En la isla de Pascua, el umu reúne alimentos cocidos con piedras calientes en un horno de tierra. Esta tradición polinesia cuenta una historia tan interesante como la de sus monumentos. Para acercarnos a ella desde Palermo, proponemos una adaptación al horno con pescado, batatas y verduras para compartir entre amigos.
Hay lugares que parecen existir solamente en las fotografías. Rapa Nui es uno de ellos: una isla volcánica en medio del Pacífico, figuras de piedra frente al paisaje y una distancia que obliga a mirar el mapa dos veces. Pero detrás de esa imagen hay un pueblo vivo, una lengua propia, una historia atravesada por encuentros y violencias, y una cocina que merece un lugar en la mesa.
Para este viaje de Palermo Tour elegimos el umu, una de sus preparaciones tradicionales más representativas. Más que una receta con cantidades inamovibles, es una técnica de cocción y una manera de compartir los alimentos. El fuego calienta las piedras; las piedras transmiten el calor; la tierra y las hojas ayudan a conservarlo. El tiempo hace el resto.
Una isla con historia propia
Rapa Nui forma parte de la Polinesia y se encuentra a unos 3.500 kilómetros del territorio continental chileno. Su poblamiento fue obra de navegantes polinesios que cruzaron enormes extensiones del océano con conocimientos de las estrellas, los vientos y las corrientes. La cronología exacta continúa siendo estudiada, aunque numerosas investigaciones sitúan ese asentamiento alrededor del siglo XIII.
La tradición oral recuerda a Hotu Matu‘a como un antepasado fundador que llegó a la isla con su gente. Ese relato forma parte de la memoria cultural rapanui: cuenta un origen y expresa el vínculo entre la comunidad, sus linajes y el territorio.
Con el paso de las generaciones se levantaron los ahu, plataformas ceremoniales vinculadas con los antepasados, y los moáis, las grandes esculturas por las que la isla se hizo conocida en todo el mundo. Muchos fueron tallados en la roca volcánica de Rano Raraku.
Esas figuras representaban a ancestros importantes y se relacionaban con la autoridad y la protección de las comunidades. En numerosos conjuntos costeros miran hacia el interior, hacia los espacios donde vivía la población. También tienen cuerpos: la imagen de las “cabezas de la isla de Pascua” se debe, en parte, a esculturas cuyo torso quedó enterrado.
El nombre isla de Pascua proviene de la llegada del navegante neerlandés Jacob Roggeveen el domingo de Pascua de 1722. Fue un encuentro europeo con un territorio que ya tenía habitantes, organización y memoria.
Durante el siglo XIX, las incursiones esclavistas y las enfermedades introducidas provocaron una catástrofe demográfica y cultural. En 1888 se produjo la anexión a Chile, un proceso cuya interpretación y consecuencias siguen formando parte de los reclamos del pueblo rapanui.
Tampoco corresponde reducir su historia a la vieja explicación de una población que simplemente destruyó su ambiente y desapareció. Las transformaciones ecológicas fueron complejas, y la investigación ha discutido las versiones más simplificadas del supuesto “colapso”. El pueblo rapanui sobrevivió y mantiene una cultura viva.
Qué se come en Rapa Nui
El mar ocupa un lugar central en la alimentación isleña. Los pescados y otros productos marinos conviven con cultivos introducidos y desarrollados por los pobladores polinesios, entre ellos batatas, taro, ñame y bananas.
La cocina actual también incorpora ingredientes y costumbres de otros momentos históricos. Por eso conviene distinguir entre las tradiciones ancestrales, la comida cotidiana contemporánea y los platos ofrecidos al visitante: las tres cosas forman parte de la isla, pero tienen recorridos diferentes.
Entre las preparaciones dulces aparece el po’e, con variantes de banana y zapallo. Para una comida compartida, sin embargo, el umu permite comprender mejor la relación entre cocina, territorio y comunidad.
El umu: cocinar bajo tierra
El procedimiento tradicional comienza con un pozo donde se enciende el fuego y se calientan piedras adecuadas para la cocción. Después se acomodan los alimentos, con hojas que ayudan a separarlos y envolverlos, y se cubre el conjunto para conservar el calor.
Según la ocasión y los ingredientes disponibles, pueden cocinarse pescados, carnes y tubérculos. La disposición de las capas y el manejo del calor requieren experiencia: un horno de tierra también tiene sus secretos.
El resultado es una cocción lenta, con humedad retenida y alimentos que se comparten al abrir el horno. El umu participa de reuniones familiares y comunitarias y puede tener una dimensión ceremonial.
En Palermo podemos acercarnos a esa combinación de sabores mediante una fuente bien cubierta en el horno doméstico. La técnica será distinta, y conviene decirlo con claridad: esta receta es una adaptación inspirada en el umu rapanui.
Pescado con batatas y verduras, inspirado en el umu
La propuesta rinde cuatro porciones abundantes. Conviene elegir pescado de carne firme y piezas de grosor parejo, para que lleguen juntas al punto de cocción.
Ingredientes
- 800 gramos a 1 kilo de pescado sin espinas, dividido en cuatro porciones.
- 700 gramos de batatas.
- 500 gramos de zapallo.
- 2 choclos.
- 1 cebolla grande.
- 2 cucharadas de aceite.
- 100 mililitros de agua.
- Sal y pimienta, a gusto.
- Limón para servir, opcional.
El limón y la pimienta funcionan aquí como condimentos de la versión doméstica. No pretenden reproducir una fórmula ancestral.
Preparación
1. Preparar la base. Calentar el horno a 190 °C. Lavar y pelar las batatas y cortar en rodajas de aproximadamente un centímetro y medio. Cortar el zapallo en trozos de tamaño parecido, los choclos en ruedas gruesas y la cebolla en gajos.
2. Cocinar primero las verduras. Colocar las verduras en una fuente profunda, agregar el aceite, una pequeña cantidad de sal y el agua. Mezclar y cubrir muy bien con una tapa apta para horno o con papel de aluminio. Hornear entre 35 y 45 minutos, hasta que las batatas estén casi tiernas. El tiempo depende del tamaño de los cortes y del horno.
3. Incorporar el pescado. Retirar la fuente con cuidado y destaparla evitando el golpe de vapor. Acomodar las porciones sobre las verduras y condimentar suavemente. Si el fondo está seco, agregar unas cucharadas de agua caliente.
4. Terminar la cocción. Volver a cubrir y hornear aproximadamente entre 12 y 20 minutos, según el grosor del pescado. Debe quedar cocido en el centro y separarse fácilmente en lascas, conservando su humedad. Las verduras tienen que poder atravesarse con un tenedor.
5. Llevar a la mesa. Servir enseguida, repartiendo pescado, batatas, zapallo y choclo junto con un poco del jugo de cocción. Quien quiera puede agregar unas gotas de limón en su plato.
Los detalles que hacen la diferencia
La clave es respetar los tiempos de cada ingrediente. Las batatas necesitan más cocción que el pescado; por eso entran primero. Poner todo junto desde el comienzo puede dejar una verdura dura al lado de un pescado reseco.
La fuente debe permanecer bien cubierta durante casi toda la preparación. Buscamos conservar el vapor y los jugos. Si se desea dorar un poco las verduras, se puede hacer antes de incorporar el pescado, destapando la fuente unos minutos.
Tampoco hace falta perseguir ingredientes imposibles. La adaptación tiene sentido cuando permite cocinar con lo que ofrece una buena pescadería y una verdulería del barrio. El taro y el ñame pertenecen a la historia alimentaria polinesia; la batata nos ofrece un puente accesible para esta mesa porteña.
Una sobremesa que también viaje
Al servir, vale contar de dónde viene la inspiración: de una isla poblada por navegantes, de una cocina que aprovecha el calor de las piedras y de una comunidad que conserva su identidad a pesar de una historia durísima.
Para quien algún día visite Rapa Nui, conocer su gastronomía puede ser una puerta de entrada tan valiosa como recorrer sus sitios arqueológicos. Escuchar a sus habitantes, respetar los espacios ceremoniales y comprender qué significan los monumentos cambia la experiencia.
Mientras tanto, en Palermo alcanza con una fuente humeante y algunos amigos alrededor. Los gigantes de piedra quedarán lejos; la costumbre de cocinar para otros, bastante más cerca.