Poco bares cumplen con la ley. Ruidosos molestos, Palermo no duerme.

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Los vecinos se quejan porque no pueden descansar; algunos toman fármacos

En la calle Honduras entre Juan B Justo y Dorrego está lleno de bares y restaurantes directamente con parlantes en la vereda, las molestias no son solamente nocturnas sino también diurnas. También pasa en Gorriti y en casi todos los bares del llamado Palermo Hollywood (Il ballo del mattone es uno de los peores). Otros restaurantes organizan «eventos» como casamientos, cumpleaños, despedidas de año, etc al aire libre (por ejemplo, Olsen) y son la cruz de los vecinos. Como nadie responde a los reclamos, (ni circunstanciales ni por via oficial contravencional) los episodios de violencia están escalando.

El pasaje Santa Rosa, en Palermo, parece ser el lugar ideal para vivir. Angosto, tiene algunas de sus paredes intervenidas artísticamente y sus viviendas son pintorescas y están llenas de vegetación.

Pero desde hace unos años, según sus mismos habitantes, la vida allí es casi imposible por los ruidos que generan algunos bares y boliches que están sobre Jorge Luis Borges, frente a la plaza Serrano. Brujas y Espacio Dadá son los que con mayor frecuencia resuenan en las conversaciones entre los vecinos. También hay quejas contra Madagascar y Crónico, aunque en menor medida.

«Mi marido toma Rivotril desde hace más de un año; está constantemente nervioso», dice Gladys Aveledo con preocupación.

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Hubo 18 denuncias por día en la ciudad
La pared de su habitación colinda con Espacio Dadá, que durante el día es un salón de venta de ropa de diseño y a la noche se transforma en bar-restaurante en donde a veces hay espectáculos, desde stand up hasta recitales. «A las cuatro o cinco de la mañana nos despiertan con el ruido de las sillas que están contra la pared que da a la habitación. Y los fines de semana, como a las 10 de la mañana, abren la feria de ropa; entonces, el ruido es constante», se queja.

Ricardo Palma, su esposo, muestra las marcas que hay en la pared de la habitación. «Estas grietas antes no estaban, pero desde que en Dadá pusieron un sistema de poleas para subir y bajar las sillas, el golpeteo, que es constante, produjo esto», asegura. Palma dice haber presentado denuncias ante el gobierno de la ciudad, pero sin resultados.

«Ellos -por los dueños de Dadá- deben de tener algún contacto, porque cada vez que viene alguien a controlar el ruido, bajan el volumen un rato antes», agrega.

La familia Palma consideró la posibilidad de vender la casa y mudarse, pero no consiguen comprador por este motivo. «En diciembre vienen a tasarla, a ver si al menos podemos alquilarla», dice Gladys.

«Tuve que insonorizar mi habitación para poder dormir», cuenta Enrique Salama, quien también vive en el Pasaje. Salama refaccionó su cuarto hace un año, cansado de buscar una solución. Explica que los ruidos provenían básicamente de Dadá, pero también de otros bares que están sobre la calle Honduras. «Hicimos infinidad de denuncias, tuvimos pleitos, policía, inspectores, pero no resolvimos nada, así que opté por hacer algo en mi casa», afirma.

Alfredo Ossorio, otro de los vecinos afectados, dice que tiene un poco más de suerte porque su habitación está al otro lado y no da a la pared del bar-restaurante. «Yo solamente tengo que cerrar las ventanas y la puerta del estudio que está de ese lado, y así puedo dormir», dice. Al igual que Palma y Salama, Ossorio denuncia además que este comercio invadió el pulmón de manzana con una construcción ilegal.

«No descansás, estás con los nervios alterados todo el tiempo. Yo no me daba cuenta, pero retaba a mis hijos todo el día», cuenta Grisel Reyes, vecina y encargada de uno de los edificios del Pasaje Santa Rosa, lindero con Brujas.

«Dormimos cortado; de la escuela de mis hijos me llamaron varias veces porque se quedan dormidos sobre el banco», cuenta, y agrega que muchos habitantes de su edificio ya se mudaron por este tema. Ella, al igual que el resto de los entrevistados, cree que hay algún arreglo entre los dueños de los locales y las autoridades, porque cuando llegan para constatar las denuncias, el nivel de ruido disminuye.

Natalia Alfonsín dice que está cansada todo el día. Antes, cuando estudiaba y venía la época de los exámenes, se iba a la casa de su madre para poder descansar. Hoy tiene un bebe, y cuando él se despierta en medio de la noche con los ruidos del exterior, ella siente cómo vibran las paredes.

«No insonorizan, ése es el problema. Justo al frente tengo una sala de ensayos y no se escucha nunca nada. Ojalá escuchara, porque es la sala de (Ricardo) Mollo; en cambio, tengo que escuchar el ruido de Brujas todo el tiempo», dice.

Jackie, que no quiere dar su apellido, vivía hasta hace dos años en un departamento cuya pared estaba pegada a la de Brujas. «Se me movía la lámpara y los vidrios se me rompieron un par de veces. Fui con la factura de la vidriería a Brujas y me pagaron, o sea que de algún modo están reconociendo el problema», comenta. Para dormir, al igual que Grisel y otros vecinos, usaba tapones en los oídos. Apenas pudo, alquiló su departamento y se mudó.

Falta de sueño

No es tan simple. Mi mamá Thames y Honduras, terminó casi, «regalando» su casa para irse, HARTA de los ruidos y los malos tratos de los «trabajadores» que hasta la acusaron de «entorpecer» su fuente laboral por denunciarlos, una y otra vez !!!! Era su casa de toda la vida, o su salud.

Natalia D, que tampoco quiere dar su apellido, comentó: «Hay casos de mujeres embarazadas medicadas para poder dormir soportando el ruido y la vibración, violencia familiar y mal humor entre las parejas e hijos por la falta de sueño». Para ella, los trastornos provocados por la falta de sueño son graves: «No sos productivo en tu trabajo, tenés un malhumor constante, te peleás con tu pareja, les pegás a tus hijos y les gritás. Y todo por un señor que no se digna a asumir su responsabilidad y acustizar la discoteca», dice en referencia a Brujas.

Natalia cuenta, además, que la mayoría de los vecinos tiene pesadillas recurrentes: «En el sueño, salimos del edificio en medio de la madrugada con un arma, entramos a Brujas y empezamos a matar gente. Otra pesadilla es tirar una bomba en la discoteca».

Natalia D comenta que varios vecinos estuvieron en reuniones con el entonces jefe de Gabinete de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, en las que plantearon el tema. «Nunca se hizo nada y no recibimos ayuda del gobierno», afirma.

Consultados sobre estos casos puntuales, fuentes de ese organismo dijeron que Brujas tiene una causa abierta en la que está imputado su dueño, Julio Bogado. «El 3 de diciembre va a ir a la tercera mediación», explicaron. En mediaciones anteriores Bogado acordó con los vecinos que implementaría medidas de protección acústica en su local. Según la misma fuente, si esto no se cumple, iría a juicio.

Sobre Espacio Dadá, en cambio, aseguró que pesa una sola denuncia asentada este año. «Está en curso y se están adoptando las medidas de prueba tendientes a comprobar que hay ruidos», detalló.

Bogado asegura que irá a la mediación con los deberes hechos. «Hicimos todo lo que nos dijeron que teníamos que hacer; sacamos un parlante que está de más, se insonorizó el motor de extracción de aire, falta poner una puerta intermedia en un lugar que me indicaron», y agregó: «Incluso, le dije a la señora que me hizo la denuncia que esta noche (por ayer) me voy a quedar toda la noche en la escalera que da a su casa para corroborar si hay ruido o no». Bogado dijo que, en los 28 años que está Brujas, nunca lo multaron por ruidos molestos.

«Esto es un bar, hay música», dijo Cristian Ramillon, quien se identificó como encargado y uno de los dueños de Espacio Dadá. Los recitales y espectáculos que se hacen en su local, aseguró, se realizan en una sala insonorizada. «Nos han hecho mediciones desde el gobierno de la ciudad, pero siempre nos dieron bien», agrega.