Una donación del Banco Ciudad
El Hospital María Ferrer, uno de los centros de referencia más importantes en enfermedades respiratorias de la Ciudad de Buenos Aires, incorporó un nuevo ecógrafo doppler color de última generación gracias a una donación realizada por la Fundación Banco Ciudad. La entrega fue realizada esta semana en la sede del hospital, ubicada sobre la calle Dr. Enrique Finochietto al 800, en Parque Patricios.
La incorporación tecnológica fue presentada durante un encuentro del que participaron el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós; el presidente del Banco Ciudad, Guillermo Laje; la titular de la Fundación Banco Ciudad, Carmen Polledo; autoridades hospitalarias y personal médico de terapia intensiva. El nuevo equipo permitirá mejorar la capacidad de diagnóstico y acelerar tratamientos en pacientes con patologías respiratorias complejas.
El Hospital Ferrer carga sobre sus espaldas más de seis décadas de historia médica vinculada a enfermedades pulmonares, neumonía, tuberculosis, patologías respiratorias crónicas y cuadros críticos que requieren internación especializada. En tiempos donde los hospitales públicos atraviesan tensiones presupuestarias, cada incorporación tecnológica termina funcionando como un pequeño salvavidas sanitario dentro de una estructura que atiende miles de consultas por año.
Según explicaron desde el Ministerio de Salud porteño, el ecógrafo permitirá realizar estudios con mayor precisión en áreas sensibles como terapia intensiva. Este tipo de equipos facilita controles vasculares, estudios cardíacos y diagnósticos rápidos en pacientes que muchas veces no pueden ser trasladados fácilmente dentro del hospital.
Fernán Quirós sostuvo que “acortar los tiempos entre el diagnóstico y el tratamiento puede marcar una diferencia decisiva para el paciente”. La frase no parece exagerada. En medicina respiratoria, donde una descompensación puede escalar en minutos, el tiempo vale casi tanto como el tratamiento mismo.
Desde el Banco Ciudad remarcaron que la iniciativa forma parte de un programa más amplio de colaboración con hospitales públicos porteños. Durante el último año también se realizaron entregas de equipamiento médico al Hospital Vélez Sarsfield, al Durand, al Pirovano y al SAME, que recibió electrocardiógrafos portátiles para ambulancias.
La escena deja una postal que Buenos Aires conoce bien: hospitales públicos sostenidos por médicos, enfermeros y trabajadores que muchas veces hacen equilibrio entre la vocación y la falta de recursos. En ese contexto, las donaciones privadas empiezan a ocupar un lugar cada vez más visible dentro del sistema sanitario.
El Hospital Ferrer, además, mantiene un fuerte vínculo con vecinos de distintos barrios de la ciudad que históricamente recurrieron allí para tratamientos respiratorios de alta complejidad. No son pocos los pacientes de Palermo, Barracas, Constitución, Boedo y Parque Patricios que conocen esos pasillos donde conviven urgencias, rehabilitación y largas historias clínicas.
La tecnología médica avanza a velocidad de Fórmula 1, pero los hospitales públicos suelen correr la carrera con el motor gastado. Por eso, cuando llega equipamiento nuevo, no se trata solamente de una máquina: detrás aparece la posibilidad de diagnósticos más rápidos, internaciones menos riesgosas y médicos trabajando con herramientas más modernas.
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