y repertorios que sobreviven al paso del tiempo gracias al compromiso de personas que todavía creen en el arte compartido.
No es casual que hayan participado en festivales internacionales ni que hayan sido elegidos para grabaciones cinematográficas. Hay una profundidad interpretativa en este tipo de agrupaciones que rara vez puede fabricarse artificialmente. Se construye lentamente. Como se construían antes las cosas importantes.
Santa Elena y el valor cultural de las parroquias porteñas
Buenos Aires tuvo históricamente una relación íntima entre cultura y parroquias. Mucho antes de que existieran los grandes centros culturales modernos, muchas iglesias funcionaban como espacios de encuentro artístico, social y comunitario.
Santa Elena conserva esa tradición con una elegancia extraordinaria. Su presencia dentro del barrio no solamente tiene valor religioso: tiene valor patrimonial, emocional y urbano.
En una ciudad donde tantos edificios históricos fueron demolidos o degradados por negocios inmobiliarios y decisiones cortoplacistas, lugares como Santa Elena sobreviven como pequeños milagros arquitectónicos. Son parte de esa Buenos Aires que todavía resiste detrás del ruido, del cemento y de las pantallas.
Y cuando un coro canta allí, algo extraño ocurre: las paredes parecen recordar.
Una invitación a detenerse
El concierto del viernes no será solamente para amantes de la música clásica o coral. Será también para vecinos, curiosos, nostálgicos y porteños que todavía necesitan encontrar un poco de belleza en medio del caos cotidiano.
Porque a veces la cultura no necesita gigantismo, pantallas LED ni marketing frenético. A veces alcanza con un coro, una iglesia hermosa y unas cuantas voces humanas respirando al mismo tiempo bajo un techo antiguo.
Y en esta Buenos Aires tan acelerada, tan nerviosa y tan agotada de sí misma, eso ya es muchísimo.