Magazine de Palermo. Comuna 14.
Hay lugares que se venden solos, y otros que necesitan un empujoncito. El Paseo de la Infanta es una mezcla de ambos. Tiene onda, tiene luces tenues, tiene brunch y tiene ese no sé qué que lo hace quedar bien en Instagram. Pero, si uno rasca un poquito, también tiene historia ferroviaria, calesita con infancia de barrio y una colección de bares que parecen salidos de un casting de Netflix. En pocas cuadras, se resume un microclima donde el palermitano, el turista y el perro con correa de cuero conviven sin demasiado escándalo.
De los trenes a los tragos: un pasado con rieles
Los arcos que hoy alojan barcitos de nombres raros fueron, en otro siglo, galpones del Ferrocarril General Mitre. Cargaban mercadería, alojaban herramientas, hasta que el progreso los dejó fuera de juego. Recién en 2015 la zona fue restaurada y convertida en «corredor gastronómico» bajo la calle Infanta Isabel. El reciclaje fue parte del plan para poner en valor espacios olvidados del Palermo clásico. Hoy, ese reciclado tiene gusto a hamburguesa de autor y cerveza con pepino.
El menú del día y la noche
Son exactamente 13 locales los que componen el Paseo. Cafeterías, bodegones cancheros, parrillas estilizadas, barcitos con luces colgantes, fórmulas de autor. Cada uno busca seducir a su manera. Entre ellos:
- Café Registrado: ideal para desayunar mirando runners y ciclistas pasar.
- Croque Madame: con su impronta afrancesada, perfecto para el brunch de domingo.
- Beer Republic: birras artesanales, bancas altas, estilo industrial.
- Uptown: entrada de subte, ambiente de speakeasy, precios con vuelo.
- Honduras Bar: para los que no temen al volumen alto y la carta bilingüe.
Pero también hay novedades constantes. Algún food truck que aparece, una feria de vinilos, o una marca de moda que se infiltra con perchero y dj set. En Palermo, todo evento parece tener una excusa para sonar más cool.
Domingo con calesita y sombra de plátanos
Y en medio de tanta pose, está la calesita. Funcionando desde hace más de 30 años, se mantiene firme entre la modernidad. Con caballos pintados, carretas y la música de organito, sigue girando para chicos y grandes, de miércoles a domingo, de 12 a 19 hs. Entrada: $800. Los domingos a la tarde se llena. Si querés subirte al caballo blanco, preparate para esperar.
Cerca, hay espacio verde: bancos bajo plátanos, caminos de tierra apisonada, aroma a eucalipto. Un descanso entre brunch y birra.
Cómo vestirse según el sol
A la mañana: el look sugerido es casual prolijo. Remera blanca, jeans o pantalón palazzo, tote bag con librito de autor indie y anteojos de sol (aunque esté nublado).
A la tarde: zapatillas buenas para caminar, short, remera canchera, botella de agua reusable. Palermo es escenario: todo lo que uses será observado y probablemente juzgado.
A la noche: camisa negra, vestido amplio, zapatillas blancas impolutas. Los que no postean stories, no existen. El “after office” aquí tiene protocolo estético: minimalismo y brillo discreto.
Para ir, para venir, para quedarte
¿Cómo llegar?
- Subte D hasta Plaza Italia. Luego, 8 cuadras caminando por Av. Sarmiento.
- Tren Mitre hasta estación 3 de Febrero. Bajá y estás.
- Colectivos: 15, 29, 34, 55, 59, 60, 64, 67, 68, 93, 108, 118, 130, 194.
- Auto: si tenés fe, podés probar. Pero estacionar es una odisea.
¿Qué llevar?
- Efectivo y tarjeta. Hay locales cashless, pero la propina sigue siendo en billete.
- Repelente en verano. En serio.
- Celular con carga. Acá todo se sube a redes.
- Ganas de improvisar. No hay un plan perfecto: hay paseo.
Datos duros que sorprenden
- El Paseo fue inaugurado como espacio cultural en 2015.
- Recibe entre 20.000 y 25.000 personas por mes.
- Se estima que se consumen más de 3.000 brunchs por fin de semana.
- El 70% de los visitantes son turistas nacionales, especialmente del interior.
- Las opiniones online oscilan entre «el paraíso del buen gusto» y «todo caro para tan poco».
Postales de postal
El mejor momento para fotos: justo antes del atardecer. Las luces se encienden, las bicicletas se multiplican, los mozos corren con bandejas de cervezas artesanales, y en el aire flota ese ruido dulce de conversaciones cruzadas. Los trenes pasan arriba, vibrando el techo de los bares como recordatorio de que el tiempo sigue, aunque el cafecito diga lo contrario.
Y si te alejás un poco, podés conectar con el Rosedal, el Planetario o el Museo Sívori. Todo queda a menos de 10 cuadras. Palermo no está hecho para ser visitado en línea recta. Se camina en zigzag, se escucha, se huele, se saborea.
Conclusión: ¡No todo lo que brilla es brunch!
El Paseo de la Infanta no es la joya más antigua de Buenos Aires, ni la más profunda. Pero tiene eso que seduce: ambiente, propuestas diversas y la posibilidad de encontrarte, sin buscarlo, en una postal dominguera con calesita, birra, bandoneón de fondo y alguien que te dice: «¡che, pasala bien!». Y si eso no es turismo, ¿qué lo es?
¿Ya caminaste el Paseo de la Infanta? ¿Qué rincón de Palermo te hace quedarte un ratito más?