Sarmiento
El monumento a Domingo Faustino Sarmiento realizado por Auguste Rodin fue inaugurado oficialmente el 25 de mayo de 1900 en el Parque 3 de Febrero, sobre la actual intersección de Avenida del Libertador y Avenida Sarmiento, en pleno Palermo. La ceremonia contó con la presencia del presidente Julio Argentino Roca, funcionarios nacionales, diplomáticos extranjeros, militares y buena parte de la elite intelectual porteña. La tensión era tan grande alrededor de la obra que la Policía desplegó agentes adicionales por temor a incidentes durante el acto.

La figura principal de Sarmiento fue realizada en bronce mediante el sistema de fundición a la cera perdida y alcanza aproximadamente los dos metros de altura, aunque el conjunto completo supera ampliamente esa dimensión debido al enorme pedestal de mármol. La pieza fue trabajada en Francia y vinculada técnicamente a la histórica fundición Thiébaut Frères de París, uno de los talleres más prestigiosos de Europa a fines del siglo XIX, especializado en monumentos públicos monumentales y esculturas de alta complejidad técnica.

El pedestal escultórico no fue pensado como un simple soporte arquitectónico. Rodin diseñó un programa alegórico completo donde aparece Apolo avanzando sobre la serpiente Pitón, una escena clásica que simboliza la derrota de la ignorancia por medio de la luz y la razón. En la parte posterior del conjunto se incorporó además el escudo nacional argentino trabajado en relieve, buscando unir la figura de Sarmiento con la construcción simbólica del Estado moderno argentino.

Uno de los datos menos conocidos es que en el trabajo colaboró Antoine Bourdelle, quien años más tarde se convertiría en uno de los escultores más importantes de Francia y uno de los grandes nombres del arte moderno europeo. Bourdelle trabajaba entonces dentro del círculo de asistentes y discípulos de Rodin, participando en distintos procesos monumentales del taller parisino. Esa conexión convierte al monumento porteño en una obra ligada directamente al núcleo central de la vanguardia escultórica francesa de fines del siglo XIX.

La inauguración fue un escándalo cultural inmediato. El diario La Nación publicó críticas demoledoras y parte del público consideró que la obra era “repulsiva” y que el rostro de Sarmiento no respetaba los cánones clásicos de representación patriótica. Algunos cronistas de la época llegaron a decir que la cabeza parecía “la de un gorila”, mientras sectores conservadores sostenían que Rodin había deformado deliberadamente al prócer argentino. Lo que Buenos Aires rechazaba en realidad era el lenguaje moderno de Rodin: superficies rugosas, tensión psicológica y un modelado expresionista que rompía con toda la escultura académica tradicional.

La ubicación elegida para el monumento tenía además una carga política enorme. La obra fue emplazada sobre terrenos cercanos al antiguo Palacio de Juan Manuel de Rosas, demolido décadas antes luego de Caseros. Para la Generación del 80, colocar allí a Sarmiento era una declaración ideológica explícita: instalar al símbolo de la educación liberal argentina exactamente donde había gobernado el hombre que esa elite asociaba con la “barbarie federal”. Décadas después, la historia porteña haría una ironía perfecta: frente al monumento de Sarmiento terminaría instalándose también una estatua dedicada a Rosas.

Rodin estaba realizando esta obra casi en simultáneo con el célebre Monumento a Balzac, una de las esculturas más revolucionarias y polémicas de toda la historia del arte moderno. Por eso el Sarmiento de Palermo comparte rasgos fundamentales con esa etapa experimental del escultor francés: figuras alejadas del academicismo, cuerpos tratados como masas expresivas y una búsqueda emocional que privilegiaba la energía interna del personaje antes que el parecido fotográfico. Para muchos historiadores del arte, el monumento porteño funciona como una pieza clave para entender la transición entre la escultura clásica del siglo XIX y el expresionismo moderno del siglo XX.
